INDONESIA: Las mujeres comen últimas o no comen

Tanto los hombres como las mujeres de Indonesia sufren los efectos de la crisis económica en la región, pero la discriminación de género hace que la situación sea peor para las mujeres.

Por ejemplo, muchas trabajadoras de Indonesia que no pueden pagar el precio de la fórmula láctea para bebés dejan su trabajo para amamantar a sus hijos, mientras reducen sus comidas o directamente las saltean.

"El precio de la leche maternizada es más alto que nuestros salarios", dijo Tonilah, de 30 años, presidenta de un sindicato regional de Surabaya, en Java oriental, a un grupo de mujeres líderes sindicales de Indonesia, Tailandia y Corea del Sur el mes pasado.

"Hay madres que sustituyen la fórmula láctea por sopa de arroz hervido con azúcar, pero muchas otras decidieron dejar sus trabajos para alimentar a sus bebés adecuadamente", agregó.

Muchas madres, encargadas de asegurarse de que la familia se alimente, renuncian a su propia salud y nutrición para asegurarse de que sus hijos se alimenten tan bien como sea posible, en medio de la crisis que continúa socavando la economía indonesia.

Aunque las cifras de crecimiento de Indonesia mejoraron (se espera que este año la economía tenga un crecimiento cero, en comparación con una contracción de 13 por ciento en 1998), los efectos sociales de la crisis están lejos de disminuir.

Las trabajadoras fueron las primeras en sufrir los despidos y los recortes después de la crisis económica a fines de 1997 y ahora también llevan la carga de los problemas alimentarios que ésta trajo aparejados.

Según Ayuni, del Grupo de Trabajo Humanika, una organización no gubernamental (ONG) que trabaja en temas laborales con sede en Surabaya, una encuesta entre las trabajadoras indonesias reveló que la tasa de desnutrición aumentó drásticamente en ese grupo debido a los cambios recientes en sus patrones de alimentación.

"Esto es consecuencia de una combinación de problemas que tienen las mujeres en Indonesia. La crisis aumentó los precios al consumidor mientras los salarios permanecen igual. Las mujeres son también el primer blanco de los despidos masivos y de la discriminación salarial", señaló Ayuni.

Tonilah, que trabaja en una fábrica de calzado, lo confirma. Para seguir adelante, muchas de sus colegas, la mayoría mujeres, decidieron comer menos, afirmó.

"Muchas de ellas saltean el desayuno. En el almuerzo, optan entre fideos instantáneos y arroz con vegetales o tofu. La cena típica consiste en fideos o arroz blanco", explicó.

La incidencia de la pobreza aumentó en los últimos dos años en este país de 220 millones de habitantes, entre ellos 80 millones de trabajadores.

Según el Estudio Económico y Social para Asia y el Pacífico realizado por la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico (ESCAP) en 1999, el porcentaje de indonesios que viven en la pobreza aumentó de 11 por ciento antes de la crisis a 40 por ciento.

La tasa de desempleo aumentó de 4,7 por ciento a 21 por ciento, según el mismo estudio.

En Medan, capital de Sumatra del Norte, hubo huelgas en casi 50 por ciento de las 450 fábricas, porque los trabajadores no pueden vivir con su salario.

"El salario diario sólo alcanza para tres kilogramos de arroz. No es suficiente para cubrir el costo de vida", dijo la ex trabajadora fabril de 25 años Erika Rosmawaty Situmorang, que ahora trabaja en una ONG en Medan.

El salario mínimo en Surabaya es de 22,28 dólares, mientras los trabajadores en Yakarta reciben 29 dólares por mes y los de Medan 26,25 dólares.

Tonilah dijo que para llegar a fin de mes, los trabajadores no pueden gastar más de 31 centavos de dólar por comida.

Algunos trabajadores, que no pueden mantener a sus hijos, los enviaron a casa de sus abuelos u otros parientes mayores.

Luego de la caída de la rupia durante la crisis "es como trabajar gratis, porque el salario no vale nada", dijo Choirul Mahpuduah, que también era empleada en una fábrica y ahora trabaja con la gente de Humanika.

"Muchas trabajadoras intentan realizar trabajos adicionales, como vender comida en la fábrica, para poder sobrevivir", agregó.

Los despidos en las fábricas también llevaron a muchos trabajadores desempleados, la mayoría mujeres, a sus pueblos natales.

"El primer blanco de los despidos masivos en Yakarta y en todas partes son las mujeres", dijo Tati, una joven que trabaja en una fábrica e integra el Sindicato Jabotabek en Yakarta.

Muchas mujeres poco capacitadas que trabajaban en fábricas de prendas de vestir, calzado o procesamiento de alimentos fueron despedidas y reemplazadas por trabajadores más jóvenes, contratados mediante un sistema de contratos de corto plazo, señaló.

De esta manera, "las compañías pueden recortar gastos en bienestar y salarios. Para ellos no es difícil hacerlo porque hay muchas trabajadoras poco capacitadas", agregó.

Erika citó el caso de una fábrica de muñecas de Medan, donde 90 por ciento de los 2.500 empleados son mujeres. La fábrica tiene la política de no permitir a las trabajadoras casarse antes de haber trabajado dos años en la planta.

"También hay casos de discriminación salarial y acoso sexual de las trabajadoras en Medan. Y otra dificultad es que nuestra cultura sostiene que las mujeres no deben salir a protestar", agregó.

Choirul, que fue despedida de una fábrica de plásticos de Surabaya en 1993 debido a su papel en manifestaciones por el bienestar de los trabajadores y contra algunas políticas de la fábrica, dijo que la inestable situación política del país detuvo el avance de un sistema que podría ayudar a los trabajadores.

La política de gobierno sobre seguridad social para los trabajadores no se aplica adecuadamente porque no hay suficiente verificación.

"Cuando comenzó la crisis, muchos trabajadores no se atrevían a protestar contra los malos tratos de los empleadores porque tenían miedo de perder su empleo. Las cosas están empeorando debido a la situación política. Si esto continúa así, los trabajadores tendrán aún más dificultades", dijo Choirul.

Choirul, que estudia abogacía en una universidad privada, demandó a los propietarios de la fábrica donde trabajaba, exigió que se le devolviera su empleo y ganó. Los empleadores apelaron la sentencia y su caso está ahora en la Suprema Corte.

"Hay mucho por hacer para proteger los derechos de las trabajadoras e impedir que sean explotadas", señaló. "Por ejemplo, necesitamos un sistema de tribunales laborales en lugar de civiles para tratar los temas relacionados con el trabajo. Pero si la situación política sigue así, la situación solo puede empeorar". (FIN/IPS/tra-en/pd/js/at-mlm/lb-hd/99

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