| CARACAS
(IPS) El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, reafirmó
su postura de no inmiscuirse en guerra alguna en zonas vecinas,
luego de que la muerte de seis compatriotas suyos a manos
de irregulares cerca de la frontera colombiana impulsara a
Bogotá a intentar sumarlo a su Plan Patriota de lucha
contrainsurgente.
Pero Chávez, un ex comandante de paracaidistas, anunció
en visita a guarniciones cercanas a la frontera con Colombia
y vestido de uniforme de combate que comprará una flotilla
de helicópteros rusos y otros equipos de armas para
la vigilancia fluvial y aérea de la zona limítrofe,
a un costo de 40 millones de dólares.
La tensión bilateral escaló en el área
después que un grupo armado de Colombia emboscó
a un equipo de exploración de la firma Petróleos
de Venezuela (Pdvsa) y a sus custodios militares el 17 de
septiembre, cuando transitaban por La Charca, un paraje rural
ubicado a orillas del río Sarare y a unos 700 kilómetros
al sudoeste de Caracas, a muy cerca de la frontera entre ambos
países.
En esas circunstancias fueron muertos un oficial, cuatro
soldados y una ingeniera de Pdvsa, mientras otras dos personas
resultaron heridas de bala. Los atacantes escaparon y hasta
ahora no han sido identificados.
El ministro de Defensa de Colombia, Jorge Uribe, dijo que
”el ejército tiene información de inteligencia
confiable en el sentido de que la cuadrilla 10 de las FARC
(Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), la principal
guerrilla izquierdista del país, al mando de Jaime
Cetrino, alias Arcesio, es responsable de estos hechos”.
Su par de Venezuela, general Jorge García, respondió
a eso, sin embargo, que ”podrían haber sido paramilitares”
de derecha colombianos. Empero, luego adoptó la línea
señalada por Chávez, el día 19, en el
sentido de no descartar ninguna hipótesis.
Con base en el incidente, ”Colombia presiona a Chávez
para que adopte el Procedimiento Operativo Vigente (POV),
un instrumento de cooperación militar pactado entre
Bogotá y Caracas en la década pasada para combatir
a la guerrilla izquierdista como enemigo común”,
dijo a IPS el politólogo Alberto Garrido.
Según Garrido, autor de una docena de libros sobre
Chávez y el conflicto colombiano, el gobierno colombiano
del derechista Alvaro Uribe aprovecha la coyuntura para tratar
de enfrentar a Caracas con la guerrilla, ”después
que fracasó el Plan Colombia en derrotar al narcotráfico
y se lo reemplazó por el Plan Patriota, meramente contrainsurgente”.
El diario bogotano El Tiempo sostuvo en un editorial que
”los hechos de los últimos días demuestran
que la cooperación militar es indispensable, es decir,
el diseño y ejecución de planes coordinados,
pero con tareas que cada uno de los ejércitos ejecuta
en su propio territorio”, es decir, desempolvar el POV.
El ministro colombiano del Interior, Sabas Pretelt, reclamó
por su parte ”una acción coordinada del gobierno
colombiano y del venezolano, para combatir a esos sinvergüenzas
que causan daño en uno y otro país”.
Para analistas como Garrido y Roberto Giusti, un periodista
este último con más de 20 años cubriendo
temas de frontera, la acusación colombiana sobre las
FARC coloca a Chávez en el trance de justificar ante
la Fuerza Armada venezolana, si no la simpatía por
la guerrilla, al menos sí su negativa a considerarla
enemiga o decidirse a combatirla.
Pero esa demanda de Bogotá se estrelló contra
un muro en Caracas, comenzando por el vicepresidente José
Vicente Rangel, quien dijo el 22 de septiembre que ”la
frontera venezolana es una frontera con el delito y no propiamente
con el Estado colombiano”.
”Allí se refugia la delincuencia de todo tipo,
no sólo fuerzas de los distintos factores de la guerrilla
colombiana, sino también paramilitares, narcotraficantes
y los delincuentes comunes. Es una de las fronteras más
difíciles”, dijo Rangel.
A pesar de ese cuadro, ”Venezuela ha cuidado con esmero
la seguridad en la frontera. Tenemos allí 20.000 efectivos
de la Fuerza Armada, 180 centros de seguridad y vigilancia
y dos teatros de operaciones”, subrayó Rangel.
Mientras en Bogotá, el presidente de la Comisión
de Asuntos Exteriores del Senado, Manuel Velásquez,
destacó su rechazo contundente a ”esas expresiones
de terrorismo verbal del vicepresidente venezolano, que buscan
justificar su laxitud ante la guerrilla, y exigimos respeto”.
Chávez, hablando el 22 de septiembre a los militares
en uno de esos teatros, no sólo se desmarcó
del pedido bogotano sino que atribuyó a Colombia y
también a Estados Unidos la responsabilidad por el
violento conflicto y su desborde sobre Venezuela.
”La culpa es de ellos (los colombianos). El Estado
colombiano debe asumir su responsabilidad. Es de allá
que vienen los guerrilleros, los paramilitares (de derecha),
los sicarios y los narcotraficantes. Nosotros somos víctimas
del conflicto interno de Colombia. Que no nos pongan ahora
como los victimarios”, reclamó el presidente
venezolano.
Además, acusó a Estados Unidos, pues ”quienes
pretenden dominar al mundo y meter sus narices en todas partes
tienen también mucho que ver en el agravamiento de
este conflicto. Mientras aquí mismito se mantengan
los soldados norteamericanos incitando a la guerra, es inevitable
que ese conflicto se nos venga encima”, dijo Chávez.
”En vez de mandar tropas y armas, se debe procurar
la paz con la intermediación de (la Organización
de) las Naciones Unidas y la Organización de Estados
Americanos”, añadió Chávez. En
cuanto a Venezuela, ”no hará alianza con ningún
grupo militar para hacer la guerra, sino para hacer la paz”,
aseguró.
Reiteró la línea de neutralidad que ha seguido
desde que asumió el poder en 1999, pues ”los
actores del conflicto interno armado en Colombia sólo
serán enemigos de Venezuela si penetran en nuestro
territorio, violando la soberanía”. (FIN)
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