AMBIENTE-VENEZUELA: Mujeres recuperan ingresos y naturaleza
Por
Humberto Márquez TACARIGUA DE LA LAGUNA, Venezuela, sep
(Tierramérica
) - Las mujeres de este poblado del
extremo norte de Venezuela ya no dicen "basura"
sino "materia prima secundaria", y en vez de
reciclaje hablan de "separación en origen".
Tacarigua es una alargada albufera de 9.200
hectáreas sobre la costa del Caribe, a unos 100
kilómetros en línea recta y casi tres horas de carretera al este de Caracas.
En esta laguna hay contacto entre las aguas
lacustres y marinas, aunque la mayor parte de
ella está separada del mar por una restinga
arenosa de 28 kilómetros de largo y unos 300 metros de ancho.
"Aquí las mujeres nos organizamos en una
pequeña empresa para recoger lo que antes veíamos
como basura", dijo a Tierramérica María
Auxiliadora Uriepero, una mujer con seis hijos y
11 nietos, de pie en el dintel del cuarto de su
casa a medio construir, con paredes de bloques
sin friso y techo de zinc, y que sirve como
depósito para sus sacos con botellas desechadas.
Como la suya, con falta de paredes divisorias
y de una escalera para ir a la azotea, son muchas
de las casas de Tacarigua de la Laguna, un
poblado a orillas del parque nacional homónimo.
Unos 5.000 habitantes, aquí y en el vecino Belén,
viven de la pesca y de servicios a los turistas
que van a playas cercanas. El desempleo abunda.
Uriepero sacó sus cuentas: "Necesito recoger
unas 58.000 botellas para las reparaciones de mi
casa. Donde veo una botella tirada la recojo.
Toda mi familia hace lo mismo. Ya tenemos 90
sacos", de unos 20 kilogramos cada uno, con
botellas de vidrio o plástico que se venden a empresas que reciclan ese insumo.
No es que Uriepero se fíe sólo de esa
actividad. También realiza trabajos de costura y
muñecas de trapo, elabora tortas y dulces, vende
refrescos y caramelos a la entrada de su casa y
teje "chinchorros", o hamacas. "Ahora, con un
grupo, hicimos la empresa de separación en
origen. La llamamos Flor del Mangle", explicó.
El bosque de mangle rojo (Rhizophora mangle)
forma el ecosistema principal de la laguna,
cubriendo unas 4.000 hectáreas, aunque también
están las variedades blanca (Laguncularia
racemosa), negra (Avicennia germinans) y botoncillo (Conacarpus erectus).
El parque nacional, creado por decreto en
1974, tiene 39.100 hectáreas repartidas entre la
laguna, sus brazos y orillas y la restinga. En
1991 se le agregaron 20.000 hectáreas de mar
adyacente. Es uno de los sitios protegidos por la
Convención de Ramsar sobre los Humedales de
Importancia Internacional, adoptado en esa ciudad iraní en 1971.
En una calleja, a la sombra de árboles de
mango y a pocos metros de un brazo de la laguna,
Vilma Gutiérrez quita tierra y etiquetas a
botellas plásticas para gaseosas de 1,5 litros.
"En una jornada caminamos varios kilómetros por
la playa y recogemos y clasificamos vidrio,
plástico y aluminio", explicó a Tierramérica.
"Se me ha quitado la pena (vergüenza), de que
nos vean y digan 'esa recogedora de basura', pero
la gente de la gobernación (del norteño estado de
Miranda) nos ha enseñado que no es basura sino
materia prima secundaria, con la que haremos
funcionar nuestra asociación, Corocora Mar y Sol", dijo Gutiérrez.
La corocora roja (Eudocimus ruber) es una
especie de ibis que abunda en Tacarigua, donde se
han observado más de 250 tipos de aves.
En el parque anidan cuatro especies de
tortugas marinas, entre ellas la Chelonia mydas y
la Caretta caretta, mundialmente amenazadas, y
vive aquí el caimán de la costa (Crocodylus acutus).
El área marítima y la laguna son zonas de
pesca y cría de especies apetecidas en el mercado
local, como el róbalo (Centropomus undecimalis) y la lisa (Mugil curema).
