Cierre de las escuelas daña nutrición y agricultura en Brasil
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Cierre de las escuelas daña nutrición y agricultura en Brasil

Nina dos Santos, agricultora familiar de Esperança, un municipio de la región del Nordeste brasileño, siembra con el marido gran variedad de frutales y hortalizas en solo 1,25 hectáreas. De las frutas congela su pulpa, lo que le permite no depender de ventas inmediatas, un factor importante para sobrevivir durante la pandemia de la covid-19 y aguantar el cierre de las escuelas a las que vende sus productos. Foto: Mario Osava/IPS

Nina dos Santos, agricultora familiar de Esperança, un municipio de la región del Nordeste brasileño, siembra con el marido gran variedad de frutales y hortalizas en solo 1,25 hectáreas. De las frutas congela su pulpa, lo que le permite no depender de ventas inmediatas, un factor importante para sobrevivir durante la pandemia de la covid-19 y aguantar el cierre de las escuelas a las que vende sus productos. Foto: Mario Osava/IPS

RÍO DE JANEIRO, 19 jun 2020 (IPS) - “Estamos operando a pérdidas, apenas sobreviviendo”, lamentó Tone Feliciano da Silva, preocupado por la suerte de 115 familias campesinas de la asociación que dirige en Bom Jardim, en la región del Nordeste de Brasil.

La suspensión de las clases en la mayoría de las escuelas de Brasil, a causa de la pandemia de covid-19, trastornó el Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE), que atiende a cerca de 40 millones de alumnos de la red pública de la enseñanza básica en todo el país, con fondos del Ministerio de Educación, durante el curso escolar que en este país es entre febrero o marzo y diciembre.

Los más afectados, además de los escolares de familias en pobreza, fueron los agricultores familiares que, desde 2009, cuentan con una ley que les garantiza el derecho de suministrar por lo menos 30 por ciento de la llamada merienda escolar del PNAE, que en realidad es una comida completa.

Muchas prefecturas (alcaldías) y gobiernos de estado, que responden por la enseñanza básica, pasaron a distribuir canastas de alimentos a las familias de los alumnos, ante el cierre de los comedores escolares. Pero pocos mantuvieron sus compras de la agricultura local, ante la dificultad de incorporar productos frescos en el paquete.

“El PNAE es importante fuente de ingresos seguros para los agricultores. Como se trata de una producción local, la venta cubre con creces los costos de transporte”, además de dinamizar la economía municipal, explicó Silva a IPS por teléfono desde Bom Jardim.

“Tenemos un contrato del PNAE con la alcaldía de João Alfredo este año, pero la pandemia llegó antes del primer suministro”, en marzo, y no se sabe cuando las escuelas reanudarán las clases, señaló el coordinador de la Asociación de Agricultores Agroecológicos de Bom Jardim (Agroflor).

João Alfredo y Bom Jardim son dos municipios del nororiental estado brasileño de Pernambuco, ambos con 39 000 habitantes.

En Bom Jardim, donde tiene su sede, Agroflor compite con otros proveedores en un concurso para la merienda escolar en 2020, cuyo resultado no se conoce hasta ahora.

La agricultura familiar, denominación que Brasil adoptó en los años 90 para la pequeña producción basada en la mano de obra de la familia y que después se universalizó, se beneficia también del Programa de Adquisición de Alimentos (PAA), instituido en 2003, para fortalecer el sector y la seguridad alimentaria de las poblaciones vulnerables en este país de 211 millones de habitantes.

“El PAA sigue y, aunque no asegura buenos ingresos netos, Agroflor abastece el Banco de Alimentos del SESC (Servicio Social del Comercio) de Recife”, capital de Pernambuco, a 100 kilómetros de Bom Jardim, explicó Silva.

Con eso y las ferias al aire libre en ciudades vecinas “logramos sobrevivir”, incluso porque muchas familias cuentan también con los ingresos de sus miembros jubilados y de programas sociales como la Beca Familia (cerca de 36 dólares mensuales como máximo), dijo el coordinador de la asociación de agricultores.

