La política de Estados Unidos últimamente ha sido bastante desconcertante e impredecible, en especial en Medio Oriente, pero los últimos acontecimientos ya son abrumadores y alarmantes.
Cuando Arabia Saudita, que encabeza la coalición de países árabes que desde 2015 interviene en la devastadora guerra que sufre Yemen, fue acusada de bombardear civiles, incluidos niños y niñas, Riad amenazó con recortar fondos de la ONU para actividades humanitarias.
Unas 66 millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares en 2016, informó la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).
La degradación de tierras, las sequías severas y el avance de la desertificación empujan fuera de sus hogares a vastos sectores de población. En Medio Oriente y el norte de África, esa opción obligada implica riesgos adicionales, como que caigan en manos de grupos extremistas.
El parlamento de Turquía acelera esta semana el envío de unos 3.000 efectivos a Qatar, sede de su base militar de Medio Oriente. Seguro de reforzar la resolución de ese país de resistir a la presión de Arabia Saudita y de Emiratos Árabes Unidos para que cambie sus políticas, la decisión de Ankara obedece a las señales de que el reino y sus aliados buscan debilitar al gobierno qatarí del jeque Tamim bin Hamad Al Thani.
El área al este de la ciudad iraquí de Mosul, liberada del control del Estado Islámico, permanece vacía. Y al recorrer las llanuras de Nínive, territorio ancestral de minorías yazidíes, cristianas, chabaquíes y turcomanas, uno pasa de un pueblo fantasma a otro y donde solo quedan milicias armadas, conocidas en Iraq como “Hashd al-Shaabi” (movilización popular).
Hatem Badwan no entiende los problemas que alteran el humor de los argentinos, como la inflación, la inseguridad o el desempleo. Hace cuatro años dejó atrás Siria, su país, y hoy es dueño de Alfares, un restaurant árabe, en un barrio de clase media de la capital.
Los conflictos y la inseguridad son las principales barreras para el avance del desarrollo en Medio Oriente y el norte de África. Los países de la región dependen enormemente de la importación de alimentos, la que aumentará con el incremento de la población y la creciente urbanización.
Por fin: el presidente obsesionado por su slogan de campaña preferido (“América, primero”) está de gira en el exterior. Se ha escapado del laberinto ruso y la defenestración de su director del FBI. El Medio Oriente y Europa sufren el impacto del desembarco de su Air Force One, con un coste que dejará como un picnic por el vecindario sus partiditas golfistas en Mar-a-Lago, en las que ya se ha gastado más de lo empleado por Barack Obama en todo un año.
Una tormenta perfecta se apoderó de Medio Oriente y sigue amenazando la paz y la seguridad internacionales. Nickolay Mladenov, el coordinador especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el Proceso de Paz en Medio Oriente, resumió la situación explosiva de la región en pocas pero contundentes palabras.
Las continuas agresiones contra hospitales y centros de salud de Yemen tienen graves consecuencias, pero en especial para el bienestar de niñas y niños, denuncian organizaciones de la sociedad civil.
Con 18,8 millones de personas, casi siete de cada 10 habitantes, que requieren asistencia humanitaria, 10,3 millones de las cuales la necesitan de inmediato, Yemen tiene la mayor crisis en un solo país, según la ONU, que advierte que la guerra, que ya lleva dos años, amenaza con empujarlo a un “colapso social, económico e institucional”.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, atribuyó, en parte, el ataque aéreo directo contra el gobierno de Siria a la profundización de la crisis de refugiados, a pesar de que Washington sigue prohibiendo a ciudadanos de varios países, incluido ese, el ingreso a su territorio.
La devastadora guerra de Siria entró ya en su séptimo año y ni los esfuerzos de Estados Unidos ni del Consejo de Seguridad de la ONU por frenarla o imponer sanciones contra el atribulado régimen del presidente Bashar al Asad logran ponerle fin.
Una delegación de líderes tribales y mujeres de Libia pidió a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que busque un enfoque más equilibrado en el proceso de paz en ese país del norte de África.
Argentina y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) acordaron este viernes 17 explorar la posibilidad de que el país sudamericano reciba inversiones de capitales de la nación del Golfo, particularmente en las áreas de turismo y salud, mientras se comprometieron a reforzar la relación bilateral y a trabajar para aumentar el intercambio comercial.
En una de las regiones más grandes de origen y destino de migrantes y refugiados, Medio Oriente y el norte de África, 10 por ciento de las comunidades rurales están compuestas de personas desplazadas, mientras que 25 por ciento de los jóvenes del campo tienen previsto emigrar, lo que genera un problema complejo y muchas veces no reconocido.