| WASHINGTON
(IPS)
Los logros en Afganistán e Iraq, países sometidos
a ocupación militar por Washington, son los más
resonantes del último informe sobre los derechos humanos
en el mundo elaborado por el Departamento de Estado de Estados
Unidos.
Pero en el resto de Medio Oriente y Asia central, la situación
en la materia es desoladora, de acuerdo con el estudio que
año a año elabora la oficina del gobierno estadounidense
que encabeza Colin Powell.
En la introducción del informe se considera malo el
panorama de los derechos humanos en varios países,
entre ellos Bielorrusia, Birmania, China, Corea del Norte,
Cuba, Rusia y Zimbabwe.
Las organizaciones de derechos humanos consideraron que el
estudio es completo y, en general, ajustado a la realidad,
pero destacaron que el gobierno de George W. Bush no toma
en serio esa información oficial al formular sus estrategias.
”El
contenido del informe tiene poca correspondencia con la política
exterior de la administración”, dijo el director
ejecutivo de la filial estadounidense de la organización
de derechos humanos Amnistía Internacional, William
Schulz.
”De
hecho, la 'brecha de sinceridad' de Estados Unidos es cada
vez más profunda, al pasar por alto abusos de sus aliados
y justificar acciones contra sus enemigos con referencias
post-facto a violaciones de derechos humanos”, agregó
Schultz, en alusión a la ocupación de Afganistán
e Iraq.
”En
respuesta, muchos países elegirán acallar las
críticas a sus abusos mediante una mayor cooperación
con la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo, en lugar
de elegir respetar los derechos humanos”, agregó.
El informe alimentará acusaciones de hipocresía
contra el gobierno, advirtió Neil Hicks, director internacional
de la organización Human Rights First (antes Comité
de Abogados para los Derechos Humanos).
”Por
un lado, llama a otros países a respetar los derechos
humanos, y, al mismo tiempo, reincide en sus alianzas con
estados que, según el propio informe, cometen serias
violaciones de derechos humanos. Todo ello en nombre de la
guerra contra el terror'”, dijo Hicks.
Anticipándose a las críticas, los autores del
estudio niegan en el propio texto que el gobierno sea más
tolerante con los aliados autoritarios en el combate al terrorismo.
”No
es sorprendente que algunos gobiernos autoritarios desde Medio
Oriente y Asia central hasta China hayan intentado justificar
viejos actos de represión al inscribirlos en la nueva
guerra contra el terror”, indica el estudio.
”Los
políticos estadounidenses rechazaron y reprocharon
tales intentos de encasillar a aquellos que expresan pacíficamente
sus pensamientos y creencias como 'terroristas'”, añade.
El informe, cuya elaboración fue ordenada por una ley
aprobada en 1976, cubre la situación de derechos humanos
en casi 200 países durante 2003 y tiene en esta ocasión
2.500 páginas de extensión.
El estudio es considerado por expertos el principal y más
completo en la materia, pues se basa sobre información
recogida por organizaciones no gubernamentales locales e internacionales,
medios de prensa locales y representaciones diplomáticas
estadounidenses.
El documento destaca como gran logro en Afganistán
la aprobación el mes pasado de una constitución
”moderada” por parte de la Loya Jirga (asamblea
nacional), y la ”liberación” de Iraq a
manos de la coalición militar encabezada por Washington.
Esa operación, iniciada el 20 de marzo y cuya finalización
fue declarada el 1 de mayo, ”acabó con años
de graves violaciones de derechos humanos por el régimen
del (ex presidente iraquí) Saddam Hussein”, según
el informe.
El prólogo del estudio atribuye la persistente violencia
e inseguridad en Afganistán al movimiento fundamentalista
islámico Talibán, que controló el país
entre 1996 y 2001, y al narcotráfico, pero no menciona
el papel de los señores de la guerra que hasta hace
poco recibieron apoyo estadounidense.
”Esta
es una omisión bastante importante”, dijo el
director de la oficina en Washington de la organización
de derechos humanos Human Rights, Tom Malinowski.
Del mismo modo, el informe sobre Iraq se limita a recitar
los abusos cometidos durante el régimen de Saddam Hussein,
sin hacer mención a los abusos atribuidos a la fuerza
ocupante liderada por Estados Unidos.
El documento también critica actividades de Israel
en los territorios árabes que ocupa, entre ellas ”persistentes
abusos, el uso de fuerza excesiva por los cuerpos de seguridad,
el bombardeo y las redadas en áreas civiles palestinas
y la demolición de viviendas y propiedades”.
En Cuba, según el prólogo del estudio, los abusos
se ”agravaron radicalmente” con la sentencia a
penas de prisión promedio de 20 años contra
75 disidentes. El informe aplaudió la reducción
de los secuestros, matanzas y desplazamientos forzados de
civiles en Colombia y la acusación formal contra comandantes
militares acusados de diversos abusos.
Además, atribuye el ”bloqueo político”
en Haití al presidente Jean-Bertrand Aristide, ”sus
simpatizantes y secuaces”, así como a sectores
de la oposición.
En el prólogo también se acusa a China de ”reincidir”
en abusos, en especial contra la minoría musulmana
uighur, los lamaístas de Tibet y la población
de ese territorio en general y opositores en la región
administrativa especial de Hong Kong.
Además, identifica a Corea del Norte como ”uno
de los regímenes más inhumanos del mundo”,
y observa que en Birmania ”la extremadamente pobre situación
de los derechos humanos empeoró en 2003” con
embates contra la líder opositora Aung San Suu Kyi
y sus seguidores.
El Departamento de Estado acusó al gobierno de Rusia
de preparar elecciones parlamentarias y locales en Chechehia
poco transparentes, al ejercer presión sobre la prensa,
la oposición y organizaciones no gubernamentales.
El informe menciona avances en Africa y en Medio Oriente,
incluidos acuerdos de paz en Burundi y Liberia y ”ligeras”
mejoras en la situación de los derechos humanos en
República Democrática del Congo.
El prólogo muestra entusiasmo ante las medidas de fortalecimiento
de los derechos humanos y contra la corrupción adoptadas
por el gobierno de Kenia y la aprobación de una nueva
constitución en Ruanda.
Pero el gobierno de Zimbabwe ”continuó dirigiendo
una campaña deliberada de violencia, represión
e intimidación”, mientras en Sierra Leona, Nigeria
y Mauritania se celebraron elecciones que no cumplieron los
criterios internacionales de transparencia y justicia. (FIN) |