Chile tras la huella de Sudáfrica en mitigación climática

Los hielos de la cordillera de los Andes corren riesgo con el calentamiento global. Crédito: Julieta Sokolowicz/IPS

Chile busca definir sus mejores planes de acción y opciones para reducir sus emisiones de gases efecto invernadero (GEI) en el escenario global de cambio climático.

El proyecto MAPS (Mitigation Action Plans & Scenarios), que en Chile impulsa el gobierno de Sebastián Piñera, es una colaboración entre países en desarrollo para explorar las alternativas de cada nación para mitigar sus emisiones y potenciar a la vez la economía y la lucha contra la pobreza.

Se «busca generar una buena base de evidencia e información sobre qué puede hacer el país para emitir menos gases de efecto invernadero en los distintos sectores productivos», explicó a Tierramérica el líder del proceso MAPS en Chile, Hernán Blanco.

MAPS creció a partir de la iniciativa gubernamental Escenarios de Mitigación de Largo Plazo (conocida por sus siglas en inglés LTMS), que desarrolló Sudáfrica entre 2005 y 2008.

Con ella, Sudáfrica preparó su posición negociadora ante la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 15), que se realizó en 2009 en Copenhague.
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«Fue muy exitosa, porque permitió que ellos como país formaran su posición de una forma sólida en base a la investigación científica y a un proceso que contempló la participación de todos los actores relevantes de la economía de Sudáfrica», afirmó Andrés Pirazzoli, coordinador ejecutivo de MAPS Chile.

Ese éxito dio lugar a MAPS International, conducido por el Centro de Investigación en Energía de la Universidad de Ciudad del Cabo, asociado a la organización no gubernamental SouthSouthNorth, y con financiamiento de la británica Children’s Investment Fund Foundation.

En la búsqueda de países en desarrollo interesados en soluciones para mitigar sus GEI, la iniciativa llegó a América Latina y actualmente se desarrolla también en Brasil, Colombia y Perú.

Si bien Chile es un responsable menor en las emisiones globales de GEI (0,2 por ciento), su contaminación climática experimenta un crecimiento alarmante, de 232 por ciento entre 1990 y 2006, según el Ministerio del Medio Ambiente.

Por eso, este país sudamericano se comprometió de manera voluntaria en la reunión de Copenhague a disminuir en 20 por ciento sus emisiones para 2020.

El «crecimiento exponencial» de GEI obedece a la expansión «del parque energético. Hemos tenido un desarrollo muy alto de las termoeléctricas, y la generación hidroeléctrica se ha visto disminuida por distintas razones en nuestra matriz energética», explicó Pirazzoli.

Para el ecólogo Juan Pablo Orrego, magíster en estudios del ambiente y presidente de la organización no gubernamental Ecosistemas, esta tendencia «es muy grave y se debe a una falta de cuidado extrema, pero, sobre todo, a la carbonización de la matriz energética que muestra una curva muy aguda».

Es «obvio que las emisiones de Chile son insignificantes en relación a lo que emiten países como Estados Unidos y China», dijo Orrego. Pero «todos sabemos que la zona central del país se está desertificando, que existen 104 comunas con emergencia hídrica, que los glaciares en el sur se están derritiendo».

Orrego, ganador en 1998 del Right Livelihood Award (premio Nobel alternativo), cree que en MAPS «no está la urgencia proporcional al problema en que estamos metidos en términos de cambio climático».

«No veo la alarma, veo una cosa muy superficial», enfatizó.

Pirazzoli, en cambio, destacó que MAPS Chile cuenta con el mandato de siete ministerios (Medio Ambiente, Relaciones Exteriores, Energía, Minería, Hacienda, Transportes y Agricultura), «algo inédito en el país, que demuestra cuál es la importancia política que le dio el gobierno».

Por el momento, MAPS está abocado a definir una trayectoria de emisiones de GEI que permita fijar el rumbo. Para hacerlo investiga dos escenarios posibles.

El primero es seguir como hasta ahora (en inglés «Business as Usual» o BAU). El otro es seguir las recomendaciones más estrictas de los científicos, con emisiones limitadas y decrecientes de GEI, o «requerido por la ciencia».

Orrego criticó que se evalúe seguir como siempre, pues a su juicio la situación es más compleja de lo que parece.

«No hay proporcionalidad entre la visión científica y este tipo de proyectos. Todavía es muy superficial lo que se está haciendo y se presenta como si hubiera opciones, cuando no las hay», sentenció.

Esta es la primera fase de MAPS, en la que se investigan esas dos trayectorias con el fin de establecer una línea base de emisiones.

«Adicionalmente y para recopilar antecedentes esenciales, mandamos a hacer dos consultorías preliminares, una que evalúa el estado de avance de los modelos climatológicos, para saber qué pasará con el clima en particular en el caso chileno, y ese trabajo ya está finalizado», explicó Blanco.

El segundo estudio estima de manera teórica los volúmenes futuros de emisiones chilenas en base a las informaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

La segunda fase del proyecto se abocará al desarrollo de caminos alternativos de mitigación de emisiones.

Finalmente, la tercera fase, hacia fines de 2013, se centrará en la difusión de los resultados y el análisis de iniciativas de mitigación, públicas y privadas, con quienes toman decisiones en el Estado, el sector privado y la sociedad civil.

«MAPS Chile no es un proyecto de carácter vinculante, no constituye una obligación y no se transforma en una política pública o una legislación nueva», explicó Pirazzoli.

Se trata de «un ejercicio prospectivo, de exploración», destinado a «generar información relevante para que los tomadores de decisión puedan más adelante adoptar las medidas que estimen convenientes», aclaró.

Hay también un espacio participativo para que diferentes actores se integren a un grupo de construcción de escenarios y a otro de trabajo.

Blanco precisó que «el nivel de complejidad, de información y de conocimiento que se requiere nos ha llevado a diseñar un proceso en el cual participan activamente especialistas y personas de diversos sectores productivos e institucionales».

Pero la participación debe partir en las bases con consultas previas, pues es la gente la que vive los estragos del cambio climático, criticó Orrego.

* Este artículo fue publicado originalmente el 8 de diciembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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