Impuestos al tabaco podrían financiar desarrollo sostenible

Una mujer fuma un cigarrillo de marca “Fortune” en un acto de campaña del presidente de Filipinas, Benigno Aquino, un fumador que no tiene intención de dejar el hábito, según dijo. Su país ocupa el segundo lugar en cantidad de fumadores en el sudeste asiático. Crédito: Kara Santos/IPS
Una mujer fuma un cigarrillo de marca “Fortune” en un acto de campaña del presidente de Filipinas, Benigno Aquino, un fumador que no tiene intención de dejar el hábito, según dijo. Su país ocupa el segundo lugar en cantidad de fumadores en el sudeste asiático. Crédito: Kara Santos/IPS

Continúan las arduas negociaciones de los gobiernos de todo el mundo reunidos en esta ciudad para acordar el texto del Acuerdo de Addis Abeba, cuya aprobación está prevista en la Tercera Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo, que tendrá lugar en Etiopía en julio.

Según las últimas versiones, los negociadores seguían restándole importancia al impuesto al tabaco, un poderoso mecanismo que los gobiernos podrían utilizar para ayudar a alcanzar y financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que sustituirán a los Objetivos de Desarrollo del Milenio en septiembre.[pullquote]3[/pullquote]

Un cálculo reciente señala que el aumento de los impuestos especiales al tabaco, con el fin de duplicar su precio, generaría unos 100.000 millones de dólares al año en ingresos, además de los aproximadamente 300.000 millones de dólares que los gobiernos recaudan actualmente por ese concepto, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El consumo de tabaco es la causa número uno de muerte evitable en el mundo, y el factor de riesgo común a las cuatro principales enfermedades no transmisibles, que son el cáncer, la enfermedad cardiovascular y pulmonar, y la diabetes.

El consumo de tabaco mató a 100 millones de personas en el siglo XX y, de mantenerse la tendencia, matará a 1.000 millones de personas en el siglo en curso.

Los ODS propuestos reconocen el impacto devastador de las enfermedades no transmisibles y el factor de riesgo del consumo de tabaco, y fijan metas para la reducción de las consecuencias mortales de ambos.

El temor a inmiscuirse en el derecho de los gobiernos a decidir sobre su capacidad fiscal sería la causa de la reticencia de los negociadores a recomendar el gravamen como forma de generar fondos para el desarrollo sostenible.

Sin embargo, 180 Estados ya acordaron que el impuesto al tabaco es un instrumento importante para generar ingresos y salvar vidas. Como partes en el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT), estos gobiernos incluso acordaron las pautas que establecen la forma de gravar el tabaco con la mayor eficacia posible.

En particular, estas pautas para aplicar el artículo 6 del CMCT constituyen la primera vez que los gobiernos acuerdan qué se debe hacer, y qué no, para tener una buena política tributaria del tabaco.

El aumento de los impuestos al tabaco, y por tanto, de los precios del cigarrillo, es bueno para la salud porque reduce la cantidad consumida de las siguientes formas.

  • Algunos fumadores abandonan por completo el hábito.
  • Se disuade a algunas personas, en su mayoría adolescentes, de empezar a consumir.
  • Algunas siguen consumiendo tabaco, pero reducen el consumo diario.

En consecuencia, la venta de tabaco desciende. Sin embargo, los ingresos generados por el aumento de los impuestos a los productos restantes compensa con creces la reducción en las ventas. Por este motivo, el gravamen es una opción sin pérdidas para los gobiernos, ya que es bueno tanto para la salud como para las arcas públicas.

La mayor parte de los ingresos se generaría en los países ricos al principio, ya que allí los impuestos y los precios son mucho más altos para empezar, pero los países en desarrollo también podrán recaudar ingresos sustanciales.

Por ejemplo, Filipinas aumentó sus impuestos específicos en 2013, y el precio promedio del paquete de cigarrillos subió 48 por ciento. Las ventas disminuyeron y la cantidad de fumadores cayó de 28,3 a 25,4 por ciento de la población adulta entre 2009 y 2013, mientras que los ingresos fiscales por el impuesto al tabaco pasaron de 702 millones a 1.500 millones de dólares entre 2012 y 2013.[related_articles]

Para ser eficaz, el incremento del impuesto debe acompañarse de otras medidas, como señalan las pautas del artículo 6 del CMCT. Los gobiernos también deben:

  • Aplicar los sistemas tributarios más sencillos y eficaces.
  • Hacer ajustes periódicos para que los productos del tabaco cuesten más con el paso del tiempo.
  • Gravar todos los productos derivados del tabaco sistemáticamente para evitar la sustitución.
  • Eliminar gradualmente los productos libres de impuestos.
  • Y fijar políticas de largo plazo, que podrían incluir un objetivo fiscal.

Los Estados partes del CMCT no son los únicos que reconocen el potencial de los impuestos sobre el tabaco, sino que estos también recibieron elogios en el reciente trabajo sobre la financiación para el desarrollo sostenible de los economistas Jeffrey Sachs y Guido Schmidt-Traub.

«Se ha demostrado que los impuestos al consumo de productos derivados del tabaco tienen un impacto muy positivo en la reducción del consumo… y en la mejora de la salud”, señalan.

Los impuestos al tabaco son “particularmente eficaces para reducir el consumo de las poblaciones vulnerables, especialmente de los jóvenes. En muchos países… también son una importante fuente de ingresos del gobierno y se dedican a las actividades de control del tabaco, servicios de hospitales y otros servicios de prevención o promoción sanitaria», añadieron.

Los autores también se refieren a un informe de 2011 que el magnate de la informática Bill Gates presentó a una reunión de los líderes del Grupo de los 20 (G 20) países industrializados y emergentes.

«Los impuestos al tabaco son especialmente atractivos porque alientan a los fumadores a dejar de fumar y desincentivan el inicio del hábito, a la vez que generan ingresos significativos. En relación con la salud mundial, todos salen ganando», escribió Gates.

«Los impuestos al tabaco ya son omnipresentes. Noventa por ciento de los países aplican algún tipo. Y funcionan. En Tailandia, a medida que los impuestos al cigarrillo subían entre 1994 y 2007, los ingresos se duplicaron, aunque el número de fumadores se redujo de manera considerable», aseguró.

Los ODS brindan una hoja de ruta para la creación de un mundo más sano, equitativo y próspero, y como tales son sumamente ambiciosos. Se necesitarán recursos considerables para que estos objetivos se hagan realidad en los próximos 15 años.

Ya aprobados por una gran mayoría de los gobiernos del mundo, y con una hoja de ruta clara para su implementación, los impuestos al tabaco deberán tener un lugar destacado en la Declaración de Addis Abeba como una herramienta eficaz para la financiación del desarrollo sostenible.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de la autora y no representan necesariamente las de IPS, ni pueden atribuírsele.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Álvaro Queiruga

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