Cuba quiere impulsar movilidad eléctrica
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Electromovilidad en Cuba, oportunidad para el transporte sostenible

El líder del club cubano de Moto Eléctrica Osdany Fleites Nuñez traslada a su padre a una consulta médica, en el capitalino municipio de Centro Habana, en La Habana. Se calcula que actualmente unas 200 000 motocicletas eléctricas transitan por la capital cubana. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

El líder del club Moto Eléctrica Cuba, Osdany Fleites Nuñez, traslada a su padre a una consulta médica, en el capitalino municipio de Centro Habana, en La Habana. Se calcula que actualmente unas 200 000 motocicletas eléctricas transitan por Cuba. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 22 abr 2020 (IPS) - Incentivar el uso de vehículos alternativos y aumentar la yproducción de energía eléctrica a partir de fuentes renovables ofrece oportunidades y retos para Cuba, en un escenario global que acelera la apuesta por medios de transporte ecológicos.

En febrero, durante el XII Congreso Internacional de Educación Superior Universidad 2020, efectuado en La Habana, se presentó un nuevo plan de introducción de vehículos eléctricos en este país insular caribeño, que aún debe ser aprobado por el Consejo de Ministros.

La estrategia pretende generalizar los medios de transporte 100 por ciento eléctricos y con ello disminuir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, así como eliminar la dependencia de los combustibles fósiles, acorde con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y con los compromisos del Acuerdo de París sobre cambio climático.

Esa política revitalizaría el muy obsoleto parque automotor cubano, con una edad promedio de los vehículos de 35 años y de los cuales más de 75 por ciento sobrepasa los 20 años de explotación, indican datos oficiales.

“Gracias a mi moto eléctrica he prescindido de los ómnibus colectivos y ahora que está suspendido el transporte público, sigo laborando y recorro los 18 kilómetros entre mi casa y el trabajo”, dijo a IPS el informático Everardo Santos, residente en la localidad de Cojímar, dentro de La Habana del Este, uno de los 15 municipios de la capital.

Durante los últimos tres años, se aprecia un incremento del uso de motos eléctricas en Cuba, luego que en 2013 la Aduana General autorizó su importación, lo cual facilitó a miles de ciudadanos comprarlas en Panamá y otros países.

Luego la industria nacional asumió el ensamblaje de distintos modelos a partir de piezas importadas principalmente de China, y desde 2017 se venden en comercios estatales.

Los precios siguen siendo un obstáculo para su adquisición masiva.

En el caso de las motos, las más económicas se cotizan en el equivalente a 1000 dólares, en una nación con un salario promedio de poco más de 42 dólares mensuales.

Pese a ello, varias estimaciones señalan que en la isla transitan más de 200 000 de estos vehículos, lo cual ha favorecido la movilidad de decenas de miles de familias ante los crónicos problemas con el transporte público, en un país de 11,2 millones de habitantes.

Trabajadores de la empresa Aguas de La Habana disponen de una flotilla de vehículos eléctricos para desplazarse a realizar sus labores por la capital cubana. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Trabajadores de la empresa Aguas de La Habana disponen de una flotilla de vehículos eléctricos para desplazarse a realizar sus labores por la capital cubana. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Transporte eléctrico gana espacio en América Latina

A raíz de la pandemia de covid-19 se observan drásticos cambios en el transporte público y la movilidad humana en distintas ciudades del orbe, incluida Cuba, si bien en América Latina algunas experiencias mostraban ya desde antes el potencial de los medios de transportación alternativos.

En urbes como Bogotá, la capital colombiana, se ha incentivado el uso de bicicletas y motos eléctricas para reducir la posibilidad de contagios.

En esa ciudad se habilitaron carriles de ciclovías temporales, a fin de descongestionar el tráfico vehicular y evitar aglomeraciones en las vías.

Varios gobiernos latinoamericanos promueven la movilidad no contaminante, como es el caso de Chile que a fines de 2017 adoptó la Estrategia Nacional de Electromovilidad, la cual contempla diversas iniciativas de mercado y penetración de vehículos eléctricos, tanto en el transporte público como privado.

Uruguay, por su parte, impulsa un plan nacional de desarrollo de una red de infraestructura de carga y corredores viales para vehículos eléctricos, mientras Costa Rica adoptó la Ley de Promoción e Incentivos al Transporte Eléctrico que propone transformar el parque vehicular de la nación centroamericana de manera estratégica e integral a partir del concepto de cero emisiones.

