| BUENOS
AIRES (IPS) El gobierno argentino de Néstor Kirchner
avanza en una agenda sobre salud sexual y reproductiva en
sintonía con reclamos de organizaciones femeninas,
dejando atrás más de una década perdida
de políticas conservadoras y su consecuente defensa
en foros mundiales de mujeres y población.
En procura de recuperar el tiempo perdido, Argentina logró
en poco más de dos años lo que no se había
conseguido en más de 10 años, y a fin de potenciar
este impulso comenzó a trabajar en alianza estrecha
con los demás países del Mercosur (Mercado Común
del Sur), Brasil, Paraguay y Uruguay y sus asociados, Bolivia
y Chile.
El ”cambio de paradigma”, como lo define hoy
el argentino Consejo Nacional de la Mujer, se produjo luego
del colapso social, económico y político de
fines de 2001, que catapultó los indicadores de pobreza,
indigencia y desnutrición infantil hasta trepar a niveles
nunca registrados antes en este país.
”La variación es formidable, comenzamos a trabajar
en sintonía y ya no nos avergüenza defender conjuntamente
la posición del gobierno”, dijo a IPS la directora
de la Fundación para el Estudio y la Investigación
sobre la Mujer, Mabel Bianco, quien estuvo al frente del Programa
Nacional del Sida (síndrome de inmunodeficiencia humana)
en parte del trunco gobierno de Fernando de la Rúa
(1999-2001).
Del mismo modo se manifestó la directora ejecutiva
del Instituto Social y Político de la Mujer, María
José Lubertino. ”Hay una nueva sinergia”
entre el gobierno y las organizaciones de la sociedad civil,
que se expresó en las últimas reuniones regionales
sobre temas de mujeres y población, indicó.
La confirmación del cambio también llega desde
las organizaciones contrarias al aborto. ”Argentina
se pasó al bando abortista”, señalaba
hace pocas semanas un cable de Puerto Vida, un sitio en la
red mundial de computadoras (Internet) que recoge información
de la red Pro-Vida y su campaña contra la interrupción
voluntaria del embarazo.
Bianco y Lubertino participaron como delegadas de la sociedad
civil en casi todas las conferencias de la Organización
de las Naciones Unidas sobre población y mujer celebradas
en la primera mitad de los años 90, así como
en las reuniones en las que se revisó el cumplimiento
efectivo de los compromisos de esas cumbres mundiales en la
segunda parte de esa década.
”Las posiciones del gobierno argentino, que en ese
momento presidía Carlos Menem (1989-1999) realmente
nos avergonzaban”, sostuvo Bianco. Argentina asumió
allí posturas conservadoras alineadas con el Vaticano
y con países musulmanes y en contra de la mayor parte
de los países de América Latina.
Según Bianco, los principales argumentos en defensa
de aquellas posiciones ”extremas” apuntaban a
los derechos sexuales y reproductivos.
”Se argumentaba que detrás de las iniciativas
de planificación familiar, de prevención del
VIH (Virus de inmunodeficiencia humana causante del sida)
o de educación sexual se encubría siempre la
idea de despenalizar el aborto, y se defendía el esquema
de familia tradicional por temor al reconocimiento de uniones
homosexuales”, recordó la sanitarista.
”Se llegó a prohibir el uso de la palabra 'género'”,
aseguró Bianco, una posición similar a la sustentada
por la jerarquía de la Iglesia Católica de Argentina
y grupos afines.
”Era un pacto del gobierno (de Menem) con la cúpula
de la iglesia en el cuál se negociaba a las mujeres
como moneda de cambio”, refirió Bianco.
A lo largo de los dos gobiernos consecutivos Menem, quien
instauró el ”día del niño por nacer”,
se presentaron 24 proyectos de ley de salud sexual y reproductiva
todos los cuales se frenaron en el Congreso legislativo. Recién
en octubre de 2002, los parlamentarios aprobaron una norma
amplia que contó con el respaldo de las organizaciones
no gubernamentales.
”La crisis puso tan en evidencia el problema de la
pobreza, el embarazo adolescente y la desnutrición
infantil que mucha gente, incluso alguna que de buena fe coincidía
con los argumentos más conservadores, cambiaron su
posición hacia el fomento de la planificación
familiar”, subrayó Bianco.
El Senado incorporó con la elección directa
de sus miembros por la ciudadanía a partir de 2000,
dejando atrás la tradicional designación que
hacían los parlamentos provinciales, el cupo mínimo
femenino aprobado a inicios de los años 90 para la
Cámara de Diputados.
Ello provocó un aumento de la representación
de las mujeres en el Senado y, por consiguiente, un empuje
fundamental a un asunto que ya había sensibilizado
a la opinión pública.
Poco después de la sanción de la ley en 2002
se pudo poner en marcha el Programa Nacional de Salud Sexual
y Reproductiva, que garantiza el acceso gratuito a métodos
anticonceptivos a hombres y mujeres en hospitales públicos,
así como la instalación de equipos de detección
temprana del cáncer de mama y de cuello uterino, entre
otras medidas.
El Ministerio de Salud también avanzó en programas
de prevención del sida que prevén el reparto
masivo de preservativos y ahora el titular actual de la cartera,
Ginés González García, propuso también
el debate sobre la educación sexual para todos los
niveles de la enseñanza con la meta de evitar el embarazo
adolescente.
Pero la reacción no se hizo esperar. Pro-Vida resiste
el reparto de preservativos, así como la ley y el programa
de salud sexual y reproductiva. Para esa entidad, el cambio
de posición argentina es ”una derrota ética”,
porque, según esa organización, ahora ”se
favorece oficialmente el aborto, el lesbianismo y otras aberraciones”.
(FIN)
|