Entre los 20 mamíferos de la fauna local se
cuentan el venado matacán (Mazama americana), el
mono capuchino (Cebus olivaceus) y el amenazado
cunaguaro u ocelote (Leopardus pardales).
Flor del Mangle y Corocora Mar y Sol son dos
microempresas recolectoras, la primera registrada
como compañía anónima y la segunda como
asociación civil. La gobernación de Miranda promueve la formación de otras.
"Desarrollamos este proyecto para ayudar a la
conservación del parque como reserva de
biodiversidad y de seguridad alimentaria, al
tiempo que apoyamos a grupos de pobladores
vulnerables y creamos conciencia ecologista en la
zona", dijo a Tierramérica Evelyn Pallota,
directora de Ambiente de la gobernación.
Corocora Mar y Sol, en la cual "empezamos
nueve y quedamos cinco asociadas", dijo
Gutiérrez, propuso adquirir cestos adecuados para
la recolección, uniformes, guantes y mascarillas,
"y ¿por qué no?, quizá un camioncito".
El candidato a conducirlo es su esposo
desempleado. "Hasta ahora nos hemos asociado
mujeres, pero con los volúmenes de carga que
queremos manejar van a hacer falta hombres trabajando", añadió Gutiérrez.
"Una de las asociadas, que ha llenado tres
barriles de vidrio, me dijo que ya se siente una
pequeña empresaria y quiere gestionar un
microcrédito en algún organismo oficial y un
seguro HCM (hospitalización, cirugía y
maternidad) para todas ellas", narró a
Tierramérica Milagro Liberón, maestra en la
escuela local y animadora del proyecto.
Liberón está constituyendo la empresa que
será centro de acopio, de formación y de apoyo
logístico y legal a los grupos recolectores,
junto con Eduarda Román, una vecina cuyo solar da
a un brazo de la laguna, donde alimenta iguanas,
tortugas y garzas que se acercan.
En su casa nada se desperdicia. Hasta los
residuos de alimentos se destinan a hacer compost
con las plantas de papaya y mandarina que
cosecha. Vecinas de Román "han comenzado a
separar en origen los desechos sólidos en sus
casas y llaman luego para que las recolectoras
busquen una bolsa de esto o lo otro", dijo a Tierramérica.
Liberón trabaja papel maché y enseña a
elaborar artesanías, por lo que "tras la empresa
de acopio podemos ir al siguiente escalón, que es
el ecodiseño, para elaborar objetos artísticos o
utilitarios con algunos materiales recolectados",
señaló la funcionaria Pallota.
Además de la gobernación han prestado apoyo
la embajada británica en Caracas, con la donación
de balanzas para pesar los materiales, y el
fabricante estadounidense de envases
Owens-Illinois, que aportó una trituradora de
vidrio, asiste a los grupos y compra su producción.
"Les pagamos 300 bolívares (140 dólares) por
tonelada y nos satisface apoyar a grupos que se
organizan para mejorar su vida y el entorno",
dijo a Tierramérica Marycarmen Polanco, directora
en Owens-Illinois de Venezuela.
"Para nuestras plantas, el material de
reciclaje suma unas 100.000 toneladas anuales, 30
por ciento de la materia prima", agregó.
La zona de Tacarigua es la fachada marina de
Barlovento, una fértil llanura de unos 4.600
kilómetros cuadrados regada por el río Tuy y sus
afluentes que, desde los tiempos de la colonia,
fue asiento de plantaciones de cacao trabajadas por esclavos negros.
"Se mantiene como un reducto de pobreza, con
baja actividad económica y desempleo, 47 por
ciento de la población reporta necesidades
básicas insatisfechas, según estadísticas
gubernamentales, hay déficit de escuelas, y los jóvenes emigran", dijo Pallota.
Por eso "lanzamos proyectos como el de
Tacarigua, para crear conciencia, formar
ciudadanos ambientalmente responsables, evitar la
contaminación de la laguna, la playa y el campo,
y generar empleos que permitan a la gente subir
un primer peldaño para salir de la pobreza y la vulnerabilidad", concluyó.
* Este artículo fue publicado originalmente el 5
de septiembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
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