| BUENOS
AIRES (IPS)
Una nueva ley laboral fue sancionada en Argentina, derogando
la aprobada hace cuatro años en un trámite sospechoso
de corrupción. Pero los críticos ven poco avance
en la protección de los derechos de los trabajadores
en un contexto de gran desempleo.
Con 215 votos a favor y 23 en contra, la Cámara de
Diputados aprobó el 3 de marzo la ley que empieza por
derogar la sancionada en la gestión de Fernando de
la Rúa (1999-2001) y que derivó en un escándalo
por las denuncias de pago de sobornos a un grupo de senadores
a cambio de su voto favorable a la reforma.
”El balance
indica que ésta ley es un paso adelante, pero muy limitado”,
reconoció a IPS el senador Rubén Giustinianni,
del opositor Partido Socialista, único legislador de
la cámara alta que en febrero votó contra el
proyecto enviado por el gobierno de Néstor Kirchner.
”Con un
ejército de desocupados pujando por entrar al mercado,
la principal norma de flexibilización laboral es la
realidad misma”, lamentó el senador. Con esta
idea coincidieron numerosos legisladores que votaron por sí
a regañadientes, concientes de que es un avance magro
en la defensa de derechos laborales.
El desempleo es
la primera preocupación de los argentinos, según
encuestas. La tasa de desocupación bajó de 17,8
a 14,3 por ciento en el último año, aunque si
se descuentan los jefes y jefas de hogar desocupados que reciben
subsidios, y que el gobierno considera en situación
de empleo, la tasa subiría a 21,4 por ciento.
Además,
la contratación ilegal, sin los correspondientes beneficios
sociales, alcanza a más 60 por ciento de los asalariados
y hay 18,4 por ciento de subempleados, es decir que trabajan
menos de seis horas diarias pero quisieran trabajar más.
Una encuesta de
la consultora Equis señala que los salarios son tan
bajos que 54,7 por ciento de la población total (37
millones de personas) sigue en la pobreza ”tenga o no
trabajo”, porque sus ingresos en promedio no alcanzan
a cubrir el costo de la canasta básica de subsistencia.
El Bloque Piquetero
Nacional, una agrupación de desempleados liderada por
el izquierdista Partido Obrero, reclamó sin éxito
ante el Ministerio de Trabajo que se eliminaran de la ley
aspectos de flexibilización laboral contenidos en la
anterior reforma, pues no contribuyeron a crear empleo sino
a rebajar las condiciones de contratación.
La Unión
Industrial Argentina respaldó el proyecto aprobado
en febrero en el Senado y convertido en ley. La gremial patronal
sostuvo que la ley genera un espacio que ”favorece la
creación de empleo”, aunque criticó aspectos
que suponen una marcha atrás en la norma aprobada en
2000.
La llamada flexibilización
laboral fue adoptada paulatinamente en Argentina, así
como en muchos países en desarrollo en los años
90, con el argumento de mejorar la competitividad de las empresas,
aflojando sus obligaciones ante el trabajador y el Estado,
pero recortando los derechos laborales.
La flexibilización,
decían sus promotores, establecía así
condiciones más laxas para emplear personal, lo cual
redundaría en la creación de más puestos
de trabajo.
Para el senador
Giustinianni la nueva ley mantiene numerosos institutos propios
del concepto de flexibilización de las relaciones laborales
que imperó en los años 90 con el auge del modelo
neoliberal.
Pero, apuntó,
representa un avance respecto de la votada en 2000 en dos
aspectos relacionados con los convenios laborales, es decir
los que negocian trabajadores y empleadores.
La nueva norma
permite que un convenio mantenga vigencia hasta que se negocie
uno nuevo, al contrario que la anterior, que los consideraba
caducos transcurridos dos años y obligaba a una casi
continua renegociación de las condiciones de trabajo,
salarios y otros beneficios.
”Ahora el
trabajador puede negociar un nuevo convenio amparándose
en el viejo aún vigente”, destacó el senador.
Además,
la ley vigente defiende los convenios negociados por rama
de actividad.
La norma anterior
establecía que una empresa podía negociar con
sus empleados un convenio incluso menos favorable que el que
regía para el sector (generalmente acordado entre sindicatos
y gremiales patronales) y ahora sólo se permitirán
acuerdos por empresa si sus condiciones suponen más
beneficios para los trabajadores.
En cambio, criticó
Giustinianni, la nueva ley mantiene el llamado ”período
de prueba” y la rebaja de los aportes patronales al
sistema jubilatorio, dos institutos que irrumpieron en el
mundo del trabajo a mediados de los años 90, cuando
el desempleo llegó a 18,4 por ciento de la población
económicamente activa.
El período
de prueba permite al empleador contratar a un trabajador por
un lapso determinado y despedirlo sin pago indemnización.
Ese plazo, que la ley derogada había fijado en seis
meses baja ahora a tres, pero los críticos creen que
debió haberse eliminado.
”El período
de prueba es una institución paradigmática de
la flexibilización laboral, que llegó a América
Latina con la excusa de reducir el desempleo y que solo contribuyó
a hacer más precarias las condiciones de trabajo”,
aseguró el legislador. Dirigentes del Bloque Piquetero
coincidieron con esta crítica.
La reducción
de 30 por ciento en los aportes del empleador al sistema de
previsión social para los nuevos contratados en empresas
con menos de 80 empleados también es un tema controvertido.
La ley prevé que este beneficio rija hasta fin de año
y luego puede ser prorrogado por el Poder Ejecutivo.
La diputada Alicia
Castro, del opositor Frente para el Cambio, dijo a IPS que
ese tipo de beneficios son subsidios encubiertos para las
empresas y, lejos de contribuir a crear empleo, sirven para
desfinanciar la seguridad social y las rentas fiscales. (FIN) |