| MEXICO
(IPS)
El asesinado candidato presidencial de México Luis
Donaldo Colosio se ganó un lugar en el santoral político
y bustos de bronce, mientras persisten las dudas sobre quiénes
lo mataron hace 10 años.
Aunque
las pesquisas, que costaron más 13 millones de dólares,
indican que el crimen lo planeó y cometió una
sola persona, gran mayoría de los mexicanos opinan
que la muerte de Colosio, candidato del Partido Revolucionario
Institucional (PRI), fue producto de un complot.
Para
conmemorar el décimo aniversario del asesinato, que
causó un cisma en el sistema político mexicano,
el presidente Vicente Fox develó el 23 de marzo un
busto de Colosio en la casa presidencial, mientras el PRI
le rindió un homenaje póstumo.
Colosio
fue un luchador destacado que abogó por la democratización
de su partido y del país ”en un intento de abrir
las puertas al cambio”, dijo Fox, el primer presidente
ajeno al PRI en las últimas siete décadas.
Ya nadie
habla de la imagen de Colosio, aquel dirigente de personalidad
apagada, producto de un sistema político antidemocrático
y protegido del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).
Además,
pocos parecen recordar que el asesinado candidato fue presidente
del comité ejecutivo de un PRI considerado autoritario
y jefe de la campaña electoral que llevó a Salinas
de Gortari a la presidencia en 1988, en un proceso calificado
de fraudulento por la oposición.
Con su
muerte, Colosio borró parte su historial y fue llevado
directo al santoral político mexicano, dijo a IPS el
politólogo Emilio Castañón.
En los
últimos años, los admiradores erigieron estatuas
y bustos en su honor y crearon organizaciones no gubernamentales
con su nombre, como la Fundación Colosio --dedicada
a ”consolidar la cultura política democrática”--,
mientras el PRI lo declaró ”mártir de
la democracia”.
Más
de una decena de libros se escribieron hasta la fecha sobre
el asesinato de Colosio y en la mayoría se pone en
duda la tesis de que Mario Aburto, un obrero hoy preso que
tenía 23 años cuando cometió el crimen,
es el único culpable.
Varios
de esos libros sugieren que el ex presidente Salinas estuvo
vinculado al crimen, así como bandas de narcotraficantes.
Azuzan
esas teorías las críticas que Colosio había
hecho al PRI y a su estilo autoritario de gobernar, y a una
serie de hechos posteriores, como la muerte de una docena
de agentes policiales o civiles vinculados de alguna forma
al crimen.
Diversas
encuestas coinciden en que la gran mayoría de los mexicanos
aún cree que el crimen fue producto de un complot.
”Con
la cabeza repleta de intrigas, evadimos lo evidente: hay un
asesino confeso y varios fiscales han entrado y salido para
concluir lo mismo: fue un asesino solitario”, expresó
Federico Reyes Heroles, director del capítulo mexicano
de la organización Transparencia Internacional.
Cuatro
procuradores y cinco fiscales especiales, que iniciaron sus
respectivas investigaciones con la tesis de la conspiración
como una de las más fuertes, concluyeron que el asesinato
fue cometido exclusivamente por Aburto.
Colosio,
designado candidato presidencial directamente por Salinas
de Gortari, fue asesinado el 23 de marzo de 1994 en un barrio
marginal de la ciudad de Tijuana, en la frontera con Estados
Unidos.
Tras
dar un encendido discurso frente a sus seguidores, dejó
su tribuna para caminar entre la multitud, cuando recibió
dos disparos, uno en la cabeza y otro en el vientre.
En ese
lugar, donde luego se erigió un templete, fue detenido
Aburto y llevado directamente a la cárcel, donde confesó
ser el autor material e intelectual del crimen.
Según
las pesquisas --que incluyen cerca de 28.000 páginas
de descripciones, 975 declaraciones ante magistrados, dos
reconstrucciones, 195 peritajes de expertos y 322 acciones
ordenadas por jueces--, el asesino es un desequilibrado mental
que actuó con la intención de llamar la atención
del mundo sobre sus ideas pacifistas.
Aburto,
que carecía de antecedentes penales y vivía
en una pequeño habitación en Tijuana, disparó
con una vieja pistola tras acercarse a su víctima,
rodeada por decenas de personas, entre ellos varios guardaespaldas.
En 1994
México vivía momentos de tensión política
y el PRI era objeto de duros cuestionamientos. El crimen ahondó
aún más ese clima.
En mayo
de 1993, narcotraficantes asesinaron al cardenal católico
Juan Jesús Posadas. En enero siguiente irrumpió
en escena el guerrillero Ejercito Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN), y en septiembre de 1994 fue asesinado en
la capital José Ruiz Massieu, secretario general del
PRI.
El PRI
se mantuvo en el poder. Ernesto Zedillo se impuso ampliamente
en las elecciones presidenciales de 1994 y permaneció
al frente del gobierno hasta fines de 2000, cuando Fox tomó
la posta.
”Los
asesinatos de corte político, junto al surgimiento
del EZLN, son ingredientes que de forma indiscutible alentaron
en México las reformas políticas y el posterior
fin de los gobiernos del PRI”, sostiene Castañón.
El asesinato
de Colosio pasará a la historia como un crimen que
nunca fue aclarado del todo, pero que abrió trecho
para que México avance de un sistema autoritario y
algo oscurantista a otro democrático y abierto, dijo
a IPS Francisco García, joven militante del izquierdista
Partido de la Revolución Democrática. (FIN) |