| BUENOS
AIRES (IPS)
Un ex funcionario argentino recuerda a cada paso que durante
la administración de Fernando de la Rúa (1999-2001),
cuando las provincias negociaban con fuerza ante un presidente
debilitado, había un gobernador inflexible aunque cumplidor
a rajatabla una vez que asumía un compromiso que consideraba
justo.
Ese gobernador
era Néstor Kirchner, el actual presidente de Argentina,
quien al igual que cuando representaba a la austral provincia
de Santa Cruz mantiene desde hace cinco meses firme su propuesta
de una quita de 75 por ciento a los títulos de deuda
en poder de acreedores privados que fueran declarados en cesación
de pago en diciembre de 2001.
También
es quien advirtió que Argentina no apelará a
sus reservas internacionales de divisas para cancelar los
3.100 millones de dólares en obligaciones con el Fondo
Monetario Internacional (FMI) que vencen en marzo ”si
previamente no está el aviso del directorio (de ese
organismo) sobre la aprobación” de la segunda
revisión de las metas económicas acordadas.
Pero los agentes
de los llamados ”fondos buitres” no se quedan
en palabras al momento de rechazar la quita propuesta y ya
pasaron a la ofensiva recurriendo a la justicia de Estados
Unidos para que ésta declarara la inhibición
de venta hasta ahora de 15 propiedades del estado argentino
en ese país, por valor de unos 20 millones de dólares.
Los fondos buitres
es una identificación de los expertos de aquellos capitales
que se dirigen hacia las empresas o países en bancarrota
para comprar deudas bancarias o bonos 'chatarra' en mora a
precio muy deprimido para apostar a la recuperación
del valor de esos créditos.
El gobierno de
Kirchner se mantiene inflexible pese a esa fuerte presión,
que podría incrementarse en el corto plazo, aunque
por ahora es considerada simbólica porque la inhibición
impuesta a pedido del fondo buitre conocido por las siglas
NML es en reclamo de sólo 172 millones de dólares
y sobre valores de apenas 20 millones.
También
en las últimas horas han aparecido aliados de Argentina,
como el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, quien
se manifestó este jueves confiado en que el FMI apruebe
las metas prometidas por Buenos Aires y se pueda cerrar en
febrero el ansiado acuerdo crediticio.
”No hay
antecedentes de una negociación tan dura entre un país
y el FMI desde fines de los años 80”, señaló
a IPS Alejandro Vanoli, profesor de la cátedra de Economía
Internacional de la estatal Universidad de Buenos Aires y
miembro del llamado Plan Fénix, que reúne a
economistas críticos del neoliberalismo.
Argentina afronta
en la actualidad una deuda de 170.000 millones de dólares,
95.000 millones de los cuales corresponden a bonos del Tesoro
declarados en cese de pago (default) en diciembre de 2001.
Ese paquete último de títulos en poder de privados
es que Argentina propone desde septiembre canjear por bonos
con una quita de valor nominal de 75 por ciento o papeles
a cobrar a muy largo plazo.
Los tenedores
de bonos, concentrados en Argentina, Estados Unidos, Italia,
España, Francia, Alemania y Japón, son en general
ahorristas o grandes inversores que adquirieron papeles durante
el proceso de deterioro que llevó al colapso de 2001,
cuando eran ofrecidos en los mercados de capitales a tasas
de interés muy superiores a las que se obtenían
de países estables.
Según
un estudio realizado por el Plan Fénix, las ganancias
extraordinarias obtenidas por esos inversores antes del colapso
financiero argentino fue en torno a los 43.000 millones de
dólares, un monto cercano a lo que deberían
resignar ahora si aceptan los nuevos papeles con esa quita
de 75 por ciento.
Kirchner y su
ministro de Economía, Roberto Lavagna, aseguran que,
en la medida que los tenedores privados de deuda admitan bonos
con esos límites, el país va a lograr consolidar
el actual crecimiento económico y eso permitirá
cumplir con los compromisos que hoy se asuman.
La determinación
del mandatario argentino de mantener esa posición pese
a las críticas de los acreedores comenzó a poner
nerviosa a la comunidad financiera internacional. El director
gerente del FMI, Horst Koehler, llamó a Lavagna para
reunirse el 9 de febrero en Miami. El encuentro que se prolongó
por cinco horas.
La cita se produjo
en el marco de la reunión de ministros de Economía
del Grupo de los Siete (G-7) países más ricos,
que finalizó con un pedido para que Argentina acelere
la reestructuración de su deuda, e incluyó a
la plana mayor del FMI interesada por seguir al detalle los
puntos pendientes de la estrategia negociadora argentina.
”Hay un
principio en la legislación del mundo occidental que
refleja lo que el presidente Kirchner dijo muchas veces”
y es que ”quien promete lo que no puede cumplir, actúa
de mala fe”, sintetizó Lavagna al finalizar la
reunión con Koehler y su gente.
Vanoli sostuvo
que el eventual fracaso de esta negociación no sólo
significaría un revés para Argentina y sus acreedores
sino también para el FMI ”que viene de varios
traspiés” a la hora de administrar sucesivas
crisis financieras en el mundo desde el derrumbe de las economías
del sudeste asiático en 1997.
Por pedido del
G-7, cuyos gobiernos son presionados por los acreedores privados,
el FMI apuró a Argentina para que acelere la reestructuración
de su deuda mediante la selección de bancos que colocarán
los nuevos títulos y para que defina un nuevo bono
que podría estar atado al crecimiento futuro del país.
El fracaso sería
aún mayor si se tiene en cuenta que Argentina, tras
sufrir un verdadero colapso económico y financiero
a fines de 2001, tuvo un crecimiento de su producto interno
bruto de 8 por ciento en 2003 y prevé mantener esa
tendencia este año según las estimaciones oficiales
y de consultores privados.
A diferencia de
lo que ocurría en la primera mitad de los años
90, esos resultados positivos se obtuvieron sin ayuda financiera
de los organismos multilaterales de crédito y sin dejar
de cumplir con los vencimientos de deuda con esas entidades
a los que se les cancelaron más de 7.000 millones de
dólares en los últimos dos años.
Mientras la puja
se mantiene al más alto nivel político, los
fondos buitres consiguieron que la justicia de Estados Unidos
inhibiera algunos bienes estatales de Argentina en ese país,
algo que Buenos Aires minimizó al considerar que no
se trata de embargos y apeló la medida. (FIN)
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