| MONTEVIDEO (IPS) Los
paños fríos puestos a regañadientes por
los gobiernos de Uruguay y Argentina no logran disimular sus
frontales diferencias respecto de la cura para las heridas
abiertas de las dictaduras de los años 70 y en materia
de política externa, lo cual augura nuevas turbulencias.
Las añejas relaciones cordiales entre uruguayos y
argentinos, apenas sobresaltadas por algún friccionado
partido de fútbol o la cuna de Carlos Gardel, aparecen
hoy más revueltas que las barrosas aguas del Río
de la Plata, que muchas veces sirvió de unión
y no de frontera entre dos pueblos con historias estrechamente
ligadas.
El último capítulo, que tuvo como centro el
reclamo argentino para conocer el destino de la nuera del
poeta Juan Gelman desaparecida en Uruguay en 1976, fue cerrado
por el gobierno de Jorge Batlle con un documento detallando
los pasos dados para investigar lo ocurrido durante la dictadura
(1973 a 1985), "sin adjetivos" para no echar más
leña al fuego.
En Buenos Aires aceptaron el mensaje de paz y dejaron que
organizaciones humanitarias y otras voces ajenas al gobierno
señalaran, con el mismo énfasis que antes lo
habían hecho portavoces oficiales, que el texto uruguayo
nada nuevo revelaba sobre el destino de los desaparecidos
en ese país ni de la familiar de Gelman, María
Claudia García Irureta Goyena.
Es que el extenso comunicado uruguayo se remitió
a resumir lo actuado y divulgado por la Comisión para
la Paz, conformada en 2000 con personalidades de distintos
sectores, que oficializó por primera vez el reconocimiento
de los atropellos contra la humanidad cometidos por la dictadura
y confirmó que casi 30 desaparecidos murieron en sesiones
de tortura en centro militares o policiales.
Tras ello, queda en evidencia que el gobierno argentino
de Néstor Kirchner baja la voz por el momento, pues
no ha obtenido respuesta sobre el destino de García
Irureta Goyena, un asunto planteado como "cuestión
de Estado" en una cumbre de mediados de 2003 en Colonia,
la ciudad uruguaya ubicada frente a la capital argentina.
Ahora será la justicia la que hablará, dijeron
en el entorno de Kirchner y de su canciller, Rafael Bielsa,
amigo personal de Gelman, cuyo hijo fue asesinado por la dictadura
argentina (1976-1983) y su nuera secuestrada en Buenos Aires
con un embarazo de siete meses, trasladada a un centro de
detención clandestino de Montevideo y asesinada tras
dar a luz a una niña.
La referencia es a la querella presentada en Buenos Aires
por el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde,
y a la reactivación de otras causas adormecidas por
dos leyes de amnistía anuladas en 2003 a instancias
de Kirchner y que habían alejado de los tribunales
a cientos de acusados de violar los derechos humanos en la
dictadura.
En algunas de esas demandas y en la que se sustancia para
investigar el Plan Cóndor, nacido en Chile para coordinar
la acción represiva de las dictaduras del Cono Sur
de América, figuran varios uniformados uruguayos entre
los primeros a ser imputados, incluidos los posibles asesinos
de la nuera de Gelman y apropiadores de su hija, encontrada
por el poeta en 2000 en Montevideo.
A esos posibles pedidos de extradición, además
de las causas locales que puedan surgir, le temen militares
uruguayos en retiro o actividad, como dijo un preocupado ministro
de Defensa, Yamandú Fau, en la primera reunión
de gabinete del año, según publicó el
semanario Búsqueda.
Un pedido de ese tipo para cinco oficiales, entre ellos
José Gavazzo, ya fue dejado en un cajón de la
cancillería sin tramitar pues, según el gobierno,
los requeridos están amparados por la ley de Caducidad
Punitiva del Estado, confirmada en plebiscito en 1989 y que
dejó sin castigo penal a todos los militares y policías
que violaron los derechos humanos entre 1973 y 1985.
También serán requeridos militares y policías
uruguayos a los tribunales argentinos si prospera una demanda
que se propone presentar en febrero el senador Rafael Michelini,
para conocer a los autores del asesinato en 1976 en Buenos
Aires de su padre, el entonces senador Zelmar Michelini, y
del diputado Héctor Gutiérrez Ruiz.
