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WASHINGTON
(IPS) Las amenazas venezolanas sobre el suministro
del petróleo a Estados Unidos empujan el precios al
alza, pero el mundillo conservador de Washington continúa
apuntando contra la dependencia de los yacimientos árabes.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, reiteró
el 10 de marzo su promesa de interrumpir las entregas a Estados
Unidos si el país norteamericano intentaba alguna vez
invadir el suyo.
Washington ha negado una y otra vez que pretenda el fin del
gobierno de Chávez, quien, sin embargo, afirma que
el gobierno de George W. Bush estuvo detrás del intento
de golpe de Estado que sufrió en 2002, y que continúa
apoyando a grupos de oposición.
Venezuela, donde los choques entre la oposición y el
oficialismo dejó 10 muertos en los últimos días,
es el tercer productor de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP) y el quinto del mundo,
y suministra a Estados Unidos 15 por ciento de sus importaciones
de crudo.
Chávez dijo al diario brasileño Folha de Sao
Paulo que su país vendería crudo a China, Europa
y ”países de América Latina, como Brasil”
en caso de que Estados Unidos ”intentara desestabilizar
a Venezuela por segunda vez o someterla a un bloqueo”.
”Si
Bush trata de desestabilizarnos, no tendrá ni una gota
más de petróleo” venezolano, había
advertido el presidente en una entrevista publicada el martes
por el diario parisino Le Figaro.
Chávez fue en 2000 el principal impulsor de la campaña
de contención de la oferta con que la OPEP y otros
países exportadores ajenos a la organización
lograron recuperar los precios, que se encontraban entonces
en su piso histórico.
Pero los problemas venezolanos fueron ignorados en una conferencia
organizada en Washington por los conservadores centros académicos
Brookings Institution y American Enterprise Institute (AEI).
La mayoría de los expertos que asistieron al foro del
5 de marzo insistieron, en cambio, en que la mayor amenaza
a la seguridad petrolera estadounidense continuaba procediendo
de Medio Oriente.
Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Arabes Unidos, Irán,
Iraq, Kuwait, Omán y Qatar representan 64 por ciento
de las reservas petroleras probadas del mundo. Sólo
Arabia Saudita controla 27 por ciento del suministro mundial.
De Medio Oriente procedió alrededor de 20 por ciento
del petróleo importado por Estados Unidos en 2002,
según el Departamento (ministerio) de Energía.
El principal exportador individual de petróleo al mercado
estadounidense fue ese año Canadá, seguido por
Arabia Saudita, México y Venezuela.
Los expertos conservadores consideran que los ”conflictos
étnicos y religiosos” y la ”guerra contra
el terrorismo”, declarada por Bush a raíz de
los atentados del 11 de septiembre de 2001, debilitaron el
vínculo comercial entre Estados Unidos y Medio Oriente,
hoy más frágil que nunca.
Israel, que recibe fuerte apoyo de conservadores estadounidenses,
es foco de uno de los tres grandes conflictos militares en
la región.
Los restantes --Afganistán e Iraq-- involucran directamente
como potencia ocupante a Washington, que también desarrolla
tareas militares y de inteligencia conjuntas con regímenes
autoritarios árabes para dejar fuera de fuego a los
sectores opositores.
Analistas petroleros conservadores también argumentan
que el petróleo puede ser empleado como arma si grupos
radicales toman el poder en algún país árabe,
y que la afluencia de dinero a un eventual gobierno de ese
corte elevaría el riesgo militar contra Israel.
Por otra parte, las autoridades israelíes temen que
líderes árabes empleen el gobierno para elevar
su influencia política mundial, especialmente frente
a Estados Unidos.
El conservador ex director de la Agencia Central de Inteligencia
(CIA) James Woolsey, impulsor de una intervención militar
en Medio Oriente en defensa de Israel, advirtió en
la conferencia sobre ”el uso posible del petróleo
como arma para afectar nuestra seguridad y nuestra conducta”.
Según Woosley, el crecimiento de la demanda mundial
se ve alentado por el crecimiento de la clase media y del
parque de automóviles en China e India, y buena parte
del suministro procederá de áreas del mundo
en las que todo es posible, desde un golpe a la interferencia
terrorista.
El ex jefe de la CIA, uno de los principales defensores de
la invasión a Iraq hace un año, sostuvo que
Estados Unidos debe no sólo reducir su dependencia
petrolera respecto de Medio Oriente, sino convencer a otros
importadores a hacer lo mismo.
Por su parte, el director del Instituto de Economía
Internacional, C. Fred Bergsten, sugirió desde las
páginas de la influyente revista Foreign Affaires que
Washington debería iniciar una campaña para
recortar los precios mundiales y reducir la dependencia del
petróleo árabe.
La iniciativa debe incluir a importadores como China y los
musulmanes Pakistán y Turquía, aliados de Estados
Unidos, para evitar acusaciones de ”cruzada antiislámica”,
escribió Bergsten.
Además, para dar un aire de ”multilateralismo”,
en la campaña deberían participar la Agencia
Internacional de Energía de la Organización
de Cooperación para el Desarrollo Económico
(OCDE), entre cuyos 30 miembros figuran todos los países
del Norte industrial, agregó.
Por otra parte, los expertos conservadores insisten en que
Estados Unidos impulse proyectos de energía atómica
para consumir menos petróleo. Las emisiones de combustibles
fósiles son, a la larga, tan letales como un desastre
nuclear, dijo el miembro de Brookings Institution James A.
Placke. (FIN) |