AMERICA:
Personal de salud combate discriminación por VIH
por Mirta Roses*
La ciencia aún debe encontrar
una cura para el sida. Pero existe cura para la discriminación,
y puede hallarse en miles de trabajadores de salud de América.
WASHINGTON, 1 dic (IPS) El VIH/sida se ha
convertido en la mayor amenaza para la supervivencia humana
de los últimos 700 años. Los avances logrados
en salud infantil y expectativa de vida en América
están en riesgo por esta epidemia, que está
destruyendo muchos de los esfuerzos e inversiones de décadas
pasadas.
El sida emerge ya como principal causa de
muerte de la población de 15 a 44 años en algunos
países de la región.
Un peligroso efecto de la epidemia, que se
convierte también en obstáculo a los intentos
de prevención, es la discriminación contra las
personas que viven con VIH.
Esta discriminación puede adoptar
formas inaceptables. Por vivir con VIH, muchos son expulsados
de la escuela, se les niega un lugar donde vivir y son evitados
por amigos y colegas. Otros padecen incluso violencia física.
Estos actos suelen alcanzar a las familias
y comunidades y aun a los huérfanos de padres que han
muerto de sida. Peor aún, pueden impedir que las personas
reciban el tratamiento que necesitan.
En parte, la discriminación deriva
de un comprensible temor a una enfermedad contagiosa, incurable
y potencialmente mortal.
Pero hemos aprendido mucho desde el comienzo
de esta epidemia. Hoy existe amplio conocimiento de que el
VIH no puede transmitirse a través del contacto diario.
La mayoría de las personas saben que
no hay nada que temer si adoptan precauciones elementales.
Saben que no hay razón para mantener a distancia a
quienes tienen VIH.
Pero la discriminación persiste porque
tiene otras razones, profundamente arraigadas. Por ejemplo,
el prejuicio contra los grupos más afligidos durante
los primeros estadios de la epidemia, como los hombres que
tienen sexo con hombres, los trabajadores sexuales y los consumidores
de drogas.
Segregar a esos sectores ya estigmatizados
permite a algunos sentirse invulnerables frente al VIH, y
les da una excusa para ser negligentes ante las precauciones
básicas. Es una ironía de consecuencias trágicas:
aquellos que más discriminan son los que menos se protegen
del contagio.
En muchos países, la transmisión
heterosexual del VIH y las tasas femeninas son ahora las más
altas.
Cuando la discriminación cunde en
los sistemas de salud, las consecuencias pueden ser muy graves.
Las prácticas discriminatorias en
los servicios de salud incluyen la negación del tratamiento,
la realización de exámenes de VIH sin conocimiento
o autorización de la persona afectada, y la divulgación
de la identidad de los que viven con el virus.
A veces, esta discriminación es apenas
detectable, como cuando el personal de salud mantiene una
actitud indolente hacia las personas con VIH. Esta práctica
es extremadamente peligrosa, porque el temor al maltrato evita
que las personas utilicen los servicios de salud cuando más
los necesitan.
Combatir la discriminación no significa
que no deban reconocerse las diferencias, sino que el tratamiento
diferente debe basarse en un criterio objetivo y responsable,
destinado a rectificar, y no a exacerbar, las desigualdades
de la sociedad.
Los trabajadores de la salud necesitan todo
el respaldo que podamos brindar para la compleja tarea de
atender a las personas con VIH y sida.
Algunos requieren ayuda para superar sus
propios prejuicios. Otros pueden requerir asistencia para
manejar el miedo, controlar el estrés de cuidar a los
enfermos graves y prevenir el daño emocional asociado
a la atención de pacientes que mueren de sida.
El personal de salud también necesita
entrenamiento y los recursos necesarios para asegurar que
sea mínimo el riesgo de transmisión por accidente
de trabajo.
La mayoría de los trabajadores y trabajadoras
de salud no necesitan ninguna motivación externa para
estar al frente del combate contra la discriminación.
Lo hacen por su compromiso de mejorar la
salud, su mandato de confortar y su juramento de tomar los
riesgos necesarios para atender a seres humanos que son sus
iguales.
Esos y otros principios de la salud pública
suministran justificación suficiente para identificar
y eliminar la discriminación basada en la condición
de vivir con VIH.
Es importante reconocer la dedicación
de miles de trabajadores y trabajadoras de la salud de América
que luchan por suministrar buena atención y combatir
la estigmatización.
Debemos manifestar un aprecio especial por
el altruismo de muchos médicos, médicas, enfermeras
y enfermeros, laboratoristas y otros técnicos que se
sumaron a la respuesta a la epidemia en sus estadios iniciales.
Su compromiso eclipsó el peligro de
contraer un mal desconocido. Su determinación para
servir superó cualquier aislamiento que pudieron haber
sufrido por parte de sus propios colegas.
El brillante ejemplo de esos pioneros prueba
que el personal de salud está listo para jugar, en
la sociedad y en sus comunidades, un papel protagónico
en la construcción de un ambiente positivo y no discriminatorio
para las personas con VIH.
* La médica argentina Mirta Roses
fue electa directora de la Organización Panamericana
de la Salud (OPS) para un mandato de cinco años a partir
de febrero de 2003. Actualmente es directora adjunta de la
OPS.
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