CAMBIO CLIMÁTICO-ISLANDIA: A recuperar pantanos Por Lowana Veal REYKJAVIK, oct (IPS/IFEJ) - Islandia propondrá que
la restauración de pantanos se considere como
método de reducción de emisiones contaminantes,
en la 15 Conferencia de las Partes de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el
Cambio Climático, que se realizará en diciembre en Copenhague.
Los pantanos son áreas donde el agua está
presente o cercana a la superficie. Constituyen
un hábitat importante para los pájaros y ayudan a controlar inundaciones.
En Islandia, varios humedales desecados han
sido restaurados, incluyendo partes de un
santuario de aves cercano al meridional pueblo de
Eyrarbakki, donde en 1997 se bloquearon las
zanjas para impedir que el agua se agotara.
"Quienes asuman tal actividad tendrán que
implementar un inventario exhaustivo de los
pantanos, tanto sobre los inalterados como sobre
los secos", dijo a esta periodista Hugi Ólafsson,
director de políticas y asuntos internacionales
en el Ministerio de Ambiente de Islandia.
"Ellos tendrán que poder presentar
información creíble sobre los créditos y débitos
de carbono a partir de las actividades de drenaje y restauración", agregó.
"En la última década, Islandia, así como
otros países del Anexo I (naciones
industrializadas que se comprometieron a reducir
sus emisiones contaminantes bajo el Protocolo de
Kyoto), ha desarrollado un buen inventario de
actividades de silvicultura, y también un trabajo
pionero en materia de re-plantación. Por lo
tanto, hay una experiencia considerable para dar
forma a un inventario de pantanos", dijo
Ólafsson, quien ha investigado el tema ampliamente.
La práctica de plantar árboles en tierras que
previamente no fueron forestadas se propuso como
medio de vincular el carbono al suelo (mediante
el proceso de fotosíntesis, por el que los
árboles capturan dióxido de carbono) para
compensar las emisiones producidas por industria
e individuos en la vida cotidiana.
Cada vez que los pantanos son restaurados,
enlentecen la liberación de dióxido de carbono a
la atmósfera, haciendo que el suelo lo absorba.
Cuando los pantanos son alterados o
destruidos se libera más dióxido de carbono que
cuando se talan bosques. Éste es especialmente el
caso de las turberas, que contienen materia
orgánica muerta, con una proporción de carbono de
alrededor de 50 por ciento. Éstas se forman en
condiciones húmedas donde la falta de oxígeno
dificulta la descomposición. Por lo tanto, la
humedad limita la liberación de dióxido de carbono.
Las negociaciones sobre el cambio climático
han renovado el interés por las turberas a causa
de su alto contenido de carbono, que se libera a
la atmósfera cuando son dañadas o drenadas.
Ésta es la lógica que guía la inclusión de la
restauración de pantanos y turberas como medio
para que los países del Anexo 1 obtengan créditos
en el marco del acuerdo que sucederá al Protocolo
de Kyoto tras su expiración, en 2012, y que se
espera surja de la reunión de Copenhague.
Las turberas y humedales representan
alrededor de tres y seis por ciento
respectivamente de la superficie de la Tierra.
(Todas las turberas son humedales, pero no todos los humedales son turberas).
Una "evaluación global sobre las turberas, la
diversidad y el cambio climático" realizada el
año pasado por las organizaciones no
gubernamentales internacionales Wetlands
International y Global Environment Centre mostró
que las emisiones de dióxido de carbono generadas
a partir de turberas secas o dañadas equivalen a
más de 3.000 millones de toneladas anuales, o
alrededor de 11 por ciento de las emisiones mundiales de combustibles fósiles.
Los pantanos dañados o destruidos continúan
emitiendo dióxido de carbono durante décadas,
hasta que se agota toda la turba, a menos que el hábitat se restaure.
Volver a hidratar las turberas puede causar
un aumento en las emisiones de metano, pero esto
casi siempre se compensa con una reducción mucho
mayor en las emisiones de dióxido de carbono y
óxido nitroso. Estos tres son gases de efecto
invernadero, causantes del recalentamiento planetario.
