Pablo Piacentini nos ha dejado

Con la discreción y la tranquilidad que lo han acompañado toda la vida, Pablo nos ha dejado en su sueño. Los efectos colaterales de los tratamientos en contra de un tumor, lo habían dejado con limitadas capacidades. Ha sido sumamente triste para su familia y sus amigos el ver como un intelectual lleno de curiosidades y de iniciativa se había progresivamente retirado en sí mismo.

Se debe en buena medida a Pablo la creación de la Roman Press Service en el 1961, de la cual nace Inter Press Service-IPS en el 1964. En esa época yo colaboraba con “Il Popolo”, en cierta medida el diario del gobierno de Italia. Y había seguido en 1960 el Congreso del Partido Comunista de la República Democrática Alemana, en el cual los participantes silbaron al delegado chino, abriendo así públicamente la confrontación entre Moscú y Bejing. Nikita Kruschev no aceptó darme una entrevista sobre el futuro de esta confrontación. Convencí a Il Popolo de comprarme una serie de artículos sobre los más importantes partidos comunistas de África Asía y América Latina, para ver donde iba la internacional comunista.

Durante mi viaje para escribirlos, me di cuenta de que la división entre la URSS y la República China era parte de algo más estructural: la división entre países industrializados y los que estaban todavía en una fase agrícola. O sea, la división Norte-Sur.

Estos temas eran completamente desconocidos en el debate político, y con contados especialistas que escribían ensayos para ellos mismos. Concluí mi trabajo con un llamado a crear una agencia de prensa, que redujera la brecha Norte-Sur y creara conciencia de que el mundo estaba cambiando. Yo tenía un departamento de soltero en el centro de la vieja Roma, porque mis artículos, en una familia de músicos eran considerados exotéricos, y usados como papel. En ese departamento, un día suena el timbre y entra un joven argentino flaco y distinguido, que estaba estudiando una maestría de ciencias políticas en Italia, Pablo Piacentini. Y me informa que ha leído mi llamado para hacer una agencia de prensa dedicada a reducir la brecha informativa, y que ha venido para empezar el trabajo. Visita la casa, descubre que hay dos cuartos de huéspedes, me comunica que uno era más que suficiente, y que vaciara el otro, que iba a ser la sede de la nueva agencia. Todas mis observaciones sobre que no era posible crear una agencia sin capitales, fueron consideradas un reflejo burocrático. “Vamos a crear la agencia, y cuando tengamos papel membretado va a ser mucho más fácil conseguir dinero…”. Este desafío me acompañó las cuatro décadas que fui director general de IPS…

Pablo formaba parte de una asociación de estudiantes latinoamericanos. El designó los corresponsales en cada país de América Latina, y pasaba sus días editando el material que llegaba, que con gran dificultad hubiera sido utilizable. La agencia tenía que tener a un periodista italiano colegiado como director, y me encontré así cabalgando un tigre, del que no me podía desmontar, y cuando en el febrero del 1964 transformamos esta pequeña empresa en una cooperativa internacional de periodistas, Pablo tomó el cargo de director para América Latina, y me dejó cabalgando el tigre…

Con su traslado a la central regional de Santiago de Chile, Pablo tomó un papel importante en América Latina. Creó, entre otras iniciativas, los Cuadernos del Tercer Mundo, que fue un referente sin rivales del debate sobre las relacione internacionales. Fue con los Cuadernos que se formó una generación de jóvenes profesionales e intelectuales en los años 70. Y Pablo se trasformó en un punto de referencia para dos generaciones…

El secreto del éxito de Pablo no era solo su trabajo intelectual. Era su carácter y su personalidad, que conquistaban a todos, al punto que no recuerdo un enemigo de Pablo. Siempre fue un hombre de extraordinaria lealtad, a veces explotada y sin resistencia por él. Cuando yo salí de IPS, su figura y su historia eran elementos que daban una extraordinaria legitimidad, y él se consideraba al servicio de la institución. Nunca reclamó cargos, y siempre aceptó jugar un papel humilde, y de modesto nivel económico.

Pablo fue un caballero de otra época, siempre generoso y a disposición de los demás, con su sutil ironía, su humor positivo, con una gran capacidad de trabajo. Con él para mí desaparece no solo uno de mis más antiguos amigos, sino mucho más: una capacidad de ideal y de compromiso, hoy en vía de extinción. Una voz de la “inteligencia” latinoamericana, respetada por todos. De alguna manera me alegro que se haya ido antes de que el fenómeno Trump y sus aliados sigan destruyendo los ideales de cooperación internacional, de respeto del hombre, y de ver la paz y el derecho internacional como las bases de las relaciones internacionales. Pablo ha luchado toda su vida para un mundo mejor basado en estos valores. Lo veo irse como un hidalgo encima de un caballo blanco, y que guarda intactos su optimismo, su generosidad, su fe en el ser humano, mientras sombras y personajes inaceptables, para los valores de Pablo, están tomando cada vez más poder. Descansa Pablo, porque el mundo que nos dejaste tiene todavía tus valores… Y tus amigos seguiremos tu lucha. Roberto Savio

Este artículo fue publicado originalmente por Other News