La carta dirigida al G20 se queda en buenas intenciones
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El mundo sin un liderazgo claro ante la pandemia de covid-19

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La carta para una acción conjunta contra la pandemia enviado al G20 tiene buenas intenciones pero no escapa a cinco problemas fundamentales que hoy plantea claramente la pandemia de covid-19

Captura de una videoconferencia del Grupo de los 20 sobre medidas por la pandemia de la covid-19. Foto: Twitter

CASAPROTA, Italia, 20 abr 2020 (IPS) - Es triste leer el “Manifiesto para una acción conjunta contra la pandemia”, enviada al Grupo de los 20 (G20), por exgobernantes de 70 países y por diversas personalidades del universo de la economía y de las relaciones internacionales. 

La carta enviada al G20 — grupo que se arroga el derecho de hablar en nombre de la humanidad, cuando para esto se fundaron las Naciones Unidas–,  demuestra como un heterogéneo grupo de personalidades, algunas de las cuales, como el expresidente argentino Mauricio Macri, son el ejemplo opuesto de la buena gobernabilidad, vuelven a cerrar el círculo sobre el statu quo.

El documento que, por cierto, tiene el mediocre vicio de buscar el mínimo común denominador, en lugar del máximo común divisor, vuelve a dar la misma receta que nunca funcionó: convertir al sistema generado por los Acuerdos de Bretton Woods (el sistema financiero internacional) en gerente del orden internacional.

Ya nos olvidamos de que el sistema financiero internacional fue uno de los signatarios del famoso Acuerdo de Washington, realizado por el Tesoro de Estados Unidos y los organismos implicados en los acuerdos de Bretton Woods, lo que obligó al mundo a observar al mercado como el único valor dominante tras la caída del Muro de Berlín.

El autor, Roberto Savio

El autor, Roberto Savio

Los firmantes del Consenso de Washington obligaron a los diferentes Estados, y obviamente a los más pobres e indefensos del sistema, a aceptar la idea de reducir al mínimo de su propia capacidad reguladora como moderadores y propulsores del crecimiento, cortando por lo sano con todo lo que no era inminentemente productivo: la salud, la educación, la investigación y todo lo que constituía los sistemas nacionales del bienestar (wellfare).

Esta acción ha sido determinante para reducir el nivel de vida de las clases más pobres. El fracaso inevitable ha obligado Bretton Woods, no hace mucho tiempo, a volver a mostrar al Estado como actor indispensable en la gobernabilidad, que sea había delegado al sector privado.

Tras una orgia de neoliberalismo –donde, por ejemplo, el expresidente de Estados Unidos,  Ronald Reagan, quería eliminar el Departamento de Educación en su país y privatizar todo el sistema de la salud; o donde la ex primera ministra británica Margaret Thatcher decía que “no existe eso que llamamos sociedad: hay individuos, hombres y mujeres  y hay familias” —, se consiguió reducir el poder de acción de la ONU a una especie de organización no gubernamental poderosa, algo así como la súper Cruz Roja de las Naciones.

Se eliminó el poder de tomar decisiones políticas y se le encomendaron los temas de la infancia, la pobreza y la educación. Varios países como Estados Unidos, Gran Bretaña o Singapur, por ejemplo, se retiraron de la Unesco.

El G20 se arrogó el derecho de ser el instrumento mundial de la gobernabilidad, y el Foro Económico Mundial de Davos se convirtió en la cita anual del sistema financiero, corporativo y político que toma las decisiones de alcance mundial sin que nadie le hubiera elegido para ello.

La carta dirigida al G20 está llena de buenas intenciones, respeta a los países más frágiles y la necesidad de emprender acciones en el campo de la sanidad, Pero no escapa a cinco problemas fundamentales hoy que la pandemia de covid-19 ha puesto claramente de manifiesto:

1º.- No hace referencia al papel de los Estados nacionales, dando al Sistema de Bretton Woods la responsabilidad de solucionar los problemas.

2º.- Vuelve sentar las bases del camino que generó la crisis del 2008, que era una crisis de los mercados financieros, lo significa no entender que, en esta ocasión nos encontramos ante un hundimiento global del sistema. Sobre esto no hay ninguna sugerencia en esta carta. Indicar a los gobiernos que tiene de dejar de hacer recortes en salud, educación, investigación y volver a dar prioridad a la justicia social, reducir la inequidad, es una indicación esencial.

3º.- No hay ninguna referencia a la necesidad de retornar a una visión política basada en valores comunes, como la solidaridad, la participación y la cooperación. Esta omisión es totalmente reveladora de las intenciones de muchos de sus firmantes.

4º.- No existe ninguna referencia a la sociedad civil, que es la que está jugando un papel siempre más clave, para suplir a los estados, reconocerla y pedir apoyo.

5º.- Ignorar completamente el tema trágico del cambio climático y la nefasta interferencia del hombre en la naturaleza, es también sintomático. La llegada de un virus transmitido a los hombres por la súper explotación del reino animal, requiere de un abordaje urgente. La pandemia ha llegado para recordárnoslo, no para que lo olvidemos.

Estas son solo algunas de las omisiones que hacen de este documento un mero dejà vu. Incluso las cifras que sugiere para enfrentar a la pandemia son inferiores.

El problema es evidente y grave. Si en esta carta se hubiese propuesto alguna acción novedosa y holística, el número de firmantes se hubiera reducido de manera notable. La pandemia demuestra de manera clamorosa que la sociedad humana existe, que el mercado no puede solucionar temas globales en el interés de la humanidad.

Es irónico que todo el sector industrial y financiero llame ahora el Estado para acudir en su ayuda. Lo que es evidente es que este virus va a cambiar de manera irreversible nuestra manera de vivir.

Sin sugerir un debate sobre el actual sistema geopolítico, carente de valores, con la intención de crear un sistema sostenible diferente, es evidente que el gran esfuerzo de presupuestos y de sacrificios que se está realizando, si se persiste en evitar afrontar los evidentes problemas estructurales, van a provocar solamente un aumento de la deuda global, lo que nos dejará aún menos preparados para el próximo virus.

No olvidemos que la covid-19 viene después de las epidemias del Sars, de la peste porcina, de la gripe aviar, del Ébola o del Mers.

Mientras tanto, siguen derritiéndose los polos, desapareciendo la masa forestal, reduciéndose la biodiversidad, menguando la reserva de agua disponible, aumentando los huracanes, etc.

Me pregunto qué es lo que tiene que pasar para que decidamos deshacernos de la cultura del Consenso de Washington y colocar en el centro del sistema al hombre y a su hábitat,  no al mercado financiero.

Periodista italo-argentino, Roberto Savio  fue cofundador y director general de Inter Press Service (IPS), de la que ahora es presidente emérito. En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. 

RV: EG

 


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