COLUMNA América Latina y los retos de la integración después de Chávez Por Roberto Savio *
SERVICIO DE COLUMNISTAS DE IPS ROMA, mar (IPS) - ¿Qué herencia deja Hugo Chávez a América Latina? La mejor manera de
evaluar a un jefe de Estado es examinar lo que queda tras su muerte. En
el caso de Chávez, su imagen está ofuscada por una serie de prejuicios
ideológicos y culturales, que no dejan ver al personaje de manera clara.
Las fallas evidentes de Chávez han sido agigantadas por la radicalización
ideológica que lo ha acompañado. Provocador, llegaba a utilizar a Irán,
Libia y Siria para simbolizar su independencia con relación a Estados
Unidos.
Pero su meta no era legitimarse como líder internacional, sino solamente
regional. Por lo tanto, trataba de resaltar todo lo que podía poner en
evidencia la impotencia y la declinación de Washington.
Su política exterior, enfocada básicamente en América Latina, era muy
sencilla: recuperemos el mensaje de Simón Bolívar, el Libertador, para unir
a nuestros pueblos y liberarnos de nuestro histórico dominador, Estados
Unidos.
Para él, la llegada de George W. Bush fue providencial: era la peor cara de
Estados Unidos y le servía para confirmar sus denuncias. Al contrario, ante
Barack Obama se vio obligado a moderar sus críticas.
La imagen de paria internacional que le han endilgado no se debe a su apoyo
a Cuba, que hoy nadie considera una amenaza, como una catapulta de
revoluciones o terrorismo.
Pero un jefe de Estado que abraza a los "representantes del mal", como
Muammar Gaddafi o Mahmoud Ahmadineyad, despierta rechazo en todo Occidente,
no solo en Estados Unidos.
Esto se combina con la incomprensión de la realidad venezolana, ya que la
verborrea de Chávez, y el uso de un lenguaje no elegante ni formal, pero
apropiado para estimular la participación y la identificación de las clases
más pobres –su real objetivo político–, eran interpretados en Occidente como
demagogia y no como una fórmula de comunicación.
Pero de esta manera Chávez consiguió llegar no solo a las clases populares
venezolanas, sino también a las latinoamericanas.
Poco menos de 200.000 latinoamericanos sin recursos han recuperado la vista
gracias a Chávez, que pagó operaciones de catarata en países vecinos,
realizadas por legiones de médicos cubanos. (Creó grave desconcierto en Cuba
que uno de los beneficiados en Bolivia resultara ser el sargento Mario Terán
Salazar, ejecutor del "Che" Guevara en La Higuera).
Es un hecho que gracias a Chávez, América Latina ha dado pasos de siete
leguas hacia la integración. Su nombre está asociado a la Unasur, a la
Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), al Banco del Sur y al
espaldarazo que dio al Mercosur con la incorporación de Venezuela.
Es fácil motejar todo esto como populismo. Pero una etiqueta no cancela una
realidad incómoda: en América Latina, la clase media es numéricamente
inferior a las clases pobres. Y la política tradicional solo tomaba en
cuenta a la clase media (cuando no solamente a las elites).
El vuelco de la región a la izquierda en la última década se debe
seguramente al brutal impacto de las políticas neoliberales de la década
precedente. Pero también al ingreso en la arena política de los campesinos
indígenas y de los sectores más pobres.
Por esto, la herencia de Chávez es mucho más grande de lo que parece. Parece
inevitable que Venezuela tendrá que recortar los costos de su solidaridad
internacional (preocupante perspectiva para Cuba, en particular) y que
dejará de ser un paradigma en el escenario político regional.
Por otro lado, en esta época de globalización, el esfuerzo de retomar los
ideales de Bolívar es ineludible y representa la verdadera alternativa a la
traición a los libertadores por las elites de la época. (Bolívar, en una
frase famosa, dijo que "el que sirve a la revolución ara en el mar").
Solo la existencia de egoísmos elitistas puede explicar que América Latina,
una región sustancialmente homogénea, más que Europa, África y no hablemos
de Asia, no logre integrarse para competir globalmente con más fuerza y
eficacia.
Mientras el peso geopolítico de este siglo se desplaza hacia Asia, donde
China e India son individualmente más grandes que toda América Latina, esta
es la región que se destaca en el mundo como hacedora de políticas y de
rutas hacia una democracia más participativa, no Europa, África o Asia.
Es difícil saber si América Latina encontrará finalmente el camino de la
unidad. Chávez ha hecho mucho más que todo otro jefe de Estado de la
historia reciente en esa dirección. Esta es su herencia. El tiempo nos dirá
si, como Bolívar, ha arado en el mar.
Si así fuera, pasará a la historia como un soñador frustrado, y detalles
como su amistad con Ahmadineyad, su verborrea o su lenguaje vulgar no podrán
servir para explicar el fracaso de la unidad latinoamericana. Será
responsabilidad de toda la clase política y de sus egoísmos nacionales.
* Roberto Savio, fundador y presidente emérito de la agencia de noticias IPS
(Inter Press Service) y editor de Other News.(FIN/2013)
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