Los servicios de VIH quedan en segundo plano en Rusia ante la covid-19

Vista de Moscú, la capital de Rusia, un país donde 1,2 millones de personas están contagiadas con el virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH) y la tasa de crecimiento de los infectados crece anualmente entre 10 y 15 por ciento. Ahora, el sistema sanitario se concentra en el combate a la pandemia de la covid-19 y desatiende a quienes tienen VIH/sida. Foto: Ed Holt
Vista de Moscú, la capital de Rusia, un país donde 1,2 millones de personas están contagiadas con el virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH) y la tasa de crecimiento de los infectados crece anualmente entre 10 y 15 por ciento. Ahora, el sistema sanitario se concentra en el combate a la pandemia de la covid-19 y desatiende a quienes tienen VIH/sida. Foto: Ed Holt

En Rusia, uno de los países con mayor epidemia de VIH/sida del mundo, su frágil sistema de salud se está quebrando bajo la presión de tener que lidiar con el combate a la covid-19 y ya ha relegado a un peligroso segundo plano la atención a las personas con inmunodeficiencia adquirida.

Este país, el más extenso del mundo,  es ya el segundo con el mayor número de personas registradas con coronavirus, hasta la mañana de este martes 19, y cientos de hospitales han reportado brotes y elevadas tasas de mortalidad entre los médicos y otros trabajadores sanitarios que están en la primera línea de la contención de la pandemia, por encima la de otros países del entorno.

Rusia también tiene una de las peores epidemias de VIH/sida del mundo con nuevos casos de personas contagiadas que aumentan a una tasa de entre 10 y 15 por ciento al año, con al menos 1,2 millones de personas infectadas con el virus de inmunodeficiencia humana.

Según una declaración del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (Onusida), más de 100 de los centros de prevención y control en Rusia del sida, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, han sido «movilizados para apoyar la lucha del país contra covid-19».

Si bien los funcionarios de salud aseguran que la atención de calidad para las personas con VIH continúa, a medida que se agotan los recursos para controlar la expansión de la covid-19, quienes trabajan con personas que viven con el VIH (PVVIH) dicen que han experimentado problemas.

Hablando bajo condición de anonimato, uno de estos trabajadores sanitarios  dijo a IPS: «Debido a los bloqueos (de movilidad), hay personas atrapadas en una u otra parte de Rusia que no están registradas como residentes allí. Esto significa que no pueden obtener sus medicamentos».

«Luego están los trabajadores migrantes que normalmente traen sus medicamentos con ellos, luego regresan a sus hogares después de unos meses para obtener su reabastecimiento. Pero ahora no pueden obtenerlo. O hay una madre soltera que no puede dejar a sus hijos en casa para obtener sus medicamentos, así que (habitualmente) los voluntarios los entregan a las puertas de sus viviendas», y ahora eso no sucede, explicó.

Las fuentes explicaron a IPS que los grupos de las comunidades locales y los voluntarios han tenido que recurrir a arreglos irregulares con los médicos de la zona para poder entregar los antirretrovirales (ARV) a las personas con VIH que lo necesitan.

«Esto no es algo de lo que se habla abiertamente porque las personas involucradas en esto (los procedimientos irregulares) no deberían estar haciéndolo, pero los propios médicos entienden que no tienen otra opción, porque si no, las personas podrían morir”, dijo una de las fuentes que habló a condición de mantener su identidad en reserva.

Las interrupciones del tratamiento para las PVVIH pueden ser fatales. Mientras la persona afectada mantenga su tratamiento, la carga viral de VIH cae a un nivel indetectable. Pero si el tratamiento con ARV es irregular, la carga viral de una persona aumenta, lo que afecta su salud y potencialmente conduce a la muerte. Incluso las interrupciones menores pueden afectar la salud de las personas con VIH.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que no hay evidencia de que el riesgo de infección o complicaciones de la covid-19 sea diferente entre las PVVIH que son clínicamente e inmunológicamente estables y tienen el tratamiento antirretroviral en comparación con la población general.

Pero sí se cree que las personas que tienen comprometido su sistema inmune, tienen un mayor riesgo de sufrir una enfermedad grave y potencialmente letal si contraen la covid-19.

La cuarentena también ha dificultado en el país el acceso a servicios de salud especiales a las personas de grupos de riesgo, como los consumidores de drogas o las trabajadoras sexuales, entre otros.