Un grupo de niños almuerza en una escuela de Itaboraí, a 45 kilómetros de Río de Janeiro, en Brasil, donde el Programa Nacional de Alimentación Escolar permite a los estudiantes de las escuelas públicas, que brindan los 12 cursos de educación básica, alimentarse de hortalizas y alimentos frescos, provenientes de la agricultura familiar local. Foto: Mario Osava/IPS

Un grupo de niños almuerza en una escuela de Itaboraí, a 45 kilómetros de Río de Janeiro, en Brasil, donde el Programa Nacional de Alimentación Escolar permite a los estudiantes de las escuelas públicas, que brindan los 12 cursos de educación básica, alimentarse de hortalizas y alimentos frescos, provenientes de la agricultura familiar local. Foto: Mario Osava/IPS

La Beca Familia, instituida en 2003 por el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), beneficia a unos 13 millones de familias, aunque el actual presidente, el ultraderechista Jair Bolsonaro,  asegura que redujo la prestación al quitar de los beneficiarios a un millón de personas, que no tenían derecho a ella.

En todo caso, la reducción de los ingresos de los agricultores familiares por el cierre de las escuelas les impide realizar inversiones en mejoras y ampliaciones productivas, en la vivienda y otras necesidades familiares, acotó.

Para compensar, el gobierno concede desde mayo una ayuda de emergencia de 600 reales (120 dólares) mensuales, a trabajadores informales, desempleados y familias pobres, afectados por la pandemia, que hasta ahora abarca a 64 millones de personas.

Serán tres pagos que podrán extenderse por dos meses más, pero de sumas reducidas a la mitad, sugirió el gobierno, sin confirmarlo oficialmente.

La pandemia también afecta la capacidad laboral. De los 115 miembros de Agroflor, un 40 por ciento suspendió las actividades fuera de casa debido a la edad y a otros riesgos ante la covid-19.

“De los 35 que iban a la feria de Recife, ahora solo van 17, porque la pandemia que estaba fuerte en la capital se expande actualmente en el interior. Nuestra prioridad es preservar vidas, ya tuvimos un infectado”, destacó Silva.

No hay aún datos nacionales sobre los efectos del coronavirus en la agricultura familiar, que suma 5,06 millones de unidades en todo el Brasil y responde por 70 por ciento de los alimentos consumidos en el país, según estimaciones del gobierno y del sector.

Alimentación escolar a la brasileña

Según los pocos críticos del Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE), las escuelas brasileñas se convirtieron en restaurantes infantiles y muchos alumnos las frecuentan más por la comida que para aprender.
Pero el PNAE tiene una importancia innegable en Brasil y sirve de ejemplo a otros países. Ofrece de forma universal una alimentación sana y con una calidad y cantidad nutritiva equilibrada, en general bajo orientación de nutricionistas. A su amparo se brindan diariamente unos 40 millones de almuerzos, más una merienda en las escuelas a tiempo completo.
La idea nació en los años 40, se hizo realidad formalmente en 1955, pero solo en forma parcial, hasta que en 2009 se universalizó en todas las escuelas públicas y pasó a incorporar por ley 30 por ciento de alimentos producidos localmente por agricultores familiares y de cercanía, un avance nutricional al incluir hortalizas y frutas frescas.
Once años antes, aún tenía su menú y compras controladas de forma centralizada. Pero en 1998 se descentralizó y pasó al control de los municipios que reciben recursos del Fondo Nacional de Desarrollo de la Educación, según su cantidad de escolares. También los gobiernos de los estados participan, porque tienen bajo su responsabilidad escuelas de enseñanza básica, que en el país suman 12 cursos de enseñanza primaria y media.
El PNAE es también un gran factor de desarrollo local al fomentar la agricultura familiar, asegurándole un mercado con demanda diversificada y previsible para un año.

