Generación distribuida, esperanza energética para los pobres en Brasil
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Generación distribuida, esperanza energética para los pobres en Brasil

Un hotel en Xanxerê, en el oeste del sureño estado brasileño de Santa Catarina, aprovechó sus techos para generar su propia energía solar y ahorrarse gastos en electricidad. Iniciativas similares se han producido en otros estados del país, como el de nororiental de Paraíba, donde en su capital Sousa, se multiplican instalaciones con autogeneración de electricidad fotovoltaica. Foto: Mario Osava/IPS

Un hotel en Xanxerê, en el oeste del sureño estado brasileño de Santa Catarina, aprovechó sus techos para generar su propia energía solar y ahorrarse gastos en electricidad. Iniciativas similares se han producido en otros estados del país, como el de nororiental de Paraíba, donde en su capital Sousa, se multiplican instalaciones con autogeneración de electricidad fotovoltaica. Foto: Mario Osava/IPS

RÍO DE JANEIRO, 22 oct 2020 (IPS) - “Ser solidario es consumir la energía generada en su propio municipio”, es la consigna de un proyecto de generación eléctrica distribuida en una de las muchas áreas pobres de Brasil.

“Sertão (territorio agreste) solidário” es como bautizó a su proyecto el director de la Asociación Brasileña de Generación Distribuida (ABGD) en el suroriental estado de Minas Gerais, Walter Abreu, quien fomenta la energía solar en el norte de ese estado, donde viven 2,7 millones de personas, de ellas 1,5 millones en pobreza y la mitad de estos en pobreza extrema.

Si las alcaldías locales deciden generar con paneles fotovoltaicos la electricidad que consumen sus oficinas y otras instalaciones, eso representaría un fuerte ahorro en los gastos públicos e ingresos equiparables a un salario mínimo (cerca de 200 dólares mensuales) a 3500 familias, estimó Abreu en una entrevista a Solar TV, un canal de divulgación del sector.

Su otra estimación es que triplicar la participación solar en la matriz eléctrica nacional, elevándola a cinco por ciento, podría sacar de la pobreza a dos millones de personas en el Semiárido, la ecorregión que vivió su más prolongada sequía entre 2011 y 2018 y tiene 27 millones de habitantes, en el noreste de Brasil.

La generación distribuida, también conocida como descentralizada o in situ, se presenta como una importante palanca social para las comunidades pobres o desheredadas de la energía en diferentes partes de Brasil, un país de 212 millones de habitantes, de los que 23,7 millones viven en pobreza.

La expansión descentralizada por medio de fuentes energéticas renovables sigue una tendencia general de transición en varios sectores y dimensiones, como la descarbonización por exigencias climáticas, la quiebra de monopolios y el empoderamiento del consumidor, convertido en “prosumidor”, productor y consumidor a la vez.

El presidente de la Asociación Brasileña de Generación Distribuida, Carlos Evangelista, quien explicó a IPS que Brasil ya cuenta más de 400 000 plantas de "prosumidores" de electricidad, de fuentes renovables, principalmente la solar. El crecimiento y la diversificación de ese tipo de generación se integran a una tendencia mundial. Foto: Cortesía de ABGD

El presidente de la Asociación Brasileña de Generación Distribuida, Carlos Evangelista, quien explicó a IPS que Brasil ya cuenta más de 400 000 plantas de «prosumidores» de electricidad, de fuentes renovables, principalmente la solar. El crecimiento y la diversificación de ese tipo de generación se integran a una tendencia mundial. Foto: Cortesía de ABGD

En ese proceso tiene protagonismo la energía solar, “la que más crece y más empleos genera”, destacó Carlos Evangelista, presidente de la ABGD, por teléfono a IPS, desde São Paulo.

Además, en Brasil 57 por ciento de esos empleos se deben a la instalación de los sistemas fotovoltaicos, es decir son locales, y no lejanos o foráneos como los destinados a la fabricación de los equipos y a su comercio, acotó.

