COLOMBIA-VENEZUELA: Masacre en medio de choque político Por Humberto MárquezCARACAS, 27 oct (IPS) - La masacre de 10 jóvenes
el pasado fin de semana en el sudoeste de
Venezuela fronterizo con Colombia quedó
rápidamente encuadrada en el conflicto político y
diplomático que opone a los dos países desde que
Bogotá anunció la apertura de siete bases a
fuerzas militares de Estados Unidos.
El gobierno de Venezuela anunció este martes
la detención de varios agentes del Departamento
Administrativo de Seguridad (DAS, el más poderoso
servicio de inteligencia colombiano, adscrito a
la Presidencia), que estarían haciendo labores de
espionaje, según dijo el vicecanciller, Francisco
Arias, sin detallar número de detenidos, fecha o área de los arrestos.
Los funcionarios "fueron capturados haciendo
acciones de espionaje que afectan y dañan la
relación entre hermanos", y su objetivo sería la
ejecución de "un gran plan de conspiración y
desestabilización en contra de Venezuela", dijo Arias.
Es DAS está envuelto en un escándalo que
estalló en febrero en Colombia, cuando quedaron
al descubierto masivas operaciones de espionaje y
sabotaje que ese organismo ejecuta desde hace
años contra jueces, políticos opositores,
activistas de derechos humanos y periodistas de ese país.
Caracas lamenta la violenta muerte de los
jóvenes en la frontera, pero "que no se distraiga
la atención de la denuncia sobre las actividades
de espionaje del DAS en territorio venezolano", agregó.
Por su parte, la embajadora de Colombia en
Venezuela, María Luisa Chiappe, sostuvo que "lo
importante ahora es hacer las investigaciones
sobre la matanza de 10 personas en Venezuela,
entre ellos ocho colombianos, un peruano y un
venezolano, y encontrar a los responsables del crimen".
La "masacre de Chururú", precedida de un
secuestro masivo, "es un hecho sin precedentes
que nos está señalando que la frontera se ha
vuelto un sitio de alta peligrosidad y que los
dos países debemos ocuparnos de ese tema", agregó Chiappe.
En Washington, la organización humanitaria
Human Rights Watch (HRW) declaró que los
gobiernos de Colombia y Venezuela deben
investigar de inmediato y exhaustivamente la
masacre, y trabajar en forma conjunta para ello.
"El asesinato brutal de estos secuestrados
lamentablemente encaja dentro del patrón de
abusos sistemáticos por parte de grupos armados
en el conflicto colombiano", afirmó el director
para las Américas de HRW, José Miguel Vivanco.
En Caracas, organizaciones de derechos
humanos y analistas de la relación bilateral
consultados por IPS todavía acopiaban información
sobre la masacre antes de elaborar sus pronunciamientos.
Chururú es un caserío en el estado de
Táchira, extremo sudoccidental de Venezuela y
limítrofe con el nororiental departamento
colombiano de Norte de Santander. Aunque dista
menos de 100 kilómetros en línea recta de la
frontera, para llegar a él desde ese límite se
precisan entre tres y cuatro horas de recorrido carretero.
Allí se asentaron jóvenes colombianos que
emigraron en los últimos meses y que se
dedicaban, en su mayoría, a vender bolsitas de
maní en los autobuses que circulan por la zona, y
el grupo de fútbol que crearon se llamaba "Los Maniceros".
Los jóvenes disputaban un partido el 11 de
octubre en la cancha local, cuando a bordo de
varios vehículos aparecieron unos 15 hombres que
vestían ropa de camuflaje, provistos de armas
largas y radiotransmisores, y sometieron a jugadores y espectadores.
Luego, lista en mano, se llevaron detenidos a
12 jóvenes. Al cabo de dos semanas, 10 de los
secuestrados aparecieron muertos, en grupos de
dos y tres, en cuatro puntos de la geografía del
Táchira separados por varios tramos carreteros.
Hay un desaparecido y otro joven, Manuel Cortés,
sobrevivió al disparo que le hicieron en la nuca.
Según relató Cortés, unos 18 hombres armados
y varios de los cuales lucían "franelas"
(camisetas) con la efigie del guerrillero
argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara los
mantuvieron atados o encadenados a la intemperie,
en un campamento en una montaña.
