CINE Más allá del pabellón de la muerte Miren Gutiérrez* entrevista al cineasta LUIS ROSARIO ALBERTROMA, abr (IPS) - El documental "Juan
Meléndez-6446", del cineasta puertorriqueño Luis
Rosario Albert, relata la historia de un
compatriota suyo que pasó 17 años, ocho meses y
un día esperando ser ejecutado en Estados Unidos por un crimen que no cometió.
El asesinato por el que se condenó a Meléndez
ocurrió en 1983 en el sudoriental estado de
Florida. Otro hombre había admitido antes el
crimen, y en varias ocasiones, pero los fiscales
ocultaron su confesión y recluyeron al acusado inocente en una cárcel.
En 1898, el gobierno estadounidense introdujo
la pena de muerte en Puerto Rico, que la abolió
en 1929, dos años después de la última ejecución.
En 1952, esta nación caribeña estampó en su
propia Constitución la frase "no existirá la pena de muerte".
Pero en Puerto Rico rigen algunas leyes
federales estadounidenses por su carácter de
"estado libre asociado" al país norteamericano.
Fiscales de Estados Unidos han solicitado la pena
de muerte en varios casos. Muchos consideran que
esto vulnera la autonomía de la isla.
"Las razones para liberar a Juan no parecen
vinculadas de ningún modo con la oposición
puertorriqueña a la pena de muerte", dijo a IPS
Luis Rosario Albert, entrevistado por correo electrónico.
Sin embargo, agregó, "organizaciones como la
Coalición Puertorriqueña Contra la Pena de Muerte
y la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico
ayudaron a dar a conocer la historia de Juan desde su liberación".
Este caso de un condenado que fue absuelto
sólo en la cuarta apelación "brinda un ejemplo
muy efectivo para educar a la población de Puerto
Rico sobre el sistema de la pena de muerte".
IPS: Hasta ahora, usted había hecho
documentales sobre la cultura puertorriqueña. ¿A
qué se debe este cambio de tema?
LUIS ROSARIO ALBERT: Este caso me impactó
porque, luego de esperar la ejecución durante
casi 18 años por un crimen que no cometió, Juan
se convirtió en un miembro destacado del
movimiento por la abolición de la pena de muerte en Estados Unidos.
La primera razón fue que esta historia debía
documentarse. Recuerdo que luego de ver la
película "The Exonerated", dirigida por Bob
Balaban (2005), pensé que podíamos hacer algo para ayudar a la causa.
Segundo, tengo gran respeto por una persona
que luego de todo ese tiempo en la cárcel decidió
luchar, ayudar a transformar la realidad
combatiendo la pena capital. Meléndez tiene la
capacidad única de contar su historia de un modo
especialmente cautivante y dinámico.
También es extraordinario el grado de la
injusticia, y la manera en que todas las piezas
debieron ajustarse al mismo tiempo para que Juan
fuera absuelto. Si no se hubiera acomodado todo
perfectamente, él no estaría vivo ahora.
Al renunciar su defensor, fue reemplazado por
un equipo de abogados excepcionales y un
investigador. Luego, el defensor se convirtió en
juez, y pidió que, por el conflicto de intereses,
el retiro del caso del condado donde había sido condenado.
El hecho de que el proceso cayera en manos de
una jueza valiente, el descubrimiento fortuito de
la confesión grabada del asesino real, 16 años
después de la condena a muerte de Juan … Es
extraordinario que todos estos factores surgieran
simultáneamente. Choca pensar qué habría pasado si esto no hubiera ocurrido.
IPS: Estados Unidos ejecutó a 1.158 personas
desde 1976. Hoy, más de 3.000 reclusos viven en
el corredor de la muerte. ¿Qué hace especial a la historia de Juan Meléndez?
LRA: Todo el tiempo que Juan estuvo esperando
la ejecución es destacable por sí misma. Aunque
desde 1973 hubo 131 exenciones de la pena de
muerte, Juan es uno de los pocos absueltos que
pasaron más de 17 años esperando ese castigo. Es
extraordinario que un ser humano sobreviva casi
18 años en una celda de menos de dos por tres
metros bajo una amenaza psicológicamente devastadora.