A fin de crear más tierra para la
agricultura, los granjeros islandeses drenaron
una porción considerable de pantanos durante la
segunda mitad del siglo XX, principalmente construyendo desagües.
Es difícil cuantificar el alcance de las
emisiones generadas por los humedales desecados y
dañados, pero se estima que equivalen a casi la
mitad de las liberadas por la quema de
combustibles fósiles y por los procesos industriales en el país.
Estas emisiones pueden reducirse de modo
significativo si se bloquea los desagües y se
aumenta el nivel del agua. Si se recuperan los
pantanos, la biodiversidad del humedal original
también podrá restablecerse en buena medida.
"Bajar la plataforma hídrica mediante el
drenaje de turberas conduce a la rápida
descomposición del carbono orgánico de la turba",
explica Susanna Tol, del capítulo holandés de Wetlands International.
"El oxígeno permite que se produzca la
descomposición aeróbica (con oxígeno), que es 50
veces más rápida que la anaeróbica (sin oxígeno)", agregó.
"Las emisiones de dióxido de carbono que
desprenden las turberas desecadas generalmente
aumentan con una mayor profundidad de drenaje y
climas más cálidos. El proceso de oxidación puede
interrumpirse con la restauración de las
turberas. Esto se hace re-hidratando las turberas drenadas", dijo.
La propuesta se planteó en las reuniones de
cambio climático desde que se introdujo la idea
de la restauración de humedales como actividad
afín a la sección sobre "Uso de la tierra, cambio
en el uso de la tierra y silvicultura" (LULUCF,
por sus siglas en inglés), en las conversaciones
climáticas que tuvieron lugar en agosto de 2008 en Accra.
Las actividades LULUCF están permitidas bajo
el Protocolo de Kyoto --firmado en 1997 y en
vigencia desde 2005-- como manera de que los
países compensen sus emisiones de gases invernadero.
Al plantar árboles, cambiar las prácticas
agrícolas o volver a cubrir un territorio de
vegetación, se producen sumideros o reservas que
vinculan el carbono y los gases invernadero al suelo.
Por lo tanto, la LULUCF está permitida como
método para que los países reporten sus emisiones netas de gases contaminantes.
"Hemos recibido muchos comentarios positivos y
sentimos que tenemos un buen apoyo para la
propuesta. Recibimos muchas preguntas técnicas
sobre cómo funcionaría en la práctica", dijo Ólafsson.
Esas preguntas "son buenas y necesarias a fin
de desarrollar la idea hasta convertirla en una
propuesta operativa. No hemos oído de nadie que
se oponga a la propuesta por cuestión de
principios, pero nos damos cuenta de que será un
trabajo arduo desarrollarla más, junto con muchas
otras propuestas relativas a la LULUCF", añadió.
Islandia se comprometió a reducir por lo
menos 15 por ciento de los gases invernadero para
2020, en relación a los registros de 1990.
De hecho, esto puede equivaler a una
reducción de 25 por ciento, y actualmente se
permite liberar 10 por ciento extra de dióxido de
carbono bajo el Protocolo de Kyoto, a raíz de la
Disposición de Islandia. Ésta le fue concedida al
país por tener muy poca industria pesada en ese
momento y porque casi toda la energía de Islandia
procede de fuentes renovables.
Al país se le permitió aumentar sus emisiones
en unos 1,6 millones de toneladas anuales de
dióxido de carbono, a partir de nuevos proyectos
industriales, además de su 10 por ciento extra en
el marco del Protocolo de Kyoto.
La Disposición de Islandia puede volverse
irrelevante en enero de 2013, cuando entren en
vigor las regulaciones europeas sobre las emisiones de la industria pesada.
Parte del objetivo de reducir las emisiones
de gases invernadero para 2020 se logrará
plantando árboles y otra vegetación. Si la
restauración de pantanos se permite como
actividad LULUCF, Islandia espera poder disminuir aún más sus emisiones.
* Este artículo es parte de una serie producida
por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en
inglés de Federación Internacional de Periodistas
Ambientales) para la Alianza de Comunicadores
para el Desarrollo Sostenible (http://www.complusalliance.org).
(FIN/2009) Envíe sus comentarios al editor |