CONSTITUCIÓN-BOLIVIA: "Radicalismo quedó por el camino"
Franz Chávez entrevista al sociólogo FRANCO GAMBOA
LA PAZ, feb (IPS) - El abandono de posturas
radicales, inspiradas en un renacimiento del
poder cultural indígena, y la adopción de la
"antropología multicultural" son una de las
características de la nueva Constitución
boliviana, orientada a ampliar el control estatal
a nuevos sectores de la economía, en opinión del
sociólogo político Franco Gamboa.
Gamboa, miembro del Yale Word Fellows
Program, un programa de entrenamiento en
liderazgo internacional de la Universidad de
Yale, investigó el proceso de la Asamblea
Constituyente boliviana entre agosto de 2006 y
diciembre de 2007 y asevera que el texto
refrendado por las urnas el mes pasado no guarda
relación con el proyecto gestado hace dos años y medio.
Para su análisis, Gamboa revisó los textos,
propuestas y borradores en distintas fases del agitado proceso constituyente.
Desde el 6 de agosto de 2006, 255
constituyentes elegidos por voto popular --139 de
ellos del gobernante Movimiento al Socialismo
(MAS)-- sesionaron en el Teatro Gran Mariscal Sucre de la ciudad homónima.
Pero la violencia desatada por ciudadanos que
demandaban el traslado de la sede de los poderes
Ejecutivo y Legislativo de La Paz a Sucre,
capital de la República, llevó a cambiar el escenario de los debates.
Un edificio contiguo a un instituto de
formación militar, el Liceo Edmundo Andrade, a
siete kilómetros de Sucre, fue el lugar donde la
Asamblea votó el índice del primer borrador, el
23 y el 24 de noviembre, mientras afuera los
enfrentamientos entre una multitud resuelta a
interrumpir el debate y fuerzas públicas dejó
tres personas muertas y cientos más heridas.
Ante la inseguridad de Sucre, la Asamblea
Constituyente fue convocada de urgencia a su
sesión final en Oruro, 250 kilómetros al sur de
La Paz, donde finalmente se aprobó la nueva
Constitución, el domingo 19 de diciembre de 2007.
Para influir en el proceso, el gobierno puso
en funciones la Representación Presidencial para
la Asamblea Constituyente (Repac), encargada de
recolectar sugerencias para incorporarlas a la
nueva carta magna y luego difundir los resultados
de la "refundación de la República", como la
llama el presidente izquierdista Evo Morales.
El texto, que recibió el 25 de enero de este
año el respaldo de 61 por ciento de los votos,
frente a 39 por ciento de rechazos, permite la
reelección de Morales, quien volverá a postularse
en los comicios generales del 6 de diciembre.
IPS: La Constitución aprobada, ¿guarda
relación con el proyecto elaborado en 2006, que
tenía rasgos marxistas y anticipaba un Estado radical de izquierda?
FRANCO GAMBOA: No hay relación si se comparan
tres aspectos: primero, los 21 informes de las
comisiones de trabajo reunieron más de 500
artículos, muchos de los cuales se repetían, y no
hubo una metodología para filtrar, cotejar o
darle un contenido jurídico-constitucional
formal. Nunca funcionaron las comisiones mixtas o
de concertación que preveía el reglamento de debates de la Constituyente.
El segundo aspecto es la comparación de las
versiones de Constitución que tenía el MAS entre
septiembre y diciembre de 2007, que también difieren.
La violencia de Sucre a partir del 15 de
agosto de 2007 no solamente cerró las plenarias
en la capital, sino que se convirtió en estímulo
para que el MAS, de una vez por todas, sancionara
por lo menos un borrador que no existía.
En su índice, el texto aprobado en el liceo
Edmundo Andrade no tiene relación con la versión
final de Constitución que comenzó a circular por órdenes de la Repac.
El tercer elemento muestra que los
asambleístas tenían una versión impresa después
de la aprobación en el liceo militar, otra
versión antes de ingresar a Oruro y, finalmente,
ni siquiera el conjunto de los constituyentes del
MAS tenían la versión completa que se escribió
entre una comisión de no más de 30 (personas), en
el edificio de la Lotería Nacional y en el hotel
Oberland de La Paz, a finales de 2007.
IPS: ¿En qué cambió el proyecto inicial?
FG: El radicalismo fue desapareciendo, así
como se trató de no "indigenizar" demasiado el
texto. Se mantuvo la orientación de los derechos
sociales y colectivos y se dejó de lado la
"estructura del nuevo Estado" planteada por los
sectores más "indianistas", simplemente porque no
había la oportunidad de darle "coherencia al
texto constitucional". Se mantuvo también el
carácter interventor del Estado en la economía.
