Rumbo de Zimbabwe en duda tras la impugnación de las elecciones

Votantes hacen fila para sufragar en Zimbabwe el 30 de julio de 2018. Emmerson Mnangagwa obtuvo la mayoría de los votos, pero la oposición impugnó el resultado ante el Tribunal Constitucional. Crédito: Cortesía de The Commonwealth/CC By 2.0
Votantes hacen fila para sufragar en Zimbabwe el 30 de julio de 2018. Emmerson Mnangagwa obtuvo la mayoría de los votos, pero la oposición impugnó el resultado ante el Tribunal Constitucional. Crédito: Cortesía de The Commonwealth/CC By 2.0

Los últimos acontecimientos en Zimbabwe dejan dudas sobre si este país africano podrá romper con su horrendo pasado y avanzar hacia un nuevo futuro tras las históricas elecciones de julio en las que ganó Emmerson Mnangagwa por un estrecho margen, pero que impugnó la oposición ante el Tribunal Constitucional.

Mnangagwa, otrora hombre de confianza del expresidente Robert Mugabe, reunió 50,8 por ciento de los votos, más que Nelson Chamisa, del Movimiento para un Cambio Democrático (MDC), que logró 44,9 por ciento.

Los 2,46 millones de votos conseguidos por Mnangagwa, frente a los 2,15 millones de su opositor, le dieron el «50+1» de los sufragios requeridos para ser presidente.

Pero el 10 de este mes, la Alianza-MDC impugnó ante el Tribunal Constitucional los resultados, demorando la asunción de Mnangagwa, prevista para el día 12.

El tribunal tiene 14 días para expedirse, y puede rechazar la solicitud presentada y confirmar a Mnangagwa como presidente, o hacer lugar a la evidencia presentada por Chamisa y fallar a favor de la oposición. También podría ordenar la realización de otras elecciones, que deberán realizarse en los próximos 60 días.

El politólogo y activista de derechos humanos Effie Ncube opinó: “Evitar otra elección es la mejor solución para Zimbabwe porque los ánimos en el terreno no son ideales para un elección libre de violencia”.

“El futuro de Zimbabwe radica en un acuerdo negociado por lo que este país tiene para perder, más que para ganar, si no se encuentra pronto una solución política”, explicó.

Mugabe fue desplazado, pero su brutal legado permanece en este país desesperado por un nuevo comienzo.

Las elecciones del 30 de julio, tras el derrocamiento de Mugabe en noviembre de 2017, no pasaron sin inconvenientes. La violencia, en todas sus formas fue emblemática de su gobierno, y es algo de lo que el actual presidente electo Mnangagwa buscó distanciarse.

Pero la violencia, la intimidación, los asesinatos y la impugnación de los resultados ensuciaron los comicios.

Hace dos semanas, la policía reprimió una manifestación de la oposición fuera de la sede de la Comisión Electoral de Zimbabwe en protesta por la demora en anunciar los resultados electorales.

El ejército también intervino y disparó contra los manifestantes dejando seis personas muertas y muchas más heridas. La tragedia manchó los comicios a pesar de los llamados a la calma tanto de la gobernante Unión Nacional Africana de Zimbabwe-Frente Patriótico (ZANU-PF) y del opositor MDC.

“El brutal legado de Mugabe regresó para perturbarnos una vez más, pero entonces por lo menos estaba claro quién estaba a cargo”, puntualizó Dumisani Nkomo, director de la organización Habakkuk Trust.

En cambio, “ahora no está claro quién está a cargo, y parecen haber aparecido muchos focos de poder, e incluso en el ejército parecen haber muchos focos, como lo prueba el misterio sobre quién sacó los soldados a las calles de Harare”, añadió.

La credibilidad del proceso se vio seriamente erosionada por los habilitados a sufragar, por el voto postal y por los resultados de los comicios, puntualizó Nkomo.

“Es una situación realmente compleja porque los resultados electorales disputados fueron un problema desde 1980, y más claramente en 2000, 2002 y 2013, y parecemos avanzar en círculos”, dijo Nkomo a IPS.

“Las elecciones no pueden, siendo totalmente honestos, calificarse de libres y justas debido al terreno de juego desigual y por las restricciones a las libertades civiles tras el anuncio de los resultados”, explicó.

Los comicios parecieron libres y justos por muchos aspectos, como que la relativa paz vivida en los centros de votación, por el nuevo sistema biométrico para registrar a los votantes, por la buena organización de la Comisión Electoral y porque hubo diversos candidatos y partidos.

Los observadores de la Comunidad para el Desarrollo de África Austral y de la Unión Africana (UA) respaldaron los comicios por ser libres y justos, en cambio la Unión Europea sí observó las irregularidades.

“Toda impugnación legal será de corta duración”, explicó el economista y legislador Eddie Cross.

“El gran desafío de Mnangagwa es unir al país tras su liderazgo y sanar las heridas de disputas pasadas, la lucha por la independencia (por ejemplo)”, explicó.

“Las pujas de poder incluyeron enfrentamientos con el MDC “desde 2000 con 5.000 personas secuestradas, decenas de miles torturadas, cientos muertas y la casi total destrucción de la economía, todo en nombre de la lucha para restablecer una democracia real”, añadió.

Hora de tender puentes

Mnangagwa se mofó de la idea de crear un gobierno de unidad nacional, como hizo su predecesor en 2008, con el opositor MDC, encabezado por el ahora fallecido Morgan Tsvangirai.

“¿Tengo una mayoría de dos tercios y quieren que abandone mi mayoría para formar un gobierno de unidad?”, exclamó Mnangagwa, en la primera semana de agosto en entrevista con el canal de televisión Skye News.[related_articles]

“No es mala idea, pero no me parece que haya necesidad. Creo que la política partidaria debe dar un paso al costado porque las elecciones ya quedaron atrás”, apuntó.

“Tenemos que ponernos manos a la obra para modernizar nuestra economía y hacerla crecer juntos. Los que no me votaron, los que me votaron, decimos juntos Zimbabwe es nuestro”, arengó.

A pesar de la violencia que estropeó el resultado electoral, Zimbabwe dependía de una suave ascensión al poder como boleto para entrar a la órbita de la comunidad internacional.

Pero en una iniciativa para presionar al nuevo gobierno a redoblar esfuerzos en ese sentido e iniciar una serie de reformas políticas y económicas, Estados Unidos renovó las sanciones a este país, vigentes desde 2001.

La economía sigue siendo uno de los grandes desafíos que Mnangagwa deberá atender con cuidado.

El presidente electo lanzó una ofensiva para atraer inversiones, promocionando la nueva apertura a los negocios de Zimbabwe.

“Mnangagwa tiene la oportunidad de cambiar el rumbo del país, hizo declaraciones acertadas sobre la economía que, ahora, tiene que acompañar de acciones”, observó Ncube.

“Creo que quiere jugar un papel de (Nelson) Mandela como persona que transforma al país y lo lleva a la democracia, alejándolo de la dictadura”, apuntó.

“Si el tribunal confirma a Mnangagwa como ganador, podrían haber menos tensiones. Pero la credibilidad y la legitimidad del régimen se cuestionará, y eso pondrá en riesgo su capacidad de atraer inversiones internacionales y perjudicará la estabilidad política”, alertó.

Traducción: Verónica Firme

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