| RIO DE
JANEIRO (IPS) El gobierno de Brasil cometió ”espantosas
incorrecciones y equivocaciones” en la cuestión
de los transgénicos y se apresta a cometer otra, afirman
14 organizaciones y movimientos sociales en una carta dirigida
al propio jefe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva.
El presidente vuelve a quedar en la incómoda situación
de adoptar, por tercera vez desde el año pasado, una
solución de emergencia y de carácter excepcional,
para evitar la ilegalidad de la siembra de soja transgénica,
que empezará en las próximas semanas.
Lula declaró el 23 de septiembre ante 13 periodistas
de radio de todo el país que firmará una nueva
Medida Provisional (decreto con poder de ley) para autorizar
la siembra, ”si hay acuerdo” político,
basándose en las reglas que tengan consenso en el Senado.
Las 14 organizaciones ambientalistas, campesinas y defensoras
de los consumidores se dicen ”conmocionadas” por
la disposición del presidente a adoptar una Medida
Provisional que contraría el proyecto de ley de bioseguridad
que el mismo Lula envió al Congreso legislativo, y
fue aprobado en la Cámara de Diputados.
Se trata de una medida que ”viola el principio de
precaución de la Convención sobre la Diversidad
Biológica” de la cual el país es parte,
al liberar los transgénicos ”sin ningún
estudio previo de impacto ambiental y de riesgo para la salud
de los consumidores”, dicen los manifestantes.
Tales errores en esta cuestión provocan ”profunda
frustración” en la sociedad civil organizada
y ”desilusionan a los que en Brasil y en el exterior
aplaudieron el nombramiento de la ministra Marina Silva”
en la cartera de Medio Ambiente, como garantía de la
vigencia de criterios ambientales en el actual gobierno, afirma
el mensaje.
Marina Silva, respetada por su pasado de lucha social y
ambiental en la Amazonia, expresó claramente su oposición
a una nueva Medida Provisional autorizando la siembra de soja
transgénica, argumentando que el parlamento debe reglamentar
la cuestión.
El proyecto de ley de bioseguridad, sin embargo, sólo
será votado en el Senado el 5 de octubre, después
de varios aplazamientos. Como el texto sufrió varias
modificaciones en las comisiones especializadas, tendrá
que volver a la cámara baja.
Su aprobación final solo será posible después
de iniciada la siembra de soja, ilegal si no media una autorización
excepcional. Los agricultores del meridional estado de Río
Grande del Sur anunciaron que sembrarán sus semillas
transgénicas ”de cualquier manera, con o sin
ley”, porque no disponen de otras.
La Federación de Agricultura local estima que 90
por ciento de la soja será transgénica este
año, lo que significa casi ocho millones de toneladas.
En realidad, la soja transgénica es crecientemente
cultivada en Río Grande del Sur al menos desde 1997,
con semillas contrabandeadas desde Argentina. Apenas el año
pasado se buscó legalizar esa producción.
Lula advirtió que el tema debe ser encarado ”con
cuidado”, tomando en cuenta ”el interés
de la nación”, y así rechazó la
idea de ordenar la destrucción de alimentos en un país
con pobreza y hambre.
De todas formas, la versión de la ley de bioseguridad
a ser votada en el Senado enfrenta la oposición de
los ambientalistas, movimientos campesinos y de defensa de
los consumidores, porque el proyecto aprobado por la Cámara
de Diputados en febrero fue ”desfigurado”.
La discrepancia principal es el poder concedido a la Comisión
Técnica Nacional de Bioseguridad, vinculada al Ministerio
de Ciencia y Tecnología, como órgano competente
para autorizar la producción y comercialización
de productos genéticamente modificados.
De esa forma pierden fuerza las autoridades ambientales
y sanitarias, permitiendo la liberación de siembras
transgénicas sin la evaluación previa de sus
impactos y riesgos, prevista en la Constitución nacional.
El algodón sigue la senda abierta por la soja. Ya
se identificaron algunas áreas de una variedad transgénica
en el estado de Mato Grosso, en el centro-oeste de Brasil,
y los algodoneros reclaman un tratamiento igual al concedido
a los cultivadores de la leguminosa.
Lula y su gobierno enfrentan otros desafíos en el
área ambiental. Grandes proyectos que el Poder Ejecutivo
se dispone a impulsar despiertan mucha polémica.
Es el caso de la carretera BR-163, entre Cuiabá,
capital de Mato Grosso, y Santarém, un puerto en el
río Amazonas, en el norte del país, cuya pavimentación
facilitará el transporte de la soja y de otros productos
exportables. Mato Grosso es el estado de mayor producción
de soja en el país.
El proyecto, discutido con los sectores involucrados e interesados,
busca atender los criterios de sustentabilidad y evitar los
desastres ambientales provocados por otras carreteras amazónicas,
como la deforestación, los conflictos locales y la
violencia.
Pero los ambientalistas temen la reiteración de esos
problemas. El simple anuncio del proyecto ya provocó
una intensa actividad especulativa, con la ocupación
ilegal de tierras aledañas y el paso inicial de la
deforestación, observó Roberto Smeraldi, coordinador
de la no gubernamental Amigos de la Tierra-Amazonia Brasileña.
(FIN)
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