Los sistemas aislados en las numerosas comunidades amazónicas alejadas de las redes de distribución eléctrica producen quizás los efectos más sobresalientes.

Sirven para bombear el agua y disponer de refrigeradores para conservar el pescado, principal fuente de proteína, otros alimentos y productos forestales exportables, como el azaí, el fruto de una palmera de igual nombre (Euterpe oleracea), que también se conoce con su nombre portugués: açaí.

En general los pueblos y caseríos dispersos cuentan con generadores a diesel o gasolina, que solo operan algunas horas en la noche, ante el elevado costo del combustible y su escasez. Su transporte se hace por embarcaciones fluviales en viajes de muchos días.

ABGD, con apoyo de la estadounidense Fundación Charles Stewart Mott, promueve políticas y proyectos junto a más de sesenta municipalidades de la Amazonia, en el norte de Brasil, con el objetivo de “movilizar recursos para una economía que haga la transición del combustible fósil al renovable, y la energía solar es una de las soluciones”, apuntó Evangelista.

“Cuatro proyectos fueron concluidos en la cuenca del río Purus”, con la instalación de microplantas solares y capacitación de técnicos locales para la instalación y mantenimiento de los equipos, el involucramiento de los líderes y la comunidad, a fin de “crear un ecosistema económico” con dinamismo propio, explicó.

La pandemia de covid-19 provocó una interrupción en las actividades del proyecto de dos años, pero la nueva directora de Sustentabilidad y Acciones Sociales de ABGD, Lucia Abadia, anunció para un futuro próximo el proyecto “Divina luz”, más amplio y con 150 microcentrales comunitarios.

Conjunto de viviendas para mil familias en situación de pobreza, en Juazeiro, en el nororiental estado brasileño de Bahia, construido a principios de la década pasada con 9144 paneles fotovoltaicos incorporados, para generar electricidad para el autoconsumo y vender el excedente. En 2016 se suspendió el pago mensual de unos 18 dólares a cada residente, porque el proyecto no cumplía todas las exigencias para la generación distribuida. Foto: Mario Osava/IPS

Conjunto de viviendas para mil familias en situación de pobreza, en Juazeiro, en el nororiental estado brasileño de Bahia, construido a principios de la década pasada con 9144 paneles fotovoltaicos incorporados, para generar electricidad para el autoconsumo y vender el excedente. En 2016 se suspendió el pago mensual de unos 18 dólares a cada residente, porque el proyecto no cumplía todas las exigencias para la generación distribuida. Foto: Mario Osava/IPS

“La población amazónica necesita la energía para sus tareas diarias y para emprender sus negocios, producir alimentos, congelarlos  y almacenarlos, y así vivir mejor a la vez que preserva los bosques, sin quemar leña”, subrayó a IPS desde Paulinia, a 120 kilómetros de São Paulo.

Abadía “descubrió” la energía solar en su actividad anterior,  la construcción, cuando buscaba soluciones para desarrollar “barrios inteligentes”, en que quería incorporar el componente energético.

Luego se unió a una empresa de instalación de sistemas fotovoltaicos que la condujo a la ABGD, donde asumió la dirección de Sustentabilidad en un trabajo voluntario, sin remuneración.

En la Amazonia aún hay 990 000 brasileños sin energía eléctrica, entre indígenas que viven en sus tierras demarcadas, población ribereña, agricultores y habitantes de áreas de conservación ambiental, estimó un estudio del no gubernamental Instituto de Energía y Medio Ambiente, de São Paulo.

Para movilizar autoridades municipales, gestores privados y líderes comunitarios, la ABGD está elaborando un manual sobre políticas públicas para la Amazonia, que detalla las potencialidades de la generación distribuida en la dinamización de la economía local, al generar empleos y mejoras sociales.