En la tarde del 23 de octubre les dijeron que
los liberarían y se los llevaron en grupos, pero
en verdad fueron a distintos parajes, los arrodillaron y luego los ejecutaron.
"Por las informaciones recabadas de los
vecinos, se trataría del Ejército de Liberación
Nacional (ELN)", dijo el gobernador de Táchira,
César Pérez, democristiano y opositor al presidente Hugo Chávez.
En cualquier caso, "no tengo ninguna duda de
que esas organizaciones al margen de la ley
tienen su origen al otro lado de la frontera",
dijo Pérez, y aseguró que en varios municipios de
su estado "y ante las narices de la Fuerza Armada
venezolana" hay campamentos con centenares de guerrilleros colombianos.
"Es cierto que el ELN tiene en esa zona, en
la parte venezolana, un corredor de paso, de
tránsito, que lleva muchos años, desde principios
de los años 80", dijo a IPS el analista
colombiano Luis Eduardo Celis, de la Corporación
Nuevo Arco Iris y ex miembro de esa guerrilla.
El ELN, que se ha pronunciado sobre hechos
similares en el pasado en Colombia, explicándolos
o negándolos, aún no ha divulgado ninguna declaración sobre este hecho.
Para Celis,"este es un hecho es muy grave
porque implica no solamente 10 u 11 personas
muertas sino que complica las relaciones con Venezuela".
"Posiblemente en las próximas 72 horas puede
haber un pronunciamiento de las estructuras de
frontera o del Comando Central del ELN", aventuró.
El vicepresidente y ministro de Defensa de
Venezuela, Ramón Carrizález, atribuyó la masacre
a un posible ajuste de cuentas entre grupos
paramilitares, organizaciones armadas de extrema
derecha que han permeado la frontera.
Respecto de los jóvenes abatidos "existen
indicios que conducen a identificarlos como
paramilitares", como por ejemplo "la actividad a
la que se dedicaban (venta de maní), la cual no
se correspondía con el nivel de vida que llevaban", dijo.
"Los pobladores de la zona aseguran que
frecuentemente aparecían involucrados en hechos
violentos. La manera como llegaron, su identidad
como grupo, nos hace pensar que son parte de esos
planes de infiltración del gobierno colombiano
apoyado por factores internos", comentó Carrizález.
El ministro venezolano del Interior, Tarek El
Aissami, sostuvo que el gobernador de Táchira
mantiene contactos con grupos paramilitares de
Colombia, lo que Pérez desmiente airadamente en
cada oportunidad y exige la presentación de pruebas.
El presidente colombiano, Álvaro Uribe, hizo
"un llamado al gobierno de Venezuela, a su
presidente, para que por encima de cualquier
diferencia busquemos cómo puede haber una
coordinación de actividades para proteger el
derecho a la vida de los colombianos y los venezolanos".
Venezuela congeló sus relaciones políticas
con Colombia y redujo drásticamente las
comerciales al considerar como una agresión el
acuerdo entre Bogotá y Washington, que entrará en
vigor en breve, para el uso de bases militares
colombianas por parte de fuerzas estadounidenses.
Una muestra de esa desconfianza fue que
Venezuela negó permiso para que aeronaves
militares colombianas, un avión o algunos
helicópteros, llegasen a Táchira para recoger y
repatriar los cadáveres de los abatidos en Chururú.
Los cadáveres fueron repatriados por vía
terrestre, hasta la ciudad colombiana de Cúcuta,
a la medianoche del lunes a este martes, después
de trámites que se complicaron por falta de
equipos de impresión y fotocopiado en la oficina
de registro venezolana, que rechazó la oferta de
esos instrumentos, efectuada por el consulado colombiano.
El canciller colombiano Jaime Bermúdez
desestimó la acusación de espionaje contra el DAS
este martes al subrayar en una declaración que
"el mundo entero confía en que Venezuela asuma la
investigación (de la masacre) con responsabilidad, pulcritud y claridad".
De modo que la masacre y su investigación
queda enmarcada en la conflictiva relación entre
Bogotá y Caracas, los dos gobiernos
ideológicamente más dispares de América del Sur.
* Con aporte de Constanza Vieira (Bogotá).(FIN/2009) Envíe sus comentarios al editor |