SALUD-AMERICA
LATINA: Las redes positivas abren puertas
por Gustavo González*
SANTIAGO, 1 dic (IPS) Vivir con VIH sigue
siendo motivo de discriminación en América Latina,
pero mujeres y hombres portadores del virus abren espacios
en la sociedad a través de sus propias organizaciones,
en las que conjugan solidaridad, activismo y educación.
El sida fue sinónimo de muerte hasta
mediados de los años 90, cuando se comenzaron a generalizar
las terapias antirretrovirales que combaten el avance del
VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante de la enfermedad)
en el organismo, y permiten prolongar y mejorar la vida.
Pero no se trata solo de la supervivencia.
Es necesario asegurar la inserción social de las personas
con VIH o sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida),
poniendo coto a los prejuicios, que en muchos países
de la región se traducen en discriminación laboral,
educativa y aun sanitaria, de acuerdo a testimonios recogidos
por IPS.
"A mí no me está
matando el virus. Lo que me está matando es toda la
sociedad que me rodea, eso es lo que me está matando",
decía hace dos años Verónica, una madre
de 25 años portadora de VIH, que hoy forma parte de
Vivo Positivo, una red que agrupa a las 36 organizaciones
de personas que viven con VIH/sida en Chile.
"Es lo mismo que tirar una granada:
todos arrancan y quedo sola", afirmaba en un seminario
al describir las reacciones de quienes se enteraban que había
se había contagiado el virus.
Al celebrarse este domingo el Día
Mundial de Lucha contra el Sida, hay en Chile 9.500 personas
con VIH/sida, de acuerdo a los datos notificados por el sistema
de salud pública, pero la cantidad real se estima entre
30.000 y 50.000 personas, en una población de poco
más de 15 millones.
Vivo Positivo, uno de los ejemplos más
relevantes de activismo en torno a los derechos de las víctimas
de la pandemia, cuenta con 1.912 socios, 75 por ciento de
los cuales son portadores del virus, y el resto son familiares,
amigos y activistas.
La organización forma parte de la
Red Latinoamericana de Personas Viviendo con VIH/Sida, un
movimiento que ha cobrado fuerza en la región.
En diciembre de 1990 se realizó en
Bogotá el Primer Encuentro Latinoamericano de Personas
Viviendo con VIH/sida, organizado por la Liga Colombiana de
Lucha contra el Sida y el Departamento de Estudios Latinoamericanos
de la Universidad de California, Estados Unidos, con el apoyo
de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
La dirección del hotel elegido para
celebrar el encuentro se negó a prestar sus servicios
cuando supo que debía hospedar a portadores de VIH,
y sólo accedió después de arduas negociaciones.
En aquella reunión participaron 30
personas con VIH. Desde entonces, todas han muerto, pero varias,
como el periodista mexicano Francisco Galván, echaron
las semillas de los futuros movimientos.
Miriam Cossio, una colombiana de un pueblo
de provincia, fue notificada a los 19 años, en 1996,
que era portadora del virus. Contagiada por su esposo, poco
después quedó viuda y con un hijo pequeño.
En 1999, siguiendo el consejo de un médico,
viajó a Bogotá para participar en una reunión
de mujeres convocada por el Programa Conjunto de las Naciones
Unidas para el VIH/Sida (Onusida) y la Liga Colombiana de
Lucha contra el Sida.
"Llegar a ese encuentro fue como
abrir un gran portón", relató Cossio a
IPS. Al escuchar a otras mujeres relatar sus experiencias
entendió que no era la única, la primera, ni
la última infectada.
"Di el primer paso para conocerme
a mí misma y sacar todo el dolor que tenía adentro",
agregó.
Ahora, Cossio es estudiante de psicología
y una de las siete líderes del Proyecto Girasol, parte
de la Red Nacional de Mujeres Positivas, una de las organizaciones
colombianas más importantes en este ámbito,
junto a la mencionada Liga, Fundamor (que trabaja con niños)
y la Fundación Eudes.
