AMERICA LATINA: jóvenes
atrapados entre el sida y la ignorancia
por Diego Cevallos*
MEXICO, 1 dic (IPS) En medio de consejos contradictorios
o la completa ausencia de educación sexual, 560.000
jóvenes de América Latina ya contrajeron el
VIH, y la tendencia va en aumento.
La desorientación abunda. Los mensajes,
dependiendo de quién los emita, son contradictorios:
"Infórmate sobre sexo y practícalo con
protección", dicen algunos. "No lo hagas
y cuidado con el condón, es un peligro", dicen
otros.
Pero la gran mayoría no cuenta con
información alguna.
"La situación del sida
entre los jóvenes subió ya a niveles críticos",
advirtió Mabel Bianco, directora de la Fundación
para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM) y llegó
el momento de que gobiernos y sociedad enfrenten el problema.
Pero los influyentes grupos religiosos conservadores
se oponen. Para ellos, garantizar a los jóvenes educación
sexual apropiada, información amplia sobre el sida
(síndrome de inmunodeficiencia adquirida), acceso a
condones y a servicios de salud, es poco menos que alentar
la inmoralidad.
Usar preservativo es "perverso",
pues "impide que la ley natural se desarrolle",
sostuvo el teólogo católico brasileño
Estevao Bettencourt, mientras el prelado mexicano Javier Lozano
apuntó que la única medida contra el sida es
cumplir el sexto mandamiento de la Iglesia Católica:
"no fornicar" y llegar al matrimonio en castidad.
Más de 80 por ciento de los latinoamericanos
se declaran católicos, pero muchos inician su vida
sexual fuera del matrimonio, entre los 15 y los 20 años,
y a menudo sin protección, lo que los expone a embarazos
prematuros y al contagio de enfermedades de transmisión
sexual, entre ellas el sida.
En Cuba, por ejemplo, 67 por ciento de las
personas entre 15 y 19 años son sexualmente activas,
31,5 por ciento en México y 29 por ciento en Chile,
según el Fondo de Población de las Naciones
Unidas (FNUAP).
"Hay que enfrentar la realidad:
los jóvenes van a tener sexo con o sin la información
que les demos, y por eso hay que darles información
e instrumentos para que tomen las decisiones oportunas",
declaró Bianco.
Unos 1,9 millones de personas viven con VIH/sida
en América Latina y el Caribe, incluyendo las 210.000
que contrajeron el virus este año, de acuerdo al último
informe del Programa Conjunto de las Naciones Unidas para
el VIH/Sida (Onusida).
Casi un tercio de los contagiados en América
Latina tiene entre 15 y 24 años. "De ese grupo,
más de dos terceras partes son mujeres", dijo
Bianco.
La mitad de los jóvenes portadores
de VIH es pobre y con escaso o nulo acceso a información
sobre sexualidad, indican estudios de la Organización
de las Naciones Unidas (ONU).
El problema es que muchos no se protegen:
de los 13 millones de nacimientos anuales que se registran
en el continente americano, dos millones corresponden a madres
adolescentes, según el Fondo de las Naciones Unidas
para la Infancia (Unicef).
En República Dominicana, Ecuador,
México y en la mayoría de los países
africanos, más de dos tercios de las mujeres sin educación
son madres antes de los 20 años, señala un estudio
patrocinado por el Banco Mundial.
"No se puede buscar la solución
al sida al interior de la lógica que produce esa enfermedad,
es decir el permisivismo sexual", apuntó el presbítero
Fernando Chomalí, portavoz del Instituto Pastoral de
la Familia de Chile, de orientación católica.
Para Simón Alvarado, del grupo antiabortista
venezolano Provive, las estrategias de agencias internacionales
contra la propagación del sida y en favor del uso del
preservativo, son un fracaso.
Provive y grupos afines de otros países,
como Provida de México, sostienen que el uso del condón
agrava el problema del sida, pues es una débil protección
contra el contagio.
La educación sexual, lejos de dar
instrumentos válidos para que los jóvenes enfrenten
su vida, los lleva hacia la promiscuidad, arguyen.
La mayoría de los acuerdos firmados
por los gobiernos en las cumbres mundiales sobre infancia,
desarrollo y mujeres indican que el mejor antídoto
contra el sida es la información y el acceso a servicios
de salud y condones.
Para Bianco, las críticas de los conservadores
no tienen bases científicas.
Onusida efectuó un análisis
comparado de 53 estudios que abordan los efectos de la educación
sexual para jóvenes, y descubrió que 27 de ellos
concluyen que la educación sobre sexo y sida ni aumenta
ni disminuye la actividad sexual.
Otros 22 estudios sostienen que la educación
retrasa la iniciación sexual y reduce el riesgo de
enfermedades y embarazos no planeados.
Apenas tres de los estudios analizados por
Onusida reportan un aumento de la actividad sexual asociada
a la educación sexual.
Pero los sectores conservadores no se convencen.
Para ellos, el camino adecuado es promover la abstinencia.
Quienes desde el gobierno realizan campañas que hablan
de sexo y sida, serán denunciados ante los tribunales,
amenazó el grupo mexicano Provida.
La argentina Mónica del Río,
dirigente de un grupo de padres y madres, se presentó
ante legisladores de su país para pedir que sus hijos
sean excluidos de las normas que garantizan el suministro
a los jóvenes de información sobre sexo y acceso
a anticonceptivos y condones.
"El Estado no puede avasallar
el derecho de los padres a educar a sus hijos", alegó
Del Río.
Los servicios educativos sobre sexo "comprometen
la salud física y moral" de la juventud en lugar
de protegerla, sostuvo.
Encuestas recogidas por Onusida en América Latina revelan
que existe gran ignorancia respecto del sida entre los jóvenes
de 15 a 24 años.
En Bolivia, por ejemplo, 45,6 por ciento
de los jóvenes no saben que una persona de aspecto
sano puede transmitir el sida, mientras en Ecuador ese porcentaje
es de 41 por ciento y en Perú de 28 por ciento.
"Tienes que saber de sexo para
no acabar muerto antes de tiempo", recomendó Santiago,
un joven mexicano de 16 años, mientras compraba condones
en una tienda de la capital. "Los voy a usar con mi nueva
novia, porque no quiero sorpresas ni sustos", agregó.
* Artículo producido por IPS con motivo
del 1 de diciembre, Día Mundial de la Lucha Contra
el Sida. Con aportes de Marcela Valente/Argentina, Mario Osava/Brasil
y Gustavo González/Chile.
|