| BUENOS
AIRES (IPS)
La producción y exportación de gas crecieron
sin pausa en Argentina estimuladas por la privatización
del sector en los años 90. Pero las fallas de control
estatal en ese proceso, que llevó a incumplimientos
en inversiones, están entre las causas centrales de
la actual crisis energética, según expertos.
Ese modelo de expansión descontrolada muestra ahora
su peor cara, con fuerte caída en las reservas gasíferas,
falta de energía para la industria y aún con
casi la mitad de los 37 millones de argentinos sin poder acceder
al gas natural por cañería.
La crisis desatada en las últimas semanas, que amenaza
con derivar en cortes de suministros de energía, tiene
su origen en la decisión del gobierno de Carlos Menem
(1989-1999) de privatizar y cambiar la regulación de
un sector estratégico como es el de los hidrocarburos,
señalan economistas de diversos sectores relacionados
con el tema.
Tras las privatizaciones de Yacimiento Petrolíferos
Fiscales (YPF) y de Gas del Estado en el primero de los dos
periodos de gobierno de Menem, Argentina devino en exportador
de hidrocarburos. Así, las inversiones en infraestructura
crecieron en función de la nueva demanda externa, pero
se frenaron completamente las obras destinadas al mercado
interno.
"En
ese momento los hidrocarburos dejaron de ser un bien estratégico
para pasar a ser una mercadería comercializable, un
commodity", explicó a IPS Gustavo Callejas, experto
en energía y ex secretario de Combustibles y que ahora
integra el grupo MORENO (Movimiento por la Recuperación
de la Energía Orientadora).
Con ese enfoque coinciden, aunque con matices, la Federación
de Trabajadores de la Energía, el Grupo Fénix,
que integran economistas de la estatal Universidad de Buenos
Aires críticos del modelo neoliberal, y expertos de
la consultora privada Alpha, fundada por ex funcionarios del
área energética.
Asimismo, la Auditoría General de la Nación
sostuvo que desde mediados de los años 90 observa "fallas
estructurales" en el control de las inversiones que las
empresas en uso de licencias se comprometieron a realizar
para justificar aumentos de tarifas. "Hay una negligencia
crónica en el control", denunció el responsable
del área, Leandro Depouy.
Desde la privatización, las exportaciones de petróleo
y gas natural se incrementaron "en forma insensata",
sin hacer caso de las leyes locales que exigen a las firmas
privadas del sector asegurar primero el abastecimiento del
mercado nacional y "conservar un adecuado nivel de reservas"
antes de exportar, aseguró Callejas.
En Argentina, la producción de gas creció de
19.000 millones de metros cúbicos a comienzos de la
década del 90 a más de 50.000 millones en la
actualidad. El año pasado, 20 por ciento de esa producción
fue destinada al mercado externo.
Pero, simultáneamente, en 2003 la economía creció
8,7 por ciento y ese despegue repercutió en una mayor
demanda de energía. En el caso del gas, el consumo
aumentó ocho por ciento en el sector residencial, 11
por ciento en el segmento industrial y 70 por ciento en ese
combustible vendido de modo comprimido para automóviles.
Sin embargo, los beneficios del incremento de producción
gasífera no llegaron a todos por igual. El 44 por ciento
de la población argentina todavía no tiene acceso
al gas natural y debe recurrir para su uso al que se vende
de modo líquido envasado, mucho más caro que
el distribuido por red.
Es que el último gasoducto que se construyó
para abastecer al mercado nacional data de 1988 y fue responsabilidad
de la empresa que aún estaba bajo la órbita
estatal, aclaran los expertos consultados por IPS.
En cambio, el capital privado que explota los recursos gasíferos
desde 1992 invirtió en nueve gasoductos para facilitar
la venta a Chile, que constituye 70 por ciento de las exportaciones
de ese combustible argentino que también llegan a Brasil
y Uruguay.
"A
las privatizadas no les interesa proveer este recurso natural
a un pueblo sin trabajo", comentó José
Rigane, del sindicato que reúne a los trabajadores
de la energía. Las firmas transnacionales Repsol-YPF,
Petrobrás y Pan American Energy son algunas de las
principales operadoras que no invierten en el mercado local
ni tampoco en exploración, apuntó.
El modelo privado implantado en Argentina llevó a que
las reservas de gas natural, que al momento del cambio de
regulación preveían el abastecimiento al país
por 35 años, cayeran ahora al punto de sólo
cubrir los próximos 10 años, advirtió
el economista Martín Schor, de la Facultad Latinoamericana
de Ciencias Sociales, en coincidencia con Callejas.
El esquema de explotación orientado al mercado externo
se fue delineando también como consecuencia de la política
de precios. Callejas señaló que, aun cuando
la producción de un barril de petróleo le cuesta
a las empresas cuatro dólares, los argentinos deben
pagarlo 28,5 dólares, que es el precio en el mercado
internacional.
Lo mismo quieren hacer las firmas privadas con el valor del
gas, sostuvo Callejas. El precio del gas quedó rezagado
luego de la devaluación de la moneda argentina a comienzos
de 2002, cuando se derogó la ley de convertibilidad
que puso por 10 años la paridad de un peso igual un
dólar.
Desde entonces, el precio de cada unidad de medida inglesa
para exportación es de 1,50 dólares mientras
que al mercado local la unidad se comercializa a 0,40.
Esa diferencia permitió a las centrales térmicas
y a las industrias abastecerse de gas a un precio que la consultora
Alpha consideró "retrasado" respecto del
que las mismas firmas pueden conseguir con sus ventas a Brasil,
Chile o Uruguay. Para la consultora, esa diferencia explica
las mayores inversiones en gasoductos con esos países
limítrofes.
En el informe del Grupo Fénix, elaborado a fines de
marzo a raíz de la crisis energética, también
se señala que las reservas disminuyeron y que no se
han construido gasoductos para la red local desde la privatización,
y acusan a las empresas de poner en práctica una maniobra
para "mejorar los precios" internos.
Casi todos los observadores coinciden en que ahora solo resta
que el gobierno argentino de Néstor Kirchner fije una
política efectiva para evitar que se profundice la
crisis.
Hasta ahora, las autoridades ordenaron restringir las exportaciones
de "excedentes" de gas, lo cual provocó reclamos
de Chile en particular, aceptó importar el fluido de
Bolivia y de Brasil y estudia aplicar impuestos a las empresas.
No obstante, los expertos sostienen que esas medidas sólo
servirán para paliar apenas la crisis o para aplazar
los costos de tener que aplicar cortes de suministro de electricidad
por falta de una adecuada provisión de gas natural
a las centrales térmicas, que aportan casi la mitad
de ese tipo de energía al país. (FIN) |