Entre 1983 y junio de 2002 se reportaron
en Colombia 27.965 casos de VIH (4.485 mujeres y 23.265 hombres,
más 215 en que no se precisa sexo), aunque las proyecciones
epidemiológicas estiman la cantidad real de infectados
en 173.000, en un país de 43 millones de habitantes.
En Colombia, al igual que en Venezuela y
la mayoría de los países latinoamericanos, la
discriminación laboral ante el VIH es rampante.
"La Constitución de 1999
prohíbe realizar exámenes médicos sin
consentimiento del interesado o con propósitos discriminatorios,
como los instrumentados por empresas para no emplear a portadores
de VIH, pero muchos empleadores y compañías
aseguradoras aún practican esas pruebas", dijo
a IPS Alberto Nieves, director de Acción Ciudadana
contra el Sida (Accsi) de Venezuela.
Accsi es una de las 17 organizaciones no
gubernamentales caraqueñas de la Red Venezolana de
Gente Positiva, que reúne a otras 14 en el resto del
país.
Según el Ministerio de Salud de Venezuela,
hay 10.325 personas registradas como enfermas de sida, aunque
se estima que unas 60.000 padecen la enfermedad y que unos
250.000 venezolanos, en 24 millones de habitantes, contrajeron
el virus.
En Argentina se han multiplicado las organizaciones
que trabajan en la temática.
Algunas fueron creadas por minorías
sexuales, otras por abogados que luchan por los derechos de
los enfermos, otras actúan en el campo de los derechos
reproductivos de las mujeres portadoras, así como grupos
de autoayuda de los propios afectados.
Entre los 37 millones de habitantes de Argentina,
se calcula que unas 140.000 personas viven con VIH, mientras
los enfermos de sida reportados por el Ministerio de Salud
son 25.500.
Alejandro Freire, líder de la organización
Buenos Aires Sida, dijo a IPS que los sectores más
afectados por la discriminación son las mujeres pobres,
homosexuales, travestis y jóvenes.
Los travestis, por ejemplo, son expulsados
de los centros de salud. Aunque los hombres homosexuales constituyen
40 por ciento del total de enfermos, la asistencia oficial
que reciben es inferior a ese porcentaje.
A los jóvenes se les niega el suministro
de condones en los hospitales "porque no traen permiso
de los padres", señaló Freire.
"La discriminación es básicamente
ignorancia. Está basada en la falta de información.
Se pide un test de sida como parte de los análisis
prequirúrgicos, cuando eso no tiene ningún sentido,
porque los médicos deben cuidarse siempre con todos
los pacientes, no con los que saben que tienen sida",
sostuvo el dirigente.
Una excepción dentro del panorama
discriminatorio ante el VIH en América Latina es Cuba,
país con 11,2 millones de habitantes, que registra
0,03 por ciento de infección por VIH, el índice
más bajo de la región, según el Programa
Conjunto de las Naciones Unidas para el VIH/Sida (Onusida).
En ese país, las personas con VIH
reciben del Estado alimentación especial, tienen atención
médica garantizada y tratamientos gratuitos con terapias
antirretrovirales.
Pero la historia cubana registra una política
represiva contra los seropositivos: hasta inicios de los años
90, todos los portadores eran obligados a vivir aislados.
Fue entonces cuando se formó el Grupo de Prevención
Sida del sanatorio de Santiago de las Vegas, cerca de La Habana.
Los miembros del grupo salieron a las calles
portando carteles con su nombre y la leyenda "soy VIH
positivo". Su acción contribuyó a modificar
la política oficial y a que se abrieran vías
para poner fin a la segregación.
Aunque aún se mantiene el sistema
de sanatorios para los seropositivos, mediante la aprobación
de una comisión médica la mayoría logra
vivir fuera de ellos y sólo una pequeña cantidad
de portadores del virus se encuentra bajo internación
permanente.
* Artículo producido por IPS, con
colaboración de la Organización Panamericana
de la Salud (OPS), con motivo del 1 de diciembre, Día
Mundial de la Lucha Contra el Sida. Con aportes de Marcela
Valente/Argentina, Yadira Ferrer y María Isabel García/Colombia,
Dalia Acosta/Cuba y Humberto Márquez/Venezuela. |