Caatinga

La monotonía del monocultivo de soja domina el paisaje en muchas áreas de Mato Grosso y otros estados brasileños. La regularidad de las lluvias en el bioma del Cerrado (sabana brasileña) favorece ese cultivo al empezar las lluvias, en septiembre u octubre, y permite una segunda siembra, de maíz o algodón, antes del estiaje. Foto: Mario Osava / IPS

Brasil depende de lluvias que necesitan un sostén forestal

“La lluvia es fundamental, los riachuelos que tenemos no darían abasto para la irrigación, aunque fuesen el río Amazonas”, apuntaló Dirceu Dezem, sobre la profusión de agua exigida por los extensos cultivos en el centro-oeste de Brasil.

Con el proyecto, las mujeres comprendieron cómo sus prácticas pueden contribuir a disminuir el impacto en la deforestación de la caatinga. Crédito: Emanuella Castro

Las guardianas de la caatinga brasileña

La caatinga (bosque blanco) es un bioma exclusivo de Brasil que ocupa aproximadamente 10 por ciento de su territorio, en el noreste del país. Esta región enfrenta serios desafíos como la pobreza y la desertificación.

El campesino João Afonso, entre sus sandias y otras plantas forrajeras, en su finca en el municipio de Canudos, en el estado de Bahia, en la ecorregión del Semiárido de Brasil. Gracias al manejo del agua y de la tierra, las sequías dejaron de castigarle a él, a sus cultivos y a sus animales. Crédito: Gonzalo Gaudenzi/IPS

La sequía da frutos en la región del Semiárido brasileño

Campos verdes irrigados de viñedos y otros monocultivos, conviven en la ecorregión del Semiárido, en el nordeste de Brasil, con secas planicies salpicadas de cactus floridos y cultivos nativos campesinos. Dos modelos de desarrollo en pugna, con frutos muy diferentes.