Halcones de la deuda perjudican los urgentes esfuerzos de recuperación fiscal
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Halcones de la deuda perjudican los urgentes esfuerzos de recuperación fiscal

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Foto: Celag

SIDNEY/KUALA LUMPUR, 18 ago 2020 (IPS) - La deuda de los países del Sur en desarrollo ha continuado creciendo rápidamente desde la crisis financiera mundial de 2008-2009. Las advertencias contra la deuda han sido reiteradas por profetas familiarizados con la ruina de la deuda, como la nueva economista jefe del Banco Mundial, Carmen Reinhart, que una vez recibió el apodo de «madrina de la austeridad».

Carga de la deuda creciente

La caída de los precios de los commodities (productos transables), la disminución de las reservas de divisas, el crecimiento mundial ralentizado y el debilitamiento de las monedas han dificultado el cumplimiento del pago de la deuda externa por parte de los países en desarrollo.

Esto ha involucrado a economías de todas las categorías de ingresos, alcanzando picos históricos incluso antes de la pandemia de covid-19. A principios de mayo, más de 100 países habían pedido ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Es probable que la deuda pública de los países en desarrollo empeore con las recesiones inducidas por la pandemia, lo que provocará peticiones urgentes para la suspensión, cancelación y reestructuración de la deuda. Si bien la deuda acumulada es sin duda problemática, la fobia a la deuda ahora está limitando las opciones fiscales para hacer frente a la peor recesión económica desde la Gran Depresión.

En lugar de utilizar los escasos recursos financieros para recomprar bonos, las instituciones multilaterales y los tenedores deberían ayudar a los países del Sur en desarrollo a recuperar el espacio fiscal para evitar urgentemente que las recesiones de la covid se conviertan en depresiones.

En marzo, Naciones Unidas solicitó un paquete de 2,5 billones (millones de millones) de dólares para apoyar a los países en desarrollo. En mayo, la directora general del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió que lo que se requiere es mucho más.

Mientras la administración estadounidense de Donald Trump bloqueó la última iniciativa del FMI de los derechos especiales de giro (DEG), la unidad de cuenta del organismo, otras iniciativas de reducción de la deuda, por ejemplo, del G20 (Grupo de los 20) y el FMI, son bastante inadecuadas.

Incluso David Malpass, el presidente del Banco Mundial designado por Trump, ha criticado al G20 por quedarse corto en el alivio de la deuda, insistiendo en que «se necesita hacer más».

Recompras poco novedosas

Sorprendentemente, en lugar de buscar financiar respuestas fiscales más sólidas a las recesiones de provocadas por la covid,  Joseph Stiglitz y Hamid Rashid se han unido al coro para abordar las “crisis de deuda catastróficas”, sin ofrecer prueba de que sean “inminentes”.

Discuten varias opciones para el alivio de la deuda y la reestructuración y ofrecen pautas para la recompra de bonos, sin mencionar las propuestas de abril de la ONU, la Unctad, la Unión Africana o la Comisión Económica para África de las Naciones Unidas.

Si bien reconoce algunas limitaciones, el dúo de economistas insiste en que “las recompras de bonos presentan una solución muy atractiva, que ofrecen un alivio sustancial de la deuda a un costo relativamente bajo” que “no ha recibido suficiente atención”.

Instan al FMI a que utilice sus Nuevos Acuerdos para Pedir Préstamos para comprar deuda con descuento, complementados con fondos de tenedores e instituciones multilaterales, pero no ofrecen prueba convincente de por qué las recompras de deuda ahora deben tener prioridad sobre los recursos fiscales para la recuperación.

Recompras de bonos Brady

En el marco de una iniciativa de recompra de deuda liderada por Estados Unidos, que lleva el nombre del entonces Secretario del Tesoro, Nicholas Brady, los países en desarrollo endeudados compraron bonos del Tesoro de Estados Unidos para garantizar más de 160 000 millones de dólares en reemplazo de bonos Brady de 1989.

El plan reestructuró la deuda de 18 países en desarrollo mucho después de que comenzaran las crisis de la deuda soberana en 1981, tras el fuerte aumento de las tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos para reducir la inflación.

Anis Chowdhury

Por lo tanto, los gobiernos ayudaron a los bancos a tomar préstamos en mora, negociando por pequeñas fracciones de su valor nominal en mercados secundarios sin liquidez, no registrados en sus libros.

Algunos bancos tomaron «descuentos», pero aun así obtuvieron mucho más de lo que estaba disponible en los mercados secundarios. A diferencia de la era actual, las tasas de interés estadounidenses eran altas y, por lo tanto, los países compraron bonos del Tesoro de cupón cero con un atractivo descuento.

Sydney Maki, de Bloomberg, argumentó el 5 de mayo que es poco probable que funcione un segundo plan Brady. El plan Brady transformó los préstamos de los bancos comerciales, muchos de ellos en mora, en bonos garantizados, pero la deuda del gobierno hoy se debe a acreedores más diversos, incluidos los fondos de Nueva York, los fondos soberanos del Golfo y los fondos de pensiones asiáticos.

Maki duda que las obligaciones fiduciarias de los administradores de fondos les permitan ser indulgentes, incluso si así lo desean. Los términos de muchos acuerdos no se pueden cambiar legalmente sin la aprobación de la mayoría de los tenedores de bonos.

