| MEXICO (IPS) La guerrilla
zapatista controla en un rincón del sudoriental estado
mexicano de Chiapas un sistema con rasgos de autoritarismo,
persecución de opositores, tráfico de indocumentados,
cobro ilegal de impuestos y violencia, según el gobierno.
Pero para los seguidores del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN), que cumplió el 1
de enero 10 años en escena, la historia es otra: en
esa zona "liberada" hay un nuevo poder comunitario
que respeta las normas y tradiciones indígenas.
Es difícil saber cuál es hoy la realidad de
los nativos que integran el EZLN, pero seguramente en ambos
puntos de vista opuestos hay algo de cierto, dijo a IPS el
investigador Jorge Matías, de la Universidad Nacional
Autónoma de México.
Según varios estudios coincidentes, a mediados de
los años 80 llegaron a Chiapas integrantes de un frente
político de izquierda, mestizos en su mayoría
o todos ellos, que junto con los nativos de la zona desarrollaron
un proyecto de guerrilla.
El 1 de enero de 1994 irrumpieron en escena y declararon
la guerra al gobierno del presidente Carlos Salinas (1988-94).
El documento, "Diagnóstico del EZLN", elaborado
por el Grupo de Coordinación Chiapas, de la Secretaría
(Ministerio) de Gobernación (Interior), afirma que
en la zona controlada por los zapatistas los servicios sociales
del gobierno son hoy rechazados, hay violencia de diverso
tipo y hasta casos de cultivo y tráfico de drogas ilegales.
La superficie de Chiapas es 75.634 kilómetros cuadrados,
3,7 por ciento de la total de México, y los territorios
zapatistas abarcan menos de 15 por ciento del área
de Chiapas. Ingresar a ellos es una posibilidad vedada para
la mayoría de mexicanos.
El grupo y sus bases sociales de apoyo en Chiapas, integradas
casi en su totalidad por indígenas, mantienen instalados
numerosos retenes donde se detiene a toda persona ajena foránea,
incluyendo periodistas, a quienes se les niega todo chance
de hablar con los portavoces de la organización.
En agosto, la dirigencia del EZLN, que desde los primeros
meses de 2001 se mantiene al margen de la actividad política,
anunció la instalación de cinco "juntas
de buen gobierno" en Chiapas, para dar un nuevo aliento
a las formas de organización autónoma que ejerce
de facto desde que se levantó en armas.
Alejada hoy de la política y sumida en el silencio,
la guerrilla que no dispara un solo tiro desde la segunda
semana de su irrupción en escena, y tampoco es atacada
gracias a una ley de pacificación, afirma que en su
territorio priman la justicia, la vida comunitaria y el respeto
al ambiente.
Según explicó el año pasado el subcomandante
Marcos, la figura más notoria del zapatismo, las juntas
de buen gobierno, también llamadas "caracoles",
buscan ser "como puertas para entrar a la comunidades
y que las comunidades salgan, como ventanas para vernos dentro
y para que veamos afuera".
No se sabe con exactitud cuantos nativos viven bajo la égida
del EZLN, pero cálculos extraoficiales señalan
que serían menos de 100.000.
Cuando el grupo declaró la guerra al gobierno, prometió
avanzar hasta la capital y tomar el poder, pero luego mudó
su discurso para centrarse en demandas de democracia política,
respeto a los derechos y cultura indígenas y exhortaciones
a organizar la sociedad civil en pos de la justicia.
El diagnóstico elaborado por el gobierno del presidente
Vicente Fox afirma que en la zona zapatista se registraron
en 2003 constantes violaciones a la ley.
Activismo de grupos extranjeros, agresiones, acoso a grupos
indígenas opuestos a la guerrilla y tráfico
de indocumentados, de armas y drogas ilegales son parte de
los hechos reportados.
"Los zapatistas han intensificado su movilidad realizando
acciones de hostigamiento o de violencia contra quienes no
se someten a sus leyes", afirmaron los autores del documento.
También mencionaron disputas por terrenos y por el
control del transporte colectivo que sirve a la zona, así
como cobro ilegal de impuestos y rechazo a toda ayuda oficial.
En el Grupo de Coordinación de Chiapas, responsable
del documento, participan el secretario de Gobernación,
Santiago Creel, varios subsecretarios, la estatal Comisión
para la Paz y Reconciliación, el Centro de Investigación
y Seguridad Nacional, la Policía Federal y representantes
del gobierno de Chiapas.
Desde que Salinas decretó un alto al fuego en 1994
e inició diálogos con los guerrilleros, los
nativos del grupo asumieron el control de su territorio y
se mantienen atrincherados.
Sólo en 1995 ese control tuvo un paréntesis,
cuando el gobierno del presidente Ernesto Zedillo (1994-2000)
ordenó una ofensiva militar en la zona, que no recibió
respuesta de los guerrilleros, quienes prefirieron huir junto
con sus bases de apoyo.
Esa ofensiva fue interrumpida por presiones de grupos civiles
y políticos, y los nativos que habían huído
comenzaron a regresar a sus tierras de manera parcial.
Para fines de 2000, cuando Fox asumió la presidencia,
se ordenó el retiro del ejército y el EZLN volvió
a ejercer pleno control de las zonas de cañadas y selvas
de Chiapas.
La democracia se fortaleció con la llegada al gobierno
de Fox, el primer presidente ajeno al Partido Revolucionario
Institucional en siete décadas, mientras el EZLN se
mantiene en silencio y se niega a reanudar los diálogos
de paz, interrumpidos desde 1996..
Sus últimos movimientos políticos se realizaron
en 2001, cuando sus máximos jefes realizaron un viaje
hasta la capital con anuencia y protección del gobierno,
para pedir a los parlamentarios una ley sobre derechos indígenas.
El Poder Legislativo aprobó una ley en la materia
que no satisfizo a los zapatistas, que desde entonces permanecen
en el territorio que controlan para desarrollar, según
dicen, la verdadera autonomía indígena.
El gobierno alega que ese ejercicio de poder se asocia con
numerosas a la ley y acciones violentas entre nativos.
Fox se mantiene abierto a dialogar con los zapatistas, afirma
que jamás los atacará y dice trabajar como nadie
a favor de los derechos de los indígenas, la principal
bandera de los guerrilleros.
En México hay alrededor de 10 millones de nativos,
cuya gran mayoría es pobre, un hecho que se mantienen
sin variaciones a pesar del levantamiento zapatista y de las
promesas de los sucesivos gobiernos de Salinas, Zedillo y
Fox (FIN)
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