Su historia muestra cómo una persona de un
contexto socioeconómico débil puede quedar
atrapada en una circunstancia tan grotesca. No es
que no pueda pasarnos a cualquiera de nosotros,
pero el hecho es que esto les está ocurriendo a
personas en condiciones económicas y sociales desventajosas.
IPS: Meléndez fue liberado en 2002. ¿Por qué
este documental es relevante hoy?
LRA: Por varias razones. Primero, más allá
del tema de la pena de muerte, el documental
relata una inspiradora historia de resiliencia
humana, de fe y esperanza. Este aspecto lo vuelve
relevante, independientemente de la fecha de la absolución de Juan.
El documental también es relevante por su
potencial para cambiar la opinión del público
sobre la pena capital. No sólo muestra los muchos
problemas inherentes al sistema, incluido su alto
riesgo y la inevitabilidad de que esa pena les
sea impuesta a inocentes, su injusta aplicación
basada sobre la raza y su implementación casi exclusiva sobre los pobres.
También demuestra el tremendo daño que
inflige a los involucrados en el sistema: la
familia del condenado, los abogados, incluso los
periodistas, en cierto grado. En ese sentido, el
documental examina el problema específico de la
aplicación de la pena de muerte en Puerto Rico.
El gobernador de Nuevo México, Bill
Richardson, que el 18 de marzo de este año firmó
el proyecto de revocación de la pena de muerte en
su estado, vio el documental poco antes de tomar
su decisión. Le dijo a Juan Meléndez que estaba
profundamente conmovido, y para justificar su
decisión declaró que su preocupación principal
fue la gran cantidad de condenados que habían
sido exonerados con pruebas de su inocencia.
También dijo estar preocupado por el racismo
del sistema. Ambos asuntos están abordados de modo directo en el documental.
Esperamos que éste sea una poderosa
herramienta educativa que ayude a cambiar la
opinión del público estadounidense sobre la pena
de muerte, así como la de los políticos.
IPS: ¿A qué se dedica Meléndez ahora?
LRA: Juan vive en Nuevo México con su novia,
que es abogada y activista contra la pena de
muerte. Le resulta difícil tener un trabajo
regular porque padece estrés post-traumático, y
porque viaja frecuentemente por Estados Unidos y
otros países, compartiendo su historia y
promoviendo la abolición de la pena capital.
Al liberarlo, el estado de Florida le dio
apenas 100 dólares, un par de pantalones y una
camiseta, lo mismo que se les da a todos los
prisioneros liberados. Pero a diferencia de otros
exonerados de la pena de muerte, no recibió
ninguna compensación por los muchos años que pasó
esperando ser ejecutado por error. Tampoco
recibió ninguna disculpa del fiscal o del estado.
IPS: ¿Qué lenguaje cinematográfico eligió usted para contar esta historia?
LRA: Intenté trabajar en torno a las tres
geografías principales. Primero, Naguabo, el
pueblo costero de Puerto Rico donde Juan vivió
antes de emigrar a Estados Unidos. Segundo, el
centro penitenciario de Oso Blanco, ahora
cerrado, donde recreamos algunas escenas del
tiempo en que esperaba su ejecución. Tercero, la
meridional ciudad estadounidense de Albuquerque, donde Meléndez vive ahora.
La apertura de la geografía de Albuquerque y
las imágenes felices y coloridas de la costa de
Naguabo contrastan con el ambiente limitado y
negativamente cargado del pabellón de la muerte.
Estos espacios nos permitieron presentar diferentes estados de ánimo.
IPS: ¿Dónde planea exhibir el documental?
LRA: Esperamos mostrarlo en escuelas
secundarias de Estados Unidos, facultades y
comunidades religiosas, y también en cines
pequeños. Su duración, de apenas 49 minutos, es
especialmente propicia para ese tipo de exhibiciones.
Ahora lo estamos enviando a diferentes
festivales cinematográficos en Estados Unidos y
Europa. Y ya hay interés en exhibirlo en Canadá y Alemania.
* Miren Gutiérrez es editora en jefe de IPS.(FIN/2009) Envíe sus comentarios al editor |