| MEXICO
(IPS)
El gobierno de México sentó un precedente mundial
al derrotar a Estados Unidos en la Corte Internacional Justicia,
con sede en La Haya, en un proceso legal interpuesto por los
atropellos que habrían sufrido en ese país 51
mexicanos condenados a muerte.
No obstante, observadores locales advirtieron que ese triunfo
podría no traducirse en hechos concretos, pues vaticinan
que Estados Unidos no acatará el fallo. Esa posibilidad
no es descartada tampoco por el gobierno mexicano de Vicente
Fox.
La Corte
dictaminó el 31 de marzo que Estados Unidos violó
los derechos consulares de 51 mexicanos en los respectivos
casos que los llevaron a ser sentenciados a muerte en ese
país, al no garantizarles la posibilidad de asistencia
consular al momento de ser detenidos y procesados.
”Estados
Unidos debe realizar por medios de su propia elección,
una revisión significativa de las sentencias y las
condenas”, dijo el juez chino Shi Jiuyong, presidente
de la Corte Internacional.
Tras
conocerse el dictamen, el presidente Fox señaló
que su país recibe con júbilo la resolución
y la considera un triunfo del derecho internacional y de los
derechos humanos.
Por su
parte, la cancillería mexicana señaló
que el fallo del máximo organismo judicial de la Organización
de las Naciones Unidas (ONU), radicada en Holanda, ”constituirá
una herramienta jurídica única” para otros
países que deseen defender a sus nacionales en el extranjero.
Aunque
afirmó que el dictamen de la Corte es ”definitivo
e inapelable”, una fuente del gobierno que prefirió
se omita su nombre, declaró a IPS que podría
no ser atendido por Estados Unidos. En ese caso, el tema sería
puesto a consideración del Consejo de Seguridad de
la ONU, tal como lo estipulan las normas del tribunal, indicó.
México
acusó en enero de 2003 a Estados Unidos en la Corte
de La Haya por su presunto incumplimiento de la Convención
de Viena sobre Relaciones Consulares, por entender que no
había permitido que sus connacionales arrestados en
el vecino país del norte recibieran asistencia consular
luego de ser detenidos.
El equipo
de abogados estadounidenses, liderado por William Taft, consejero
jurídico del Departamento de Estado, y Sir Eliu Lauterpacht,
profesor honorario de la británica Universidad de Cambridge,
sostenían a capa y espada que las acusaciones mexicanas
eran infundadas.
Aunque
en alguno de los casos la asistencia consular pudo faltar,
de haberse dado, no hubieran alterado en nada la sentencia
a pena de muerte dictada por los jueces, argumentaban los
abogados.
Taft,
ex embajador estadounidense ante la Organización del
Tratado del Atlántico Norte, declaró en el alto
tribunal internacional que la demanda mexicana representaba
una intromisión en su sistema de justicia y atentaba
contra su soberanía, así como una injerencia
a las decisiones que son competencia exclusiva de los estados
de su país y no del gobierno central.
Pero
en el fallo, la Corte indicó que Estados Unidos ”tiene
la obligación de permitir una revisión”
inmediata de las sentencias de los condenados a muerte, a
través de sus propios tribunales.
Además,
para casos futuros le ordenó garantizar el respeto
de asistencia consular. No obstante, reconoció que
ese país hace actualmente ”esfuerzos considerables”
en este sentido.
Por tratarse
de cuestiones de principio en torno a la aplicación
general de la Convención de Viena, la resolución
de la Corte podría beneficiar a otros condenados a
muerte en Estados Unidos, que no son mexicanos, pero sí
extranjeros en ese país, apuntó la cancillería
mexicana.
Según
el politólogo mexicano Alfonso Zárate, a pesar
de la resolución, Washington seguirá la línea
de su política unilateral y no respetará el
fallo de la Corte.
La Corte
Internacional de Justicia ordenó en 2002 a Estados
Unidos suspender la ejecución del alemán Walter
La Grand, con el argumento de que no le permitió tener
asistencia consular. No obstante, fue ejecutado.
Así,
en febrero de 2003, México consiguió que la
Corte ordenara a Estados Unidos suspender la ejecución
de tres mexicanos condenados a muerte, por considerar que
su caso estaba siendo conocido en ese tribunal.
Empero,
los procesos en Estados Unidos no sufrieron cambios y uno
de los ya condenados tiene incluso fecha para ser ejecutado.
Se trata de Osvaldo Torres, quien podría morir en mayo
en el estado de Oklahoma.
La demanda
original de México contra Estados Unidos en La Haya
fue interpuesta para resolver la situación de 54 mexicanos,
pero por indultos y otros asuntos quedó reducida a
51.
El activista
de grupos humanitarios Patricio Torres opinó que, aunque
la resolución de la Corte tiene una fuerza moral importante,
difícilmente Estados Unidos la cumplirá.
Estados
Unidos fue el primer país en acogerse voluntariamente
a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia,
pero nunca recibió una condena hasta 1986, cuando se
emitió el fallo que ordenó el cese de la agresión
a Nicaragua y que llevó a Washington a denunciar el
acuerdo.
”Es
casi imposible que Estados Unidos pueda ordenar a los gobiernos
y las cortes de uno o varios de sus estados que se revise
el caso de los condenados a muerte, pues en ese país
hay una tradición federalista muy fuerte”, señaló
Torres a IPS.
La última
ejecución de un mexicano en Estados Unidos se registró
en agosto de 2002 en el meridional estado de Texas y fue la
quinta en ese país desde 1976. Se trató de Javier
Suárez, asesino confeso de una agente antinarcóticos.
México,
al igual que la mayoría de los países del mundo,
se opone a la pena de muerte, que tiene plena vigencia en
Estados Unidos desde 1976, luego de un periodo de cuatro años
en el que permaneció suspendida.
La organización
humanitaria Amnistía Internacional, con sede en Londres,
sostiene que la pena capital es una expresión de barbarie
y que su aplicación tiene un fuerte sesgo racista.
Casi la mitad de los más de 3.000 sentenciados que
aguardan la muerte en Estados Unidos son negros, latinoamericanos
o asiáticos. (FIN) |