Pero en general los gobiernos regionales que ejecutan el PNAE descartaron la producción agrícola local, con excepciones como los estados de Paraná, en el sur, y de Rio Grande do Norte, en el Nordeste, y algunos municipios que siguen destinando 30 por ciento de sus presupuestos para alimentación escolar a los agricultores familiares, resumió Denis Monteiro, secretario ejecutivo de la Articulación Nacional de Agroecología (ANA).

ANA prepara una campaña con los movimientos sociales para presionar a alcaldes y gobernadores de estados a restaurar el programa según la ley, porque se trata de ofrecer a la niñez “una alimentación de calidad, incluso para resistir mejor al coronavirus” y de restablecer los canales de comercialización, sostuvo el agrónomo a IPS en una conversación telefónica en Río de Janeiro.

La crisis ofrece la oportunidad para “acercar los consumidores a los productores” y realzar la importancia de la agricultura familiar para la seguridad alimentaria. “Las políticas para el sector sufrieron un desmonte en los últimos años y la pandemia restauró la sensatez, la necesidad de políticas estatales para evitar el hambre”, arguyó.

Es así que el PAA, que tuvo un presupuesto de 850 millones de reales (unos 400 millones de dólares en el cambio de la época) en 2012, bajó a solo 186 millones de reales (38 millones de dólares) este año y aún sujeto a un recorte de 35 por ciento, según Monteiro.

La presión de gobernantes regionales y municipales y movimientos sociales, ante la crisis sanitaria, logró un aporte adicional de 500 millones de reales (100 millones de dólares), mitad de la suma pedida. “Es tardío, pero positivo, promete un segundo semestre mejor para los agricultores familiares”, celebró.

La ANA propone multiplicar por seis el presupuesto de PAA para 2021, además de otras medidas de fomento de la agricultura familiar, que “necesita seguridad para aumentar la producción”, reclamó.

Esa posibilidad se abrió con un proyecto de ley que tramita de urgencia en el legislativo Congreso Nacional, donde ANA propone incluir una ayuda de emergencia para los agricultores más pobres, del equivalente a cerca de entre 1000 y 2000 dólares a fondo perdido, y 10 veces más a las cooperativas.

El temor es que el retorno a las aulas se demore meses en muchas regiones, porque Brasil ocupa el segundo lugar del mundo en infectados y muertos por la covid-19, solo superado por Estados Unidos, y si bien en las capitales de los estados los contagios se están controlando, crecen en forma acelerada en ciudades medianas, y los epidemiólogos temen nuevos brotes por la flexibilización del aislamiento.

Otras propuestas de ANA son un crédito especial sin intereses, con prioridad a colectivos de mujeres, con cinco años de gracia; moratoria de tres años para las deudas actuales; distribución gratis de semillas y crédito normal a intereses más bajos que el 2,75 por ciento anual fijado ahora.

“La alimentación es una cuestión seria, exige reducir incertidumbres y fomentar la producción local, con menos circulación. No tiene sentido que todo el arroz brasileño se produzca en el extremo sur”, concluyó.

La recesión económica, el desempleo y el menoscabo de las políticas sociales ampliaron la pobreza entre los brasileños en los últimos años, agravando la vulnerabilidad ante la epidemia, subrayó Mariana Santarelli, investigadora del Foro Brasileño de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (FBSSAN).

El deterioro del PNAE ocurre justo cuando “la nutrición decae y es más importante una alimentación saludable”, advirtió. “Para muchos niños la merienda escolar es la única comida o la principal del día”, observó en entrevista con IPS, también por teléfono en Río de Janeiro.

El temor de Silva, de Agroflor, es que se haga permanente la distribución de canastas, en un retroceso al “asistencialismo” y a la imagen de un Nordeste hambriento y sin agricultura, cuando esa realidad ya no existe.

Ed: EG

 


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