Estados Unidos podría proteger sus intereses económicos y políticos ayudando al Caribe a adoptar una economía más verde, aseguró el destacado activista y exnegociador climático de esta región, James Fletcher.
El cambio climático genera fenómenos meteorológicos extremos que son un desafío para sectores vulnerables, como los pequeños agricultores del mundo en desarrollo que, entre 2004 y 2014, cargaron con gran parte del costo de 100.000 millones de dólares que provocaron los desastres naturales.
Casi ninguna playa del caliente y turístico mar Caribe escapa de la erosión, un problema que fuentes científicas califican de extendido e irreversible en estos ecosistemas de alto interés económico y que funcionan como barreras de protección de la vida tierra adentro.
¿Es necesaria la presencia de la industria de combustibles fósiles en las negociaciones internacionales sobre el cambio climático? ¿O su participación en las conversaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) representa un conflicto de intereses y socava el progreso mundial?
La Conferencia sobre los Océanos que se desarrollará del 5 al 9 de junio en Nueva York será fundamental porque, quizás por primera vez, enfocará la atención de la comunidad internacional sobre la importancia que tienen los océanos para nuestra vida y medios de subsistencia.
La tecnología podría limitar los perjuicios que la aviación le causa al clima, una de las fuentes de gases de efecto invernadero de mayor crecimiento. La mejora del actual sistema de navegación aérea reducirá el consumo de combustible y las emisiones de carbono, así como los costos, según una investigación de la Universidad North South, de Bangladesh.
Los estados de la Comunidad del Caribe (Caricom) están redactando un código para la eficiencia energética en la construcción que ayudaría a reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en la región, pero su aplicación dependerá en gran medida de la voluntad de cada país.
"Mi cosecha de maíz se cuadruplicó desde que empecé a practicar la agricultura de conservación", aseguró Theresia Loda, una agricultora de 52 años de la localidad de Kalimbu Ndara Mane, provincia de Nusa Tenggara del Este (NTE), en Indonesia.
Kamakandalagi Leelavathi se apresura a completar la cosecha diaria de 22 kilos de hojas de té en la plantación Uda Houpe, en la zona de Hatton, Sri Lanka, antes de que se desate la lluvia.
Trinidad y Tobago invirtió 74 millones de dólares en la primera fase de un proyecto de 295 millones de dólares para fomentar entre automovilistas el consumo de Gas Natural Comprimido (GNC), considerado un paso preliminar en la transición del país caribeño hacia el uso de formas más sostenibles de energía.
La llamada ley del carbono estipula que las emisiones humanas de dióxido de carbono (CO2) deben reducirse a la mitad cada década a partir de 2020 para que la humanidad logre emisiones nulas del gas a mediados de este siglo y así proteger el clima mundial para las generaciones actuales y futuras.
Los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) se preparan para el cambio climático especialmente con medidas de adaptación de su agricultura, tal como se indica en sus Contribuciones Previstas Determinadas a Nivel Nacional (INDC).
Grupos de ciudadanos suman ya más de 300 iniciativas de conservación en Chile, que cubren 1,5 millones de hectáreas, en un país donde no existe reconocimiento o financiamiento para las áreas protegidas privadas, con propietarios que van de pueblos indígenas a millonarios locales y extranjeros.
“A los enchufes las mujeres los quieren en lugares distintos que los hombres”, ejemplifica Sissy Larrea para enfatizar que género es también una cuestión importante en materia de energía en América Latina.
En sus 76 años de vida, Raimundo Pinheiro de Melo soportó numersos estiajes prolongados por culpa de las sequías en la región del Nordeste de Brasil. Los recuerda todos desde el de 1958.
La sequía que castiga la región semiárida del Nordeste de Brasil desde 2012 es ya más severa que la registrada entre 1979 y 1983, la más prolongada del siglo XX. Pero ahora no ocasiona las tragedias del pasado.
La agricultura orgánica se abre creciente espacio en Argentina, el líder latinoamericano del sector y el segundo del mundo después de Australia, como parte de la reacción de un modelo que desilusionó a los productores y comienza a asustar a los consumidores.