| MEXICO
(IPS)
A sus 80 años, el mexicano Felipe Hernández
y otros 7.500 ancianos exigen al gobierno de su país
el dinero que se les descontó cuando trabajaron como
”braceros” en Estados Unidos en los años
40 y 50. Pero quizá no consigan nada y hasta terminen
con una denuncia penal en contra.
Los ex
braceros, como se les llama en México a los emigrantes
campesinos pobres, que laboraron en Estados Unidos entre 1942
a 1964 bajo el amparo de un acuerdo suscrito entre los gobiernos
de entonces de ambos países, exigen sin éxito
desde 1998 el regreso del fondo de ahorro generado por su
trabajo.
En la
que fue la más drástica y llamativa de sus protestas,
Hernández ingresó el 7 de febrero a la fuerza
junto a 2.000 de sus compañeros a un rancho perteneciente
a la madre del presidente Vicente Fox, en el central estado
de Guanajuato.
Los ancianos
abandonaron la propiedad luego de hablar con un negociador
del gobierno, quien les prometió que serían
recibidos por funcionarios para buscar una solución
a sus demandas.
No obstante,
el presidente Fox indicó que el allanamiento será
investigado y enfrentado legalmente, por lo que los ex braceros
podrían ser procesados por invasión de propiedad.
El ingreso
al rancho de la mamá del mandatario fue un acto desesperado
y sería lamentable que se concrete cualquier acción
legal por ello, dijo Ventura Gutiérrez, portavoz de
Alianza Binacional Braceroproa.
Los ex
trabajadores rurales, que se aglutinan en varias organizaciones,
han recibido múltiples promesas del gobierno y legisladores
mexicanos respecto de atender sus demandas, pero ninguna se
ha concretado.
Mientras,
la emigración a Estados Unidos sigue sin pausa. Cada
año más de un millón de mexicanos, en
su mayoría campesinos, cruzan la frontera con el país
vecino del norte, pero de ellos sólo unos 400.000 logran
establecerse mientras que los restantes son deportados.
”Yo
quiero que me devuelvan mi dinero luego de que me partí
la espalda trabajando al otro lado (en Estados Unidos) y ahora
sigo tan pobre como en esos años”, declaró
Juan Santiago, de 72 años y quien junto a unos 1.000
de sus compañeros marchó el 9 de febrero por
las calles de la capital mexicana para insistir en sus demandas.
”Sólo
pedimos lo que nos corresponde, o por lo menos una pequeña
ayuda para poder dejar la miseria”, señaló
por su parte Martina Molina, viuda de un ex bracero.
Los campesinos
dejan periódicamente sus casas y se movilizan a la
capital u otras ciudades en autobuses para realizar sus protestas,
que según indican son financiadas por ellos y sus familiares.
El 4
de agosto de 1942, los entonces presidentes Franklin Roosevelt,
de Estados Unidos, y Manuel Avila, de México, instituyeron
el llamado Programa Bracero para cubrir la falta de mano de
obra que aquejaba en aquellos años a los campos estadounidenses
debido a que los trabajadores habían sido reclutados
para luchar en la segunda guerra mundial.
Hasta
1964, cuando se canceló el programa, más de
cuatro millones de mexicanos ingresaron a Estados Unidos para
trabajar en la agricultura por un pago de 50 centavos de dólares
por hora.
El acuerdo
bilateral indicaba que 10 por ciento del salario de los trabajadores
sería retenido para conformar un fondo de ahorro. Pero
ese dinero nunca fue regresado a sus beneficiarios.
Tanto
el banco estadounidense, Wells Fargo, principal firma encargada
de transferir el dinero a México en los años
que operó el programa, como el gobierno de Fox, dicen
no saber dónde quedó el fondo de retiro, que
con los intereses generados hasta la fecha ascendería
a unos 500 millones de dólares.
En 2002,
Charles Breyer, juez federal de la sudoccidental ciudad estadounidense
de San Francisco, declaró improcedente una demanda
que representantes de los braceros interpusieron contra los
gobiernos de Estados Unidos y de México por el tema
de sus fondos de retiro.
En su
sentencia, el juez señaló que ”no dudo
que muchos de esos trabajadores no hayan recibido sus ahorros
a los cuales tenían derecho”, pero la demanda
no procede debido al tiempo transcurrido desde que ocurrieron
los hechos.
Muchos
de los trabajadores que viajaron en los años 40, 50
y 60 a Estados Unidos, donde según relatan fueron explotados
y discriminados, ya murieron, pero otros son ancianos que
se declaran desesperados por su pobreza.
Las organizaciones
que aglutinan a los ex braceros, tienen registrados a 7.500
mexicanos que demandan sus fondos de retiro.
”Hay
un componente humano dramático en el conflicto de estos
ex emigrantes, y todas las autoridades se lavan las manos
para no responder a una demanda que es justa”, señaló
a IPS Karla Castillo, una activista que los apoya.
El gobierno
del Fox responde que no hay un marco legal vigente ni dinero
disponible para cubrir las demandas de los campesinos. ”Lo
único que podemos ofrecer son los programas sociales
del gobierno”, manifestó el secretario (ministro)
de Gobernación (Interior), Santiago Creel.
Pero
los ex braceros no están de acuerdo y, según
explicó Castillo, esperan que el gobierno les entregue
al menos entre 5.000 y 10.000 dólares a cada uno por
aquel fondo de retiro que nunca recibieron. (FIN)
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