Algunas instalaciones que proporcionan tratamientos para la drogodependencia han pasado a ser utilizadas para tratar a pacientes contagiados con el coronavirus y se ha decretado que los adictos a las drogas solo pueden obtener tratamiento para su problema si están en una condición aguda.

Existe la preocupación de que estos límites en la disponibilidad de tratamiento para los drogodependientes podrían llevarlos a una conducta de consumo más riesgosa y ponerlos en mayor peligro de contraer VIH u otras enfermedades transmisibles.

Anya Sarang, presidenta de la Fundación Andrey Rylkov (ARF), una organización social rusa que promueve una política de humanización de las drogas y tiene su base en Moscú, dijo a IPS: «¿Pero qué se define como una afección aguda? Estos (consumidores de drogas) están entre las personas más vulnerables de la sociedad en este momento y no pueden obtener ayuda».

La pérdida de empleos durante la crisis también ha tenido un impacto, arrastrando a muchas personas a la pobreza, entre ellos las personas afectadas por VIH o la drogodependencia, y aquellas dedicadas al trabajo sexual.

«La están pasando muy mal. Muchos han perdido todo su trabajo, y luego perdieron sus hogares, y ahora están luchando para comer, y mucho menos para obtener medicamentos contra el VIH», dijo a IPS un trabajador de una oenegé que trabaja con PVVIH.

Mientras tanto, Enji Shagieva, secretaria del Foro Ruso de Trabajadores Sexuales, describió a principios de este mes el riesgo que enfrentan muchas personas de su sector.

«Las organizaciones que trabajan con trabajadoras sexuales han cancelado las visitas de divulgación a lugares donde las trabajadoras sexuales continúan sus actividades, bajo su propio riesgo. Se han suspendido las pruebas de VIH y la distribución de condones, cuando ellas todavía necesitan esos condones…», dijo.

Sin embargo, en medio de estos problemas, las redes de organizaciones sociales y activistas locales trabajan para garantizar que se sigan brindando servicios vitales para las personas con VIH y otros grupos de riesgo.

Activistas de oenegés rusas explicaron a IPS cómo se habían adaptado a las restricciones del confinamiento y el bloqueo a la movilidad establecidas por la covid-19 y  cierre para encontrar formas de continuar brindando servicios de contención de daños, incluido el suministro de agujas y jeringas limpias para que los drogodependientes minimicen el peligro de contraer el VIH.

Sarang explicó que «habitualmente (antes de las restricciones por la covid-19) salíamos durante tres o cuatro horas todas las noches y establecíamos un punto móvil donde la gente podía venir a buscar agujas y etc, pero tuvimos que detener esta actividad por la cuarentena».

«Pero hemos logrado seguir utilizando las redes comunitarias existentes en nuestra ciudad para la distribución de agujas y pruebas de VIH, aumentando el alcance digital y la gestión de casos, por ejemplo llevando a las personas a recoger sus medicamentos», agregó.

La directora ejecutiva adjunta del Programa de Onusida, Shannon Hader, dijo a IPS que “la covid-19 plantea más desafíos para el tratamiento del VIH y la provisión de servicios, pero el problema es cómo los países y los socios enfrentan estos desafíos».

Hader consideró que los sistemas de tratamiento y prevención del VIH que ya existen en muchos países en desarrollo podrían modificarse para enfrentar los desafíos actuales.

«Hay oportunidades para la innovación y la flexibilidad en los modelos de servicio para el VIH, lo que significa que esos servicios no tienen que interrumpirse. Podemos entregar esos servicios en las propias manos de las personas que los necesitan”, aseguró la alta funcionaria de Onusida.

«Soy optimista de que si existe la voluntad política, los países en desarrollo podrán encontrar soluciones y que no habrá una competencia (por los recursos sanitarios) entre el VIH y la covid-19”, subrayó Hader.

Mientras tanto, la ARF también dirige grupos de apoyo a través de las redes sociales y recopila regularmente comentarios de las comunidades en riesgo para dialogar con las personas que lo necesiten y ayudarlas cuando sea posible.

«Todo lo que estamos haciendo es tratar de auxiliar a las personas que lo necesitan donde sea que podamos», dijo Sarang.

T: MF

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