“¿Quiere tomates o boniatos (batatas)? ¿Cuánto tiene?”. Los gritos de las vendedoras se oyen desde lejos a medida que uno se aproxima a Domboshawa, una localidad 30 kilómetros al noreste de la capital de Zimbabwe, Harare.
Luego de una extenuante jornada recolectando moluscos en el fango del manglar, la salvadoreña Rosa Herrera, el rostro tostado por el sol, llega a la orilla de la playa a bordo de la lancha Topacio, cargando en sus hombros el fruto de la faena.
Plantas ornamentales y obras de arte engalanan las fachadas de las viviendas y negocios que se apretujan en el Callejón de los Peluqueros, en el turístico municipio de Habana Vieja. A simple vista, pasa desapercibido que es un lugar único en Cuba.
Al técnico en electrónica Eugenio Pérez lo conocen en este pueblo del este cubano por ser el mejor productor de posturas de frutales, idear un sistema automático de riego para sus plántulas y dirigir, además, un local privado especializado en jugos naturales.
La ampliación del cooperativismo dentro del programa de reformas de Cuba se abre paso en medio de la cautela del gobierno, que al mismo tiempo da señales de preferir esta alternativa para fortalecer el incipiente sector privado, a otras como las pequeñas y medianas empresas (pymes).
Antes de iniciarse en la agricultura, los costarricenses Luis Diego Murillo y Xinia Solano pagaban sus cuentas y compraban la comida con el salario de él como capataz en la construcción, un empleo inestable.
Estados Unidos reitera su interés por comprar alimentos orgánicos cubanos en cuanto el acercamiento entre los dos países lo permita. Cuando ese día llegue, el sector agroecológico en la isla podría no estar preparado, alertan sus protagonistas.
En Argentina, son ya 20 las marcas que garantizan que sus productos se fabricaron en condiciones laborales dignas, gracias a la red Ropa Limpia, que pretende quitar a la moda las manchas del trabajo esclavo, en un sector que emplea ilegalmente a unas 30.000 personas en el país.
Las medidas para transformar la agricultura cubana continúan sin dar los frutos esperados, para descontento de los consumidores, por la carestía de los alimentos, y también de las autoridades, que están urgidas de que se incremente la producción local, para reducir el costo de las importaciones.
La elevada pobreza, la disminución en la superficie de la tierra y el clima cambiante obligaron a los agricultores de la zona de Tangakona, en el oeste de Kenia, a adoptar una iniciativa comercial cooperativa para mejorar sus medios de vida.
Puñal en mano, Domitila Reyes abre de un tajo las capas de las hojas que cubren la mazorca de maíz, que arranca de la planta con cuidado en un proceso que repite toda la mañana, en medio de un mar de plantas de este cereal esencial en la dieta de los salvadoreños.
La iniciativa Harvest of Hope (cosecha de esperanza) ayuda a los pequeños agricultores de los alrededores de esta ciudad del sur de Sudáfrica a cultivar verduras orgánicas en huertas urbanas.
Hadon Sichali vende pescado desde hace 22 años, pero recién ahora se siente un verdadero empresario. "Porque ahora recibo un ingreso razonable después de luchar durante tantos años", dijo el comerciante de 55 años en esta localidad occidental de Zambia.
Hay leyes que una vez que se promulgan, resultan tan lógicas que no se percibe del todo la revolución que representan en el modelo de producción agrícola, la mejora de la alimentación de los escolares y, en definitiva, en la lucha contra la pobreza extrema y el hambre en un país. Eso ha sucedido en Brasil.
El microcrédito dio paso a las microfinanzas, que también incluyen ahorros y formas básicas de seguros y mecanismos de transferencias. En pocos años, las microfinanzas se volvieron un fenómeno global. Si bien estas últimas siguen creciendo, el entusiasmo por ellas mengua.
Armando Marcelino Pi divide su jornada entre la universidad donde imparte clases de filosofía, el trabajo en la finca familiar La Carmelina y la coordinación de un grupo de 33 productores agroecológicos, en esta localidad montañosa del extremo occidental de Cuba.
“Si tienen un recibo impreso de pago, hagan fila. Les pagaremos uno a uno. Gritar no los ayudará”, dice con firmeza Kode Sujatha, de 37 años, una de las 18 mujeres que administra la Sociedad Cooperativa de Ayuda Mutua de Undavalli, un pueblo sobre el río Krishna, en el sudoriental estado indio de Andhra Pradesh.