“Queremos llevar información a las alcaldías, sobre políticas públicas nacionales y de los estados que a veces no se conoce en el interior, las posibilidades de estimular la generación energética local con medidas como reducción de impuestos”, dijo Evangelista.

Es un proceso de transición, de cambio de mentalidades que exige planificación y largo tiempo. Muchos proyectos aparentemente bien diseñados fracasaron en la Amazonia por no contemplar las especificidades locales, recordó.

Lucia Abadia, directora de Sustentabilidad de la Asociación Brasileña de Generación Distribuida y directora ejecutiva de Yellow Energía Solar, pretende impulsar 150 microcentrales fotovoltaicas en comunidades aisladas de la Amazonia, para mejorar la calidad de vida y el desarrollo local. Foto: Cortesía de ABGD

Lucia Abadia, directora de Sustentabilidad de la Asociación Brasileña de Generación Distribuida y directora ejecutiva de Yellow Energía Solar, pretende impulsar 150 microcentrales fotovoltaicas en comunidades aisladas de la Amazonia, para mejorar la calidad de vida y el desarrollo local. Foto: Cortesía de ABGD

También hay intereses instalados, como el negocio de los combustibles.

“Me amenazaron de muerte por contrariar esa cadena de distribución de diesel”, señaló Evangelista, un ingeniero atraído por la generación distribuida al tener que asegurar energía a antenas de telecomunicaciones, cuando trabajaba en una empresa transnacional de ese sector.

En 2015 fundó la ABGD con la participación de 14 empresas del sector eléctrico, dedicadas a variadas fuentes, servicios o producción. Hoy son más de 800 asociadas.

También el gobierno recapacitó sobre la exclusión energética en que viven numerosas comunidades amazónicas. En febrero lanzó el programa “Más luz para la Amazonia”, pero con meta limitada de llevar energía solar a 70 000 familias, que englobarían más de 300 000 personas.

Pero la generación eléctrica descentralizada como factor de desarrollo social y económico local también preocupa el Nordeste, otra región pobre de Brasil.

“El Nordeste concentra 65 por ciento de la potencia instalada de energía solar centralizada, pero solo 18 por ciento en generación distribuida”, lamentó Daniel Lima, presidente de la Asociación Nordestina de Energía Solar (Anesolar), recién fundada en agosto, y director de la empresa del sector RDSol.

“El estado de Minas Gerais instaló una potencia en generación distribuida solar mayor que la de los nueve estados del Nordeste”, comparó.

La diferencia es la exención de impuestos que ofrece Minas Gerais desde hace cinco años, una iniciativa solo seguida por el estado de Río de Janeiro, en julio de este año. Ese es un reclamo que hará la Anesolar a los gobiernos nordestinos.

La generación centralizada, en general en “haciendas solares”, creció mucho por el bajo precio de la tierra en el Nordeste, en comparación con otras regiones, explicó Lima. La dificultad de financiación a los consumidores es otra barrera a que se vuelvan “prosumidores”.

Aún así hay casos de proyectos exitosos, como el de la Facultad de Medicina de Cabedelo, en el estado de Paraíba, que aprovechó su aparcamiento para 300 vehículos y lo cubrió de placas fotovoltaicas. La generación le permitió ahorrar 90 por ciento de sus gastos eléctricos, que alcanzaban el equivalente a unos 11 000 dólares mensuales.

El gran estímulo a los prosumidores es el alza “insustentable” del precio de la electricidad, que hace más de una década sube más que la inflación, producto de subsidios a varios sectores y actividades cargados al consumidor de energía, sostuvo el economista Lima por teléfono desde una localidad de Alagoas, un estado vecino donde se refugió por la covid.

La generación distribuida es todavía minúscula en Brasil, pero crece aceleradamente. Se duplicó de uno a dos gigavatios (GW) entre junio y diciembre de 2019 y alcanzó a tres GW en mayo de 2020, según la Empresa de Investigación Energética, un órgano de planificación dependiente del Ministerio de Minería y Energía.

ED: EG

 

 


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