IPS: Si la oposición no tuvo la suficiente
fortaleza en la Asamblea, ¿por qué retrocedió el
gobierno en temas de reivindicación indígena,
como la adopción de antiguas organizaciones
sociales y políticas como los "ayllus" (forma
tradicional de organización comunitaria)?
FG: Porque el círculo palaciego del MAS y de
Morales dudaba en aplicar con decisión las
sugerencias constitucionales del Consejo Nacional
de Ayllus y Markas del Qullasuyo, la
Confederación Sindical Única de Trabajadores
Campesinos de Bolivia, la Confederación Indígena
del Oriente Boliviano, la Central de Pueblos
Étnicos de Moxos-Beni y otros grupos que,
asesorados por organizaciones no gubernamentales
y exotismos extranjeros de la cooperación
internacional, terminaron por confundir los
cálculos políticos de reelección y la
defenestración de los prefectos (gobernadores
opositores) de la Media Luna, sin guardar equilibrios con la clase media.
La debilidad de la oposición se complementa
con el pragmatismo y la movilización calculada de
masas que tenía el MAS para presionar por la
aprobación de su texto, pero manejando un doble
estándar discursivo. El plan era lograr la
aprobación y acomodar progresivamente el texto a
una estructura institucional que favoreciera la
hegemonía de partido único, con el MAS a la cabeza, y la reelección de Morales.
IPS: ¿Hubo un retroceso del discurso frente a la realidad?
FG: Sí hubo un retroceso en términos de
evitar una indigenización extrema de los cambios
políticos. Sin embargo, toda la teoría del
socialismo del siglo XXI, la revolución
democrática o un giro 'chavista' (en referencia
al modelo del presidente de Venezuela, Hugo
Chávez) nunca fueron discutidas abiertamente
entre el MAS y los movimientos sociales indígenas.
Lo que interesa al MAS es consolidar una
contra-elite dirigente con acceso al poder, uso
de recursos y estrategias, para tener influencia
en el sistema político en el largo plazo.
IPS: El gobierno califica su gestión como una
revolución. ¿Cuánta cercanía existe entre la
definición política y sociológica de una revolución con los cambios operados?
FG: Todos los cambios del gobierno son, en un
sentido marxista anticuado, "reformismos". No hay
ninguna revolución, y la prueba más clara es el
subsidio llamado Bono Dignidad, que cambia el
nombre a una política pública iniciada por el
presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997 y
2002-2003) con el Bono Sol. La estructura
financiera para mantener vivo el bono cambia,
pero sin alterar las previsiones que tuvo la
derecha de los ajustes estructurales en los años 90.
El concepto de revolución implica altas dosis
de violencia, y destrucción total de las
estructuras del viejo régimen, así como un gran
costo humano para consolidar a una elite
revolucionaria que, progresivamente, actúa con un
carácter más totalitario para evitar "intrusos en el proceso revolucionario".
IPS: En el texto final, ¿cuál es la
definición del nuevo Estado, su caracterización y
su posición frente al capitalismo y el
socialismo? En relación a los dos sistemas, ¿en
qué lugar se ubicaría el Estado boliviano?
FG: Se trata de un texto que reivindica un
Estado interventor con facultad para proseguir
acciones de nacionalización de más sectores de la
economía, resistente a la posibilidad de
incorporar inversión extranjera directa y con
ribetes de antropología multicultural.
Posiblemente ésta es la novedad conceptual,
se habla de un Estado plurinacional en términos
antropológicos y teóricos, pero sin definir
claramente sus consecuencias ni requerimientos
para el diseño de políticas públicas. En la
práctica, el Estado sigue siendo ineficiente y la
elite gubernamental carece de instrumentos claros de gestión pública.
IPS: En un país con una dinámica agitada de
la política y la sociedad, ¿por cuánto tiempo
puede estar vigente la nueva Constitución sin sufrir cambios?
FG: Con la persistencia de la polarización
entre oriente y occidente, así como entre áreas
urbanas y rurales, los conflictos latentes y la
inestabilidad política mantienen una serie de
problemas irresueltos. El texto prevé mecanismos
institucionales como el referendo y la actuación del Congreso.
Pero si los problemas de gobernabilidad
desatan una violencia como la de octubre de 2003
(que hizo caer al gobierno de Sánchez de Lozada),
es previsible que la Constitución sea cambiada
por un régimen que se haga con el poder y con el
discurso para instalar a otra elite al mando.
Este es el drama boliviano, haber caído en la
fosa de pugnas de elites y contra-elites a costa
de un sufrimiento y destrucción de procesos
estables de desarrollo. En el fondo, aquel largo
octubre negro de 2003 sigue como un fantasma
insomne sobrevolando las ambiciones de poder de todo caudillo de turno.
(FIN/2009) Envíe sus comentarios al editor |