| ROMA
(IPS)
”Ya no puedo dormir tranquilo. Cualquiera que, como
yo, haya invertido los ahorros de toda una vida en Parmalat
lo entendería”, dice este italiano de 60 años
que confiaba en que pronto se jubilaría en paz.
Este
es uno de los miles de pequeños poseedores de bonos
(títulos de deuda) de la otrora multimillonaria empresa
de productos lácteos, cuyas operaciones comenzaron
en 1962 con una facturación anual que se elevó
de 200.000 dólares a 9.500 millones en 2002.
Nadie
se mostró sorprendido cuando los bonos de las empresas,
mucho más seguros que las acciones (participaciones
en el capital de la sociedad anónima), atrajeron 7.500
millones de dólares.
Los compradores
fueron seducidos por un interés de ocho por ciento,
cuando el de los bonos del Estado italiano rendía apenas
entre dos y tres por ciento.
Pero
en diciembre, esta empresa supuestamente usuaria de un flujo
de caja de 4.200 millones de dólares, no pudo pagar
la amortización de una emisión de bonos relativamente
pequeña, de 188 millones de dólares.
Una vez
que fracasó esa operación, se supo que, en realidad,
la empresa tenía un gigantesco déficit acumulado,
disimulado mediante malversaciones contables, hoy estimado
en 18.000 millones de dólares.
El valor
de los bonos se precipitó de 3,8 a 0,125 dólares
poco antes de Navidad. Las emisiones se suspendieron por tiempo
indefinido. Una decena de personas, entre ellas el fundador
de la empresa, Calisto Tanzi, están presas a raíz
de la investigación judicial iniciada por la Fiscalía
de Milán.
El escándalo
afectó las operaciones de Parmalat en el extranjero.
La filial brasileña de la empresa, considerada económicamente
viable por sus responsables, recibió en las últimas
horas desde la casa matriz --intervenida por el gobierno--
la orden de venta urgente de todos sus activos.
La filial
chilena, por su parte, acumula una deuda de dos millones de
dólares con sus proveedores de leche y afronta una
situación financiera delicada.
Días
atrás, la fiscalía de Milán dispuso el
allanamiento de la filial en la ciudad italiana del banco
suizo UBS en busca de documentación relativa a una
emisión de bonos por 500 millones de dólares.
La fiscalía
recibió hasta ahora más de 25.000 demandas que
se investigan bajo el rótulo de fraude agravado.
En noviembre,
ante inversionistas dudosos, Parmalat exhibió una carta-documento
del Bank of America que acreditaba un depósito de 5.500
millones de dólares a nombre de Bonlat, subsidiaria
de la compañía radicada en el país caribeño.
Pero
poco después de que la compañía italiana
no pudo pagar los 188 millones de dólares de amortización,
el banco estadounidense cayó en la cuenta de la existencia
de ese documento, el cual, advirtió, era falso.
Parmalat
aún vende leche, yogurt, jugos, postres y otros productos
similares. Sus trabajadores no están en peligro de
perder el empleo. No son los consumidores ni el personal los
que se han perjudicado, sino los inversores los que se sienten
ordeñados.
Hace
apenas un mes, Parmalat constituía el séptimo
grupo económico italiano, con 36.356 trabajadores empleados
por 139 fábricas en todo el mundo. Sus acciones figuraban
en el índice Mib30, de referencia en el mercado bursátil
italiano.
Para
miles de pequeños inversores, el nombre de la compañía
era ya una garantía. Ahora ven que su futuro se les
escurre entre los dedos.
”Son
personas que invirtieron entre 12.000 y 62.000 dólares
para asegurarse su pensión, una vivienda o una herencia”,
dijo a IPS el presidente de la asociación italiana
de consumidores Movimiento de Defensa del Ciudadano, Antonio
Longo.
Uno de
cada tres inversores en Parmalat destinaron para eso gran
parte de sus ahorros, indicó Altroconsumo, otra organización
italiana de consumidores. Quince de estas asociaciones unieron
fuerzas para ayudar a los pequeños inversores a recuperar
al menos parte de sus fondos.
Las autoridades
financieras italianas descubrieron que los registros contables
de Parmalat estaban fraguados, a pesar de que habían
sido certificados por Consob, la autoridad en materia bursátil,
y auditada, en primera instancia, por la firma Grant Thornton
y, después de 1999, por Deloitte & Touche.
El gobierno
de Silvio Berlusconi intervino en diciembre para salvar a
la compañía. El ministro de Industria, Antonio
Marzano, lanzó una fórmula para mantener la
compañía funcionando bajo una administración
especial encabezada por Enrico Bondi, quien salvó a
la empresa italiana de energía Montedison de la bancarrota
en los años 80.
No resultan
claras las recomendaciones de Bondi, ni el costo que los contribuyentes
italianos pagarán por el rescate del gobierno.
”Estamos
muy preocupados porque la lógica detrás del
decreto es mantener vivo el sistema industrial, no salvaguardar
a los ahorristas”, dijo Vincenzo Somma, de Altroconsumo.
Llueven
acusaciones sobre bancos como los italianos Capitalia, Banca
Intesa y Unicredit, los estadounidenses Bank of America y
Citigroup, el holandés ABN Amro, el alemán Deutsche
Bank, todos los cuales prestaron dinero a Parmalat para apoyar
su esquema de acciones y bonos.
”Los
bancos son responsables de este desastre y tienen que pagar
los costos”, consideró Longo.
Pero
la Asociación Bancaria Italiana (ABI), representante
del sistema financiero de este país en el exterior
--en especial en disputas con países en desarrollo
emisores de bonos, como Argentina--, aseguró que ”en
este caso, los bancos pueden considerarse parte afectada”.
Algunos
bancos tomaron medidas para compensar a los inversores por
los bonos de Parmalat que ellos emitieron, pero ”aún
está por verse la disponibilidad de fondos”,
según Somma.
La crisis
de Parmalat deja en evidencia la falta de transparencia del
sistema financiero italiano y el modo en que las compañías
atraen los ahorros de la clase media.
Las investigaciones
preliminares mostraron ”un enredo de controladores y
controlados”, dijo Paolo Landi, de la asociación
Adiconsum. ”Esto debe cambiar para evitar problemas
similares en el futuro.”
Las organizaciones
de consumidores Adiconsum, Consumatori Indipendenti y Lega
Consumatori exigen fuertes castigos, la reposición
total de las inversiones y la creación de un organismo
europeo para proteger a los pequeños ahorristas.
Las asociaciones
de consumidores consideran acciones civiles y penales contra
los responsables. Pero eso insumirá tiempo, mientras
el futuro de sus ahorros de años continuará
incierto.
La caída
de las acciones y bonos de empresas italianas en los últimos
dos años ocasionaron pérdidas por más
de 40.000 millones de dólares, golpeando a 800.000
inversores, según las organizaciones que los reúnen.
(FIN)
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