CUBA: CALORES DE AGOSTO

Agosto, para los cubanos, suele ser el mes más cruel. Unas temperaturas que rondan los 34 grados centígrados con una humedad relativa del 70-80% son capaces de rajar las piedras, como se dice en la isla. Si no anda cerca un huracán (algo muy posible en agosto) el mejor alivio para tanto bochorno suele ser un baño de mar, pero no son muchos los que, si viven a cierta distancia de las playas, disponen de medios, tiempo y dinero para darse esa satisfacción.

Otro recurso podría ser el aire acondicionado doméstico, pero los costos de la electricidad han hecho de esa opción un desafío económico complicado para quienes han tenido la posibilidad de adquirir uno de estos equipos. Con tanto calor y humedad, a veces hasta huracanes, que se suman a las complicaciones de una vida cotidiana ya de por sí compleja (salarios insuficientes, tantas casas en mal estado y otros etcéteras), no es casual que agosto exacerbe los ánimos y potencie las frustraciones.

Este agosto, sin embargo, ha entrado a la isla acompañado de dos nuevas leyes ­una de ellas rediseño de la ya existente, la otra endurecimiento de la actuante- que, en medio del calor, ha puesto a muchos cubanos a hablar de ellas, con interrogaciones y preocupaciones diversas.

En la más reciente sesión del parlamento cubano, celebrada a finales de julio, se dio a conocer que se aprobaba una nueva ley tributaria, de cuya letra, varios días después, los ciudadanos no tenían conocimiento pues, hasta dónde sé, no había sido publicada. De lo que se ha conocido se desprende que, como principio, la ley impone mayores tributos a los que más ganancias tengan, pero, a la vez, se hace universal el pago al fisco para todos los ciudadanos.

La anterior regulación, vigente desde 1994 cuando se decidió volver a cobrar impuestos directos sobre la ganancia (pues los productos vendidos en divisas ya exhibían un elevado castigo impositivo), los salarios quedaron exentos de nuevos pagos tributarios y solo debían pagarlos los trabajadores por cuenta propia, los vinculados a empresas mixtas y sectores como el de los creadores artísticos.

Ahora, la ley parece contemplar esa obligación general pero… parece que no se aplicará hasta tanto los salarios alcancen niveles que permitan ejercer la imposición. Con sueldos pagados por el Estado o gobierno que, al decir del propio presidente del país, resultan insuficientes, hubiera sido un dislate retener parte de lo devengado cuando los cubanos cada vez más deben pagar precios elevadísimos por muchos artículos de primera necesidad, incluida la alimentación, pues una parte de ellos han dejado de ser subsidiados por el Estado y le han sido fijados precios comerciales.

No obstante esta decisión de moratoria, más política que económica, entre ciertos medios (en especial el creciente sector de los trabajadores por cuenta propia) se ha desatado una ola de comentarios y expectativas respecto a los alcances de una ley que, curiosamente, los ciudadanos y hasta trabajadores del sistema tributario no conocían.

La otra medida, que afecta de forma directa a menos personas, aunque a muchísimos de forma concreta, es la nueva ley de aduanas que regula el peso y valor de los equipajes de los viajeros llegados o regresados a Cuba y los envíos de paquetes desde el exterior. Sin entrar en escabrosos detalles que resultarían inabarcables, la esencia de la ley es que cada residente en Cuba, si hace más de un viaje anual al extranjero con “importación”, en los siguientes regresos debe pagar tasas fijadas en moneda convertible por los productos cuyo valor supere los 51 dólares (con excepción de las medicinas); los cubanos residentes en el exterior y los visitantes extranjeros, siempre deben pagar en moneda dura sus importaciones superiores a los mismos 51 dólares, a razón de 10 pesos convertibles (12 dólares) el kilogramo o el 100 o hasta el 200 por ciento del valor en que fue adquirida la mercancía. Mientras, los paquetes enviados desde el exterior, pagarán una tasa similar en moneda convertible que se aplica a partir de los tres kilogramos de peso o los treinta pesos de valor.

Uno de los orígenes de esta férrea regulación es evitar la actividad de las llamadas “mulas”, cuyo negocio ha sido importar desde Panamá, Ecuador o Miami productos deficitarios o de mayor calidad (y vendidos a mejor precio) con los cuales se han estado surtiendo algunos trabajadores por cuenta propia en sus negocios de venta de alimentos o de ropas, por ejemplo. Pero si el propósito de la nueva ley es limitar esta actividad, que le hace competencia a los establecimientos del Estado, mal abastecidos y con sus productos gravados con un 240 por ciento de ganancia respecto a su precio de compra (sí, 240 por ciento), el efecto que creará resulta más extendido.

Porque el pago en moneda convertible por las “importaciones no comerciales” afectará no solo a quienes tengan la posibilidad de viajar más de una vez (pocos, en comparación con el total de la población de la isla), sino y sobre todo a los miles de personas que se beneficiaban con la recepción de paquetes enviados por sus familiares (la más de las veces con ropa y comida) y a los otros cientos de miles que deben completar su canasta básica con productos no subsidiados y comprar su ropa y una parte de la comida y el aseo personal (tan necesario con estos calores de agosto) a los precios de vértigo de las llamadas tiendas recaudadoras de divisas. En estos establecimientos, por ejemplo, el litro de aceite de girasol anda ya por los 2,80 pesos cubanos convertibles, algo así como la séptima parte de un salario promedio de los que paga el Estado…

La reacción provocada por esta ley ha sido más visceral y casi unánime. En las páginas webs oficiales cubanas los comentarios respecto a la nueva medida nunca son favorables a su contenido. Incluso, un escritor cubano ha hecho circular una dramática comparación entre los precios de ciertos productos y el nivel adquisitivo promedio de un ciudadano mexicano y uno cubano, y las diferencias resultan abrumadoras en contra de la capacidad adquisitiva y el precio de los productos que deben arrostrar los moradores de la isla del Caribe… En fin, que en este mes de agosto, ni siquiera las olimpiadas han sido demasiado refrescantes para los cubanos. (FIN/COPYRIGHT IPS)

* Leonardo Padura, escritor y periodista cubano. Sus novelas han sido traducidas a más de quince idiomas y su más reciente obra, El hombre que amaba a los perros, tiene como personajes centrales a León Trotski y su asesino, Ramón Mercader.

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