Por eso, tras los respectivos recesos judiciales de enero
en Argentina y Uruguay, se volverá a tensar la cuerda
en torno a las heridas abiertas en los años 70 y comienzos
de los 80, que costaron cientos de miles de presos políticos
en los dos países y casi 200 desaparecidos uruguayos
y unos 30.000 argentinos, según grupos humanitarios.
En Uruguay sigue vigente la Ley de Caducidad y Batlle, el
único mandatario desde la recuperación democrática
que mostró alguna voluntad de investigar lo ocurrido
como establece el artículo cuarto de esa norma, sólo
ha llegado hasta las puertas de los cuarteles.
De eso lo acusa Gelman, quien dice tener datos de que los
restos de su nuera pueden hallarse en uno de esos centros,
pero supone que Batlle está presionado por integrantes
de su propio y tradicional Partido Colorado cómplices
de la dictadura y su desmanes.
Pero las disputas entre Batlle y Kirchner no se quedan en
sus diferencias en el modo de resolver las cuentas del pasado,
sino que abarcan visiones contrapuestas sobre las relaciones
exteriores y, en especial, la manera de ver el mundo y de
elegir aliados. De allí el temor de muchos de que "la
sangre finalmente llegue al río".
La verborragia de Batlle, uno de tantos naturales de ambos
países con raíces familiares compartidas, que
lo llevó a calificar a los argentinos de "ladrones
del primero al último" en su afán de sintetizar
las causas del colapso de ese país de fines de 2001,
es ubicada por algunos analistas como la primera piedra del
escándalo rioplatense.
Si bien el tropiezo de Batlle en 2002 ante cámaras
que creyó apagadas de la cadena de televisión
estadounidense Bloomberg quedó marcada a fuego en la
memoria de los "acusados", pocos dudan que la llegada
de Kirchner al poder marcó un quiebre en las posturas
convergentes entre ambos países en el Mercosur y otros
ámbitos internacionales.
También significó la presencia en Buenos Aires
y Montevideo de dos gobernantes que se caracterizan por escapar
al protocolo y a "las buenas costumbres" diplomáticas
que dicen que las diferencias se discuten a voz en cuello
siempre y cuando se esté lejos de oídos indiscretos
y sólo salen a la superficie cuando ya nada queda para
zanjarlas.
Tanto Batlle como Kirchner han tenido a mal traer a sus
respectivos cancilleres, y esta vez no fue la excepción.
Les tocó apagar el incendio a los ministros de Relaciones
Exteriores Didier Opertti, de Uruguay, y Bielsa, de Argentina.
Pero también ellos han polemizado cuando del Mercosur
se trata. Opertti ha vuelto a señalar con énfasis
que no entra en los planes del bloque actual ninguna entidad
política, como puede ser el parlamento propuesto por
Brasil con apoyo entusiasta de Argentina.
Es que Batlle mira más al norte de América
que a sus vecinos próximos. Estados Unidos fue desde
el comienzo de su mandato la meta en materia comercial, mientras
Kirchner se acercó a Lula para fortalecer el bloque
con la integración económica subordinada a la
política. Así se llegó al llamado Consenso
de Buenos Aires, donde los dos hermanos mayores de la región
dejaron de lado a Uruguay y Paraguay.
Tampoco se llevan bien en otras arenas internacionales.
Uruguay desechó seguir a Brasil y Argentina en el llamado
Grupo de los 20 países en desarrollo que se oponen
a las pretensiones de Estados Unidos y la Unión Europea
en distintas instancias de la Organización Mundial
del Comercio.
Pero la gota que comenzó a derramar el vaso en este
culebrón rioplatense sin duda lo marcó la última
Cumbre del Mercosur, en diciembre en Montevideo, donde Kirchner
no tuvo remilgos en mostrar sus simpatías por Tabaré
Vázquez y su izquierdista Encuentro Progresista-Frente
Amplio, que según las encuestas es el que tiene más
posibilidades de llegar al gobierno en las elecciones de fines
de este año.
Por eso no extrañó un diálogo poco
común entre presidentes atribuidos a ambos en la Cumbre
Iberoamericana, que se realizó en noviembre en la central
ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra, recogido por
medios argentinos y referido al caso Gelman.
"No, deje, no me explique nada. Ya lo va a investigar
Tabaré", dicen que espetó Kirchner al rostro
de un sorprendido Batlle luego que éste intentara aclarar
su decisión de no seguir investigando el destino de
García Irureta Goyena por entender que el casó
está comprendido en la ley de Caducidad. (FIN)
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