“Siempre quise ser periodista, El Chulla es mi oportunidad, acá me siento bien y pongo todo mi esfuerzo”, confesó Elsa Mejía, la “abuela” del equipo que redacta el periódico comunitario de la Zona Centro de Quito.
Ahora que pasó la cumbre de Hábitat III, vemos con mayor claridad cómo transformar nuestras ciudades en ambientes inclusivos, seguros y más productivos y contamos con una hoja de ruta concreta para lograrlo.
El éxito a veces mata, cuando se trata de ciudades. Barcelona, en España, ya enfrenta problemas por el exceso de turistas que atrae y en Ecuador el Centro Histórico de Quito, una joya arquitectónica especialmente preservada, sufre la fuga de su población.
“Los alcaldes tenemos que gestionar las ciudades intermedias como si fueran ciudades capitales”, plantea Héctor Mantilla, edil de Floridablanca, la tercera ciudad más importante del departamento de Santander, en el norte de Colombia.
“La lluvia fue nuestra némesis y nuestra salvadora”, observó Kanniappan, al recordar la primera semana de diciembre de 2015, cuando esta capital del sureño estado indio de Tamil Nadu quedó bajo agua.
La cumbre mundial sobre vivienda sostenible y los foros alternativos realizados por las organizaciones sociales cerraron sus sesiones en la capital de Ecuador con visiones contrapuestas sobre el devenir de las urbes y el cumplimiento de derechos en esos espacios.
Expertos y activistas acogen con una mezcla de esperanza y escepticismo a la Tercera Conferencia de Naciones Unidas sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible (Hábitat III), inaugurada este lunes 17 en la capital de Ecuador, y que busca generar una nueva agenda para las ciudades y sus habitantes.
Cuando la Organización de las Naciones Unidas ONU) redactó su último informe sobre lo que llama "el dramático cambio hacia la vida urbana”, pretendió trazar un retrato equilibrado de las oportunidades y los retos que genera el hecho de que 50 por ciento de la población del planeta viva en zonas urbanas.
En los últimos años, el concepto de ciudades inteligentes ha adquirido preponderancia respecto al diseño y funcionamiento de las urbes, pero al mismo tiempo alimenta la inquietud si ese esquema contribuirá al acceso a diferentes derechos para sus habitantes.
¿Si ya no se dedican al petróleo a qué se van a dedicar? “A sobrevivir”, dice Lorenzo, parco, mientras maneja un vehículo prestado, en la ciudad de Poza Rica, en el oriental estado mexicano de Veracruz.
Los habitantes de barrios a los que llega la expansión de la construcción urbana, sufren “un doble desplazamiento” porque se les trastoca su hábitat y se encarece la zona, en un proceso “en que no se nos toma en cuenta”, cuestionó Natalia Lara, integrante de una asamblea vecinal del sur de Ciudad de México.
La gran frustración de los Juegos Olímpicos que se inaugurarán en la ciudad brasileña de Río de Janeiro el 5 de agosto será el incumplimiento de metas y promesas de saneamiento ambiental de sus cuerpos de agua.
Ahora que el viento no se lleva más el techo y la vivienda es suya, la argentina Cristina López se siente a resguardo en el asentamiento informal donde vive. Pero para pisar firme el suelo que ocupa, ella y sus vecinos tendrán que conquistar muchos otros derechos.
La conferencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dedicada a las ciudades, Hábitat III, explorará las posibilidades de la agricultura urbana como solución para garantizar la seguridad alimentaria. Pero en Nueva York, resultó tener un impacto mucho mayor.
Los Juegos Olímpicos empiezan el 5 de agosto en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, como un alivio para los taxistas locales, no por las ganancias adicionales que podrán obtener de turistas, sino por el fin de las obras que bloquearon muchas avenidas en los dos últimos años.
La declaración de la Tercera Conferencia de Naciones Unidas sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible (Hábitat III), que debe aprobarse en octubre en Quito, ha hecho colisionar, otra vez, las posiciones del Norte industrial y del Sur en desarrollo.
Para los habitantes de Bajo Autopista, un barrio precario construido debajo de una vía rápida de la capital de Argentina, “los de afuera” son los que viven donde hay lo que a los de “adentro” les niegan. Una definición geográfica de la exclusión social, pero también una metáfora sobre la desigualdad urbana.