| PUERTO
ESPAÑA (IPS)
Con la Comunidad del Caribe llamando a todos los bandos en
el conflicto en Haití a respetar los derechos fundamentales
y las libertades civiles, un experto de la región exhorta
a América Latina a involucrarse en la solución
de la crisis política.
Brasil, en particular,
debería unirse a la búsqueda de soluciones en
Haití, donde la oposición demanda la renuncia
del presidente Jean Bertrand Aristide, dijo el profesor Vaughn
Lewis, del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad
de Indias Occidentales.
Lewis, quien duda
en que Aristide logre calmar el país antes de marzo,
como le exige la Comunidad de Naciones del Caribe (Caricom),
cree que el bloque regional debe subir un nivel más
las gestiones diplomáticas para ayudar a Haití
a salir de la crisis política.
”Se requiere
una combinación de Caricom, Estados Unidos y la Organización
de Estados Americanos (OEA). Pero Caricom debe unirse a países
latinoamericanos para ayudar en la situación”,
dijo Lewis a IPS.
”No es únicamente
Estados Unidos, que también es necesario. Hay una situación
emergente en América, una visión de conjunto,
especialmente desde Brasil, según la cual los asuntos
continentales deben abordarse de manera colectiva”,
agregó.
”Caricom
no puede actuar como garantía de estabilidad ni está
en posición para convencer a las fuerzas locales de
tomar ciertas decisiones”, según el experto.
El bloque regional
condenó el 10 de febrero el ”desorden y la anarquía”
en Haití, y urgió a todos los grupos ”que
tienen en sus corazones la paz y el bienestar de su pueblo
a aceptar la urgente necesidad de diálogo y a contenerse
de tomar medidas que signifiquen una escalada de violencia
y conduzcan a la anarquía”.
La declaración
se conoció cuando fuerzas rebeldes tomaron control
de varios poblados para exigir la renuncia de Aristide. Informes
extraoficiales indican que al menos 40 personas murieron desde
el inicio de la ofensiva opositora sobre ciudades como Gonaives
y St. Marc.
El 10de febrero,
el primer ministro de Trinidad y Tobago, Patrick Manning,
descartó cualquier tipo de intervención militar
para restaurar la paz, pero admitió que Caricom podría
enviar una misión armada de paz a Haití, isla
de más de siete millones de habitantes.
A fines de enero,
Manning y gobernantes de Jamaica, Santa Lucía y Bahamas
se reunieron con Aristide en Kingston para elaborar un plan
dirigido a poner fin a la crisis. Pero Aristide dejó
entonces en claro que no tiene intenciones de renunciar antes
de que concluya su periodo de gobierno, en 2006.
A comienzos de
ese mismo mes, los líderes caribeños se habían
reunido en Bahamas con representantes de la oposición
haitiana. A partir de esas reuniones, los gobiernos de la
región dieron a Aristide tiempo hasta marzo para calmar
la situación.
El presidente
haitiano acordó establecer un consejo asesor de base
amplia que integre a personalidades independientes y aceptables
para ambos bandos, dijo Patterson.
Aristide también
accedió a liberar a cualquier detenido de manera arbitraria
durante manifestaciones opositoras, a desarmar las pandillas
armadas y a derogar las normas que restringen las protestas
públicas.
Pero Lewis advirtió
que la oposición debería notar la intervención
de actores externos para ceder y permitir un acuerdo.
Aristide, líder
de la oposición a la dictadura que durante décadas
encabezó la familia Duvalier, fue derrocado por un
golpe militar en 1991, nueve meses después de alcanzar
por primera vez el gobierno.
En 1994, fue restaurado
en el poder por 21.000 soldados estadounidenses, en una operación
que costó 1.000 millones de dólares al gobierno
de Bill Clinton.
Pero la ayuda
de Washington se redujo en los últimos años,
mientras la economía de Haití, el país
más pobre de América, tambaleaba aun más
y la crisis política se agravaba.
La Organización
de Estados Americanos (OEA) y la Comunidad de Naciones del
Caribe (Caricom) se hicieron cargo, sucesivamente, de las
gestiones por el fin de la crisis.
El presidente
gobierna por decreto, pues el mandato de los legisladores
concluyó en enero.
Las protestas,
los gases lacrimógenos y los disparos son el pan de
cada día en Puerto Príncipe. Más de una
docena de radioemisoras quedaron fuera del éter, a
veces por la demolición intencional de sus antenas
transmisoras, a veces porque se redujo sus edificios a cenizas.
Cada semana aumenta
el saldo fatal de la crisis. Decenas de personas murieron
en actos de violencia política en los últimos
meses. La mayoría son opositores abatidos por policías
y, en ocasiones, por simpatizantes de Aristide que han operado
con impunidad. Pero los disparos mortales también partieron
de filas opositoras.
La oposición
atribuyó a un fraude el triunfo arrollador del gobernante
partido Lavalas en las elecciones parlamentarias de 2000,
y por eso postuló la abstención en las presidenciales
de ese mismo año, también ganadas por Aristide,
cuyo periodo de gobierno concluye en 2006.
El gobierno afirmó
que la oposición promueve un golpe de estado porque
teme comparecer a elecciones. Los opositores replicaron que
el gobierno de Aristide es ilegal.
Washington y la
Unión Europea (UE) continúan reclamando elecciones.
Aristide anunció en la Cumbre de las Américas
celebrada la semana pasada en Monterrey, México, que
habría comicios a fines de julio. (FIN)
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