| BUENOS
AIRES (IPS)
Horas después de cerrar trato con el FMI, Argentina
muestra voluntad de alcanzar un rápido acuerdo con
los acreedores privados de la deuda externa, impaga desde
hace 27 meses, aunque sin modificar la oferta inicial de una
quita de 75 por ciento.
El jefe de gabinete, Alberto Fernández, aseguró
que el gobierno negoció con el FMI (Fondo Monetario
Internacional) "preservando intereses del país",
pero admitió que la discusión que llevó
a Argentina al borde de la suspensión de pagos con
el organismo se centró en un tema ajeno a las metas
comprometidas en el acuerdo de septiembre.
Desde Washington, el FMI emitió un comunicado en el
que su directora gerenta interina, Anne Krueger, destacó
que el país hizo "considerables progresos"
en su economía y crecerá este año 5,5
por ciento. También mencionó que Argentina adoptó
"un curso de acción específico" sobre
su deuda con privados.
El proceso por el cual el FMI altera los términos de
la discusión a fin de obtener finalmente un poco más
de lo que exige su intervención, fue calificado de
"arbitrario", "ilegítimo" y ”preocupante”
por un amplio abanico de economistas y políticos consultados
por IPS.
Coincidieron en esa opinión el economista Eduardo Curia,
cercano al ministro de Economía Roberto Lavagna, su
colega y diputado Claudio Lozano, de la Central de Trabajadores
de Argentina, el profesor Alejandro Vanoli, de la Universidad
de Buenos Aires y miembro del grupo de investigadores Plan
Fénix, y Adolfo Sutszeneger, vinculado a la opositora
Unión Cívica Radical.
Pero, en definitiva, esa forma de operar ha sido aceptada
por el gobierno.
En los últimos años, las discusiones entre Argentina
y el FMI se empantanaron siempre por exigencias como la aprobación
o derogación de leyes, la modificación de políticas
de reparto de impuestos con las provincias, el rescate a bancos
en crisis o los aumentos de las tarifas de servicios públicos.
”Pregúntele
al FMI”, fue la lacónica respuesta del ministro
de Economía, Roberto Lavagna, a IPS cuando unas semanas
atrás lo consultó por esta práctica que
los argentinos -utilizando una metáfora futbolística-
llaman ”correr el arco”: cuando el jugador se
apresta a lanzar el balón, el arco se mueve y otra
vez empieza la jugada.
La deuda externa argentina ronda los 145.000 millones de dólares,
de los cuales más de 80.000 millones se adeudan a bonistas
privados, que no ven dinero desde la crisis de diciembre de
2001. Pero cuando el país ostenta un crecimiento económico
de 8,4 por ciento en 2003, los acreedores exigen un esfuerzo
mayor.
En el último episodio, si bien el gobierno negoció
con dureza hasta último momento y rechazó varias
condiciones del FMI, no se negó a discutir en detalle
su propuesta para canjear la deuda con acreedores privados,
que no estaba en principio entre las condiciones para aprobar
la revisión de las metas fiscales.
El propio organismo se había declarado ”presidente”
en esa negociación.
Pero en las últimas semanas, presionado a su vez por
los representantes del Grupo de los Siete países más
poderosos del mundo (Alemania, Canadá, Estados Unidos,
Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón), centró
sus exigencias a Buenos Aires en los compromisos no honrados
con tenedores de bonos en el país y en el exterior.
En una rueda de prensa el 10 de marzo, la primera después
del acuerdo del día previo, el ministro Lavagna dijo
que el gobierno es ”el principal interesado” en
una solución definitiva con los acreedores privados,
y situó un posible entendimiento ”entre fines
de mayo y junio”.
A partir de entonces, el gobierno deberá volver a discutir
con el FMI las metas parciales del acuerdo que rige para este
año y será tiempo de negociar el superávit
fiscal que se exigirá al país en 2005 y 2006
que, ya se descuenta, el Fondo colocará por encima
del tres por ciento de 2003, que admitió a regañadientes.
Lavagna y Fernández anunciaron que se cursó
una invitación a 21 grupos de acreedores privados para
iniciar conversaciones en Buenos Aires entre el 22 de marzo
y el 16 de abril.
Esos encuentros serán individuales, en igualdad de
condiciones, y sin privilegiar a ningún grupo en particular,
contrariando lo que exigía el FMI.
En esas reuniones se escucharán propuestas y reclamos
pero remarcó que no se negociarán los términos
de la propuesta básica: una quita de 75 por ciento
del capital.
”Eso
no se modificará en lo más mínimo”,
advirtió el funcionario, aunque luego aclaró
que sí se podría ”perfeccionar”
la propuesta en su instrumentación.
Según los ministros, los bancos que colocarán
la nueva deuda serán ”asesores” del gobierno,
sin atribuciones para modificar la propuesta, y podrán
ser removidos de su labor por Argentina si no cumplen a satisfacción
con su papel.
En cuanto a eventuales litigios de los acreedores, Buenos
Aires cedió: aceptó la jurisdicción de
tribunales internacionales.
Finalmente, Fernández aclaró que la exigencia
de establecer en 80 por ciento el límite de aceptación
de los acreedores privados para considerar exitosa la propuesta
de canje, que sostenía el Fondo, también fue
rechazada.
”Vamos
a tratar de obtener el máximo de aceptación
posible pero sin parámetros fijos”, respondió
Lavagna. (FIN) |