“Las ventajas de los vehículos eléctricos son mayores que sus desventajas, desde el ahorro de combustible hasta la disminución de la contaminación ambiental, incluida la sonora”, comentó a IPS la comunicadora Denisse Hernández.

A su juicio, en Cuba se debería estimular la expansión de estos medios, pues “aunque su coste es aún muy elevado con respecto a los vehículos convencionales, la compra debería valorarse como una inversión y valorar los ahorros y beneficios”.

Pasajeros descienden de un ómnibus urbano de motor híbrido, con su distintivo color azul, que se han incorporado a la red de transporte público de la capital cubana. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Pasajeros descienden de un ómnibus urbano de motor híbrido, con su distintivo color azul, que se han incorporado a la red de transporte público de la capital cubana. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Esfuerzos pioneros

En 2019 entró en funcionamiento una flota de 22 automóviles eléctricos de la empresa estatal Aguas de La Habana que, según informes oficiales, reportan un considerable ahorro de combustible y recursos de mantenimiento.

También en ese año se incorporaron a la transportación pública en la capital cubana 39 ómnibus híbridos (alternan diésel y electricidad), una tecnología que ahorra de 25 a 30 por ciento de combustible y genera menos carga contaminante.

Antes, ya desde fines de 2017, circula a modo experimental por La Habana el E12, el primer bus totalmente eléctrico en Cuba.

De acuerdo con las autoridades, los precios de los equipos y piezas impiden su generalización, pues el costo de cada ómnibus de este tipo sobrepasa los 270 000 dólares, 2,3 veces el valor del convencional.

No obstante, la transportación ecológica supone retos para la matriz energética nacional, altamente dependiente de la importación de combustibles fósiles.

Pero hasta ahora no existen detalles de cómo se llevará a cabo la política para  aumentar el parque automotor eléctrico, ni sus previsibles etapas o el sistema de carga de las baterías que deberá acompañarla.

En noviembre de 2019, entró en vigor el decreto ley No.345, sobre el desarrollo de las fuentes renovables y el uso eficiente de la energía, el cual contempla, entre otros aspectos, la paulatina sustitución de los combustibles fósiles en la generación eléctrica, así como la elevación de la eficiencia y el ahorro energéticos.

Diversos informes indican que este país caribeño importa alrededor de 60 por ciento del combustible que consume, unos nueve millones de toneladas anuales, y extrae localmente cerca de un 40 por ciento de crudo muy pesado y sulfuroso, usado principalmente para la generación termoeléctrica y la producción de cemento.

La volatilidad de los precios del petróleo y las sanciones de Estados Unidos a empresas navieras que transportan crudo a la isla, como parte del reforzamiento del embargo que aplica contra La Habana desde 1962, mantienen en constante tensión los planes de desarrollo económico y conspiran contra la soberanía energética del país.

Para 2030, la meta es lograr que 24 por ciento de la generación eléctrica nacional ocurra a partir de fuentes limpias, como la bioelectricidad, paneles solares fotovoltaicos, parques eólicos y centrales hidroeléctricas.

Será un gran salto, porque las fuentes renovables aportan actualmente algo más de siete  por ciento de la generación eléctrica nacional, donde destaca la energía eólica (3,7 por ciento), seguida de la bionergía (2,0 por ciento),  solar fotovoltaica (1,2 por ciento) y geotermía, termosolar de concentración y oceánica (0,4  por ciento).

“Sería positivo abaratar el precio de los vehículos eléctricos en Cuba; que se facilitara la venta de piezas de repuesto y su mantenimiento. Muchas personas no se deciden a utilizarlos por estas barreras”, comentó a IPS Osdany Fleites, presidente del club Moto Eléctrica Cuba.

Esa iniciativa ciudadana, surgida en marzo de 2019, agrupa a decenas de motoristas en La Habana, quienes promueven una cultura del transporte sobre bases ecológicas.

A juicio de Fleites, una asignatura pendiente son los puntos de recargas, pues “muchos países aún con menos densidad de vehículos y motos eléctricas poseen estas facilidades para el reabastecimiento fuera del hogar”.

A ello se suma la casi orfandad de ciclovías y una red vial que en 75 por ciento está catalogada como de regular o mal estado, según cifras oficiales.

Ed: EG

 


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