| KINGSTON
(IPS)
El regreso al Caribe del depuesto presidente haitiano Jean-Bertrand
Aristide constituye una muestra de firmeza ante Estados Unidos,
Francia y Canadá. Pero no todos en la región
creen que sea una señal conveniente.
La bienvenida
que brindó Jamaica a Aristide es, para muchos, un acto
de coraje. Aunque algunos cuestionan a Kingston por poner
en una situación incómoda al flamante gobierno
interino haitiano y a las naciones poderosas que, según
el ex presidente, estuvieron detrás de su caída.
Jamaica
accedió a recibir a Aristide, quien estuvo en República
Centroafricana desde su salida de Haití, el 29 de febrero.
El ex gobernante asegura haber sido depuesto y secuestrado
por tropas estadounidenses que le obligaron a firmar una carta
de renuncia.
Pero
Washington ha replicado con insistencia en que el líder
del partido Lavalas decidió marcharse luego de saber
que su seguridad no estaba garantizada, pues insurgentes armados
avanzaban sobre Puerto Príncipe luego de semanas de
violencia en el interior del país.
El primer
ministro jamaiquino, Percival Patterson, atribuyó el
16 de marzo la decisión a razones humanitarias, en
especial por la posibilidad de reunir a la familia del ex
gobernante mientras resuelven dónde se radicarán.
La consejera
de Seguridad Nacional estadounidense, Condoleezza Rice, lo
consideró ”una mala idea”.
El primer
ministro interino haitiano Gerard Latortue anunció
la suspensión de vínculos diplomáticos
con Jamaica y la reconsideración de su relación
con la Comunidad del Caribe (Caricom), de la cual es uno de
sus 15 miembros.
El bloque
solicitó a la comunidad internacional una investigación
independiente sobre las circunstancias que rodearon la caída
de Aristide.
El primer
ministro de San Vicente y Granadinas, Ralph Gonsalves, calificó
la decisión de Jamaica de ”maravilloso gesto”.
Pero
la canciller de Barbados, Billie Miller, dijo ante el parlamento
de su país que Jamaica le informó de la visita
de Aristide una vez consumada, y que eso podría tener
consecuencias.
”Quien
se acerque a Aristide se estará arriesgando, porque
él es impredecible”, explicó el experto
en asuntos haitianos Robert Maguire, del centro universitario
estadounidense Trinity College, en Washington.
”Pero
Jamaica puede decir que hizo lo correcto, si bien Estados
Unidos no está feliz con su decisión. Esto,
sin duda, pondrá nubarrones sobre las relaciones”
entre Washington y Kingston, según Maguire.
También
el opositor Partido Laborista jamaiquino se mostró
preocupado. ”Es una controversia diplomática
y habríamos hecho bien en evitarla”, dijo el
presidente del sector, Bruce Golding.
Tres
días después de haber anunciado la suspensión
de relaciones con Jamaica, Latortue no había remitido
formalmente esa decisión a Kingston, dijo el canciller
jamaiquino Keith Knight.
Knight
recordó, además, que Jamaica tampoco había
reconocido oficialmente al gobierno interino, a la espera
de que la cumbre de la Caricom discuta el asunto en San Cristóbal
y Nevis los días 25 y 26.
El secretario
general de la Caricom, Edwin Carrington, acotó, de
todos modos, que hospedar a Aristide era una decisión
exclusiva de Jamaica.
Y no
fue una medida inteligente, según la no gubernamental
Asamblea de Pueblos del Caribe, que incluye varias organizaciones
haitianas. ”La presencia del señor Aristide constituye
una real amenaza para el frágil proceso democrático”,
afirmaron, en un comunicado emitido el lunes.
”La
bienvenida de Aristide por parte de Patterson puede ser interpretada
como un signo positivo de la independencia de la Caricom respecto
de Estados Unidos, pero en realidad el sometimiento del señor
Aristide a Washington nos impide verlo como un aliado serio
contra el imperialismo estadounidense”, agregaron.
Las organizaciones
cuestionaron, además, la ”ocupación militar”
de Haití.
El experto
Alex Dupuy, de la estadounidense Universidad Wesleyan, en
el estado de Connecticut, consideró que el conflicto
era exagerado. ”Parece que Estados Unidos hace una tormenta
en un vaso de agua”, sostuvo. (FIN) |