¿Para quién es la recompra de deuda?

Como algunos han señalado, el plan sin duda alivió la «presión sobre Wall Street», salvando a los grandes bancos comerciales estadounidenses que habían impulsado préstamos a los países en desarrollo en la década de los 70. Los precios de las acciones de los bancos comerciales de Estados Unidos con una exposición significativa de préstamo a los países en desarrollo aumentaron 35% en 13 000 millones de dólares, después de que los países aceptaran el acuerdo.

Jeremy Bulow y Kenneth Rogoff indicaron que «cuando los países muy endeudados retiran su deuda con grandes descuentos, ya sea mediante recompras o canjes de “deuda por acciones”, es posible que simplemente estén utilizando sus escasos recursos para subsidiar a sus acreedores».

Para ellos, las recompras y los canjes de deuda por acciones «son en sí mismos un despilfarro que beneficia a… los acreedores».

Stiglitz y Rashid descartan esto simplemente como una «posibilidad», citando la recompra de deuda boliviana de 1988 y la recompra de bonos griegos de 2012 como dos «buenos ejemplos» de historias exitosas.

De hecho, cuando Bolivia recompró 308 millones de dólares en deuda a valor nominal en 1988, el precio subió a 11 centavos de 6 centavos por dólar, reduciendo el valor de mercado de la deuda restante (de 362 millones a valor nominal) a 39,8 millones de dólares.

Jomo Kwame Sundaram

Jomo Kwame Sundaram

Como el valor de mercado anterior del total de sus bonos (670 millones de dólares a valor nominal) era de 40,2 millones de dólares, la recompra solo redujo su deuda en 400 000 dólares. Esta minúscula reducción le costó a los dadores 34 millones de dólares, que Bolivia habría estado mejor invirtiendo de otra manera.

Además, los países deudores que participaban del plan Brady debían desregular, liberalizar y privatizar, es decir, implementar un ajuste estructural, para calificar para el dinero del Fondo del Banco a fin de complementar sus propias reservas de moneda extranjera para recompras.

Tragedia griega

Financiada por los contribuyentes europeos, la experiencia de recompra griega no fue mejor. El precio de los bonos griegos de referencia a 10 años también subió, ya que el rendimiento cayó 147 puntos básicos tras el anuncio de la recompra.

El exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, observó: “Los rumores de una recompra de deuda han empujado los precios de estos bonos por encima de 43%. Su efecto será una reducción de la deuda neta 40% menor que el objetivo establecido por el Eurogrupo», lo que constituye «una recompensa para los fondos de inversión y un despiadado…, masivo descuento involuntario para los asediados bancos de Grecia».

The New York Times estuvo de acuerdo en que «los mayores ganadores fueron los fondos de inversión, que se embolsaron mayores ganancias de las que muchos esperaban», mientras que Moody’s Analytics predijo correctamente que «la recompra de bonos no acabará con los problemas de la deuda de Grecia».

El país europeo se vio obligado a una austeridad insoportable, hundiéndola en una depresión económica. Como la economía se contrajo en 24%, el desempleo llegó a 26%, el más alto de la zona euro, en septiembre de 2009, menos de un año después.

Por lo tanto, las recompras de deuda pueden ayudar a los mercados financieros, los fondos litigiosos y las finanzas globales, en lugar de a los países deudores.

La recompra de bonos no es una panacea

Sin duda, las recompras de deuda a veces pueden funcionar en circunstancias favorables cuando están bien planificadas como parte de una estrategia financiera más amplia. La recompra de bonos de Ecuador de 2008-2009 fueron parte de la reestructuración de su deuda externa para asegurar el alivio de la ilegítima «deuda odiosa».

Sin la presión de un estrés financiero agudo, Ecuador recompró más de 90% a través de intermediarios financieros, a 35 centavos por dólar, ya que los precios de sus bonos cayeron durante la crisis financiera mundial.

Jeffrey Sachs estuvo de acuerdo con Bulow y Rogoff en que las recompras de deuda «no son necesariamente una panacea para los países muy endeudados» a menos que sean «parte de un acuerdo integral» para la reducción de toda la deuda con la participación plena de todos los acreedores involucrados.

La influencia política de los grupos de presión financieros estadounidenses solo ha aumentado en las últimas décadas. Y, como señala Maki, un acuerdo integral que involucre a todos los acreedores es aún más difícil ahora, ya que son más heterogéneos.

Además, era razonable suponer entonces que los deudores solo tenían que reembolsar una determinada cantidad y que otros precios se ajustaban en consecuencia.

Sin embargo, los precios del mercado de bonos en la actualidad se «superan» fácilmente, mientras que las reestructuraciones de la deuda rara vez son suficientes, a menudo se retrasan y son muy costosas.

Promover recompras, respaldadas por instituciones como el FMI, también tiene el riesgo de alentar en las futuras restructuraciones de la deuda a los holdouts (los acreedores que se niegan a participar en esos procesos).

En lugar de utilizar los escasos recursos financieros para recomprar bonos, las instituciones multilaterales y los tenedores deberían ayudar a los países del Sur en desarrollo a recuperar el espacio fiscal para evitar urgentemente que las recesiones de la covid se conviertan en depresiones.

T: MLM

 


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