Cristianos iraquíes se aferran a la fe en Jordania
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Cristianos iraquíes se aferran a la fe en Jordania

AMMAN, 14 may 2010 (IPS) - Los iraquíes cristianos que huyeron a Jordania tras la invasión de Estados Unidos a su país en 2003 buscan consuelo en su religión, agobiados por la pobreza y las pocas esperanzas que tienen de regresar.

"Perdimos nuestra patria, no podemos perder nuestra fe", señaló Brahim, profesor de química que reside en Amman.

Hay unos 220.000 iraquíes en Siria, otros 47.000 en Jordania y 10.000 más en Líbano, según cifras de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

"La cantidad de iraquíes cristianos en Jordania disminuyó de forma drástica, de unas 30.000 personas pasó a entre 15.000 y 10.000 en la actualidad", señaló el padre Raymond Mussalli.

Los cristianos de Jordania son principalmente caldeos, siríacos, asirios y protestantes.


"La mayoría de nosotros hablamos caldeo, que es muy similar a la lengua hablada por nuestro Señor Jesús Cristo", señaló Ussama, un iraquí de 24 años.

Los cristianos se congregan a diario en el sótano de una pequeña Iglesia Caldea en la colina de Webdeh para intercambiar historias de su país, rezar en silencio o simplemente hallar consuelo con otros refugiados.

Muchos residen en los alrededores de Webdeh u otros barrios antiguos de Amman, como Jabal Hussein o Markah.

"La comunidad internacional es indiferente a la difícil situación de los cristianos que quedaron en Iraq, quienes cada vez son menos. Pasaron de ser casi un millón de personas a menos de 400.000 en la actualidad", señaló Brahim.

Batul tuvo que escapar de la capital iraquí hace unos meses.

"Teníamos dos edificios en Bagdad. Una mañana me levanté y vi una pintada roja en el muro del jardín. Era una amenaza, si no entregábamos 80.000 dólares nos mataban", recordó la mujer de 60 años.

"La policía nos pidió que nos fuéramos de inmediato porque no nos podían proteger", añadió con tristeza.

Por su parte, Brahim, de 65 años, tuvo que renunciar al "cargo de profesor que tenía en una escuela cristiana cuando el padre Yussef Abudi fue asesinado por hombres armados tras ser acusado de proselitismo", relató.

"Las amenazas no se detuvieron pese a que me quedé en casa. Tuve que irme por el bienestar de mi hija de 24 años", añadió.

Muchos refugiados escaparon con poco dinero, lo que empeora su situación.

Los iraquíes que quieren obtener el permiso de residencia en Jordania tienen que hacer un depósito de 50.000 dólares para poder trabajar.

Los refugiados registrados ante Acnur tienen identificación, pero sin el documento de residencia no pueden trabajar legalmente, no tienen derecho a atención médica ni a la educación.

"El costo de vida es alto y las condiciones extremadamente difíciles. Se necesitan unos 1.000 dólares al mes para vivir. La mayoría de nosotros no tenemos permiso de residencia", indicó Brahim.

Muchos de los que ni siquiera pueden pagar un alquiler de 200 dólares decidieron mudarse a Líbano, donde se dice que los trámites de Acnur son más rápidos.

Alrededor de la mitad de los feligreses son muy pobres, señaló el padre Mussalli. La alta tasa de desempleo y la precariedad en la que viven los refugiados exacerban el sentimiento de marginación de la comunidad cristiana.

"Preferimos quedarnos en casa y mezclarnos con nuestra gente", reconoció un iraquí cristiano, que no quiso dar su nombre.

A las dificultades económicas se suman los problemas psicológicos por las experiencias vividas en Iraq y la inseguridad sobre su futuro. Cada vez hay más abandono escolar, violencia doméstica, trata y tráfico de personas.

"Muchos están en el limbo esperando emigrar a Estados Unidos, Europa" u otros países, señaló Ussama, cuya familia reside en Australia.

La relación entre la comunidad cristiana y el Estado jordano es excelente. "No hemos sido perseguidos por nuestras creencias religiosas como en Iraq", señaló el padre Mussalli.

Cuando surge un problema, nos tratan como a cualquier persona, coincidió Ussama, aunque hubo denuncias de niñas y niños cristianos a los que trataron de convertir al Islam.

"Seguimos en Jordania con la esperanza de poder volver a nuestra patria", señaló Brahim. "Formamos parte de la historia y la cultura de la región, nunca será lo mismo si nos echan", añadió.

 

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