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JERUSALEN
(IPS)
Palestinos e israelíes moderados buscan apoyo para
un proyecto de tratado de paz que acordaron luego de años
de negociaciones y que cuenta con el respaldo de políticos
palestinos y gran parte de la opinión pública
de Israel.
El borrador de acuerdo no es oficial, pero la Autoridad Nacional
Palestina (ANP) no lo ha rechazado, y del lado israelí,
encuestas de opinión pública revelan un respaldo
de 40 por ciento.
"Sabíamos
que habría una asimetría", declaró
el negociador israelí Shlomo Brom, un general de la
reserva del ejército y analista del Centro Jaffee de
Estudios Estratégicos, con sede en Tel Aviv.
Según Brom, del lado israelí los más
escépticos son los políticos, mientras del lado
palestino, es la opinión pública en general.
Las conversaciones se realizaron en diferentes lugares a través
de los años, y el borrador final se aprobó en
Ammán, la capital de Jordania. Los detalles del documento
se revelarán en su lanzamiento oficial en Ginebra,
probablemente en noviembre.
En las negociaciones participaron varias decenas de representantes
de ambas partes. Del lado palestino, en la última ronda
hubo tanto líderes jóvenes como políticos
veteranos vinculados con la ANP, explicó Brom.
Del lado israelí, participaron fundamentalmente políticos,
académicos y escritores de izquierda, ninguno de ellos
con poder político.
Suiza ayudó a las partes a negociar el acuerdo, hecho
que enfureció al gobierno de derecha de Israel, encabezado
por el partido Likud del primer ministro Ariel Sharon.
La derecha israelí considera traidores a los negociadores.
El ministro Uzi Landau, del Likud, dijo por televisión
que la mayoría de los países tienen leyes que
castigan a quienes negocian con el enemigo sin autorización
del gobierno, y que él propondría ese tipo de
normas en Israel también.
Pero el principal objetivo de las negociaciones, señalaron
participantes, es demostrar a ambas partes que, además
de los gobiernos y los grupos radicales, hay "alguien
con quien hablar" del otro lado.
Daniel Levy, un activista israelí de izquierda involucrado
en la redacción del plan de paz, opinó que éste
"dará nueva fuerza a la izquierda de Israel".
Los negociadores informales lograron avanzar y realizar propuestas
históricas sobre las cuestiones más sensibles,
que son el control de Jerusalén --considerada por Israel
su "capital eterna e indivisible" y reivindicada
por los palestinos como la capital de su futuro estado independiente--
y el retorno de los refugiados palestinos.
La esencia del acuerdo parece ser un intercambio entre la
virtual prohibición del retorno de los refugiados palestinos
al actual Israel y el establecimiento de la soberanía
palestina sobre la explanada de las mezquitas de Jerusalén,
considerada sagrada por musulmanes y judíos.
El derecho de retorno de los refugiados palestinos no se menciona
en el texto, que en los hechos daría a Israel poder
de veto contra el establecimiento de cualquier refugiado en
su territorio, explicaron fuentes asociadas con las negociaciones.
Se estima que la fórmula propuesta podría permitir
el regreso de apenas algunas decenas de miles de los millones
de refugiados registrados.
El texto incluye varias frases clave para asegurar que luego
de su aplicación ninguna de las partes haga más
reclamaciones. El acuerdo sustituiría todos los tratados
anteriores y las resoluciones de la Organización de
las Naciones Unidas (ONU) sobre el conflicto palestino-israelí.
"No
puedo decir que este acuerdo sea lo que siempre he soñado,
en especial en lo relativo a los refugiados", manifestó
Zuheir Manasra, ex jefe del Servicio de Seguridad Preventiva
palestino, que participó en las negociaciones.
"Pero
tampoco es el sueño de los israelíes, y yo diré
a mi pueblo que esto es lo mejor que pudimos lograr. Defenderé
esta propuesta, porque es la única alternativa a la
situación que vivimos hoy", declaró.
Manasra admite que un período de paz y estabilidad
ayudaría a que el público israelí aceptara
las propuestas, pero no comparte la idea de un cese del fuego
unilateral de los palestinos. "Eso está en manos
de Sharon", dijo.
Aunque grupos palestinos armados como Hamas y Jihad Islámica
se opondrán a cualquier acuerdo basado en el borrador
propuesto, la ANP no debe reprimir a esos grupos, opinó
el negociador.
"Siempre
se subestima la capacidad de la sociedad palestina para resolver
estos problemas de manera democrática y pacífica",
dijo.
Del lado israelí, Levy espera que la propia existencia
del acuerdo contribuya a reducir la violencia. "Ofrecemos
esperanza, algo que ha estado ausente por años. La
ausencia de esperanza ha contribuido a la violencia",
señaló.
Kadura Fares, líder palestino de la "guardia joven"
cercana a Marwan Barghouti, el caudillo de la "intifada"
(insurrección palestina contra la ocupación
israelí) encarcelado, dijo que se esforzará
al máximo para que las propuestas tengan amplia aceptación
en su pueblo.
Luego, será el turno de su movimiento Fatah (el partido
del presidente palestino, Yasser Arafat) y de la propia ANP,
agregó.
"Si
el pueblo no acepta primero este acuerdo, los líderes
políticos nos considerarán traidores, pero si
el público reacciona positivamente, los políticos
adoptarán el plan y dirán que no podríamos
haberlo logrado sin ellos", concluyó. (FIN)
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