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Esperando la próxima supertormenta

El centro del huracán Sandy tocó tierra en la madrugada del 25 de octubre cerca de playa Mar Verde, al oeste de la ciudad de Santiago de Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

El centro del huracán Sandy tocó tierra en la madrugada del 25 de octubre cerca de playa Mar Verde, al oeste de la ciudad de Santiago de Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

NUEVA YORK/LA HABANA, 31 oct 2013 (IPS) - Hace un año, el huracán Sandy devastó el nororiente de Estados Unidos, causó daños estimados en 68.000 millones de dólares y paralizó el centro financiero del mundo.

Pero días antes, en el mar Caribe, la misma tormenta había azotado de modo implacable Jamaica, Haití, Cuba y otros países, sembrando muerte y destrucción a su paso. La región apenas empieza a recuperarse.

El huracán fue uno de varios de las últimas décadas que antes los meteorólogos antes consideraban probables “una vez en el siglo”.

“Por cada dólar que no se gaste en adaptación (al cambio climático), se gastarán seis o siete en unos pocos años”. – Guido Corno, del PNUD

Ahora, esos pronósticos parecen obsoletos.

“El poder de estas tormentas está fuera de toda previsión”, dijo Guido Corno, principal asesor técnico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en diálogo con IPS.

Sandy fue una tormenta enorme, más grande que cualquier otra en los últimos 100 años”, agregó.

Los científicos creen que, para fines de este siglo, el cambio climático aumentará la severidad y frecuencia de eventos meteorológicos extremos como Sandy.

Para las naciones más pobres del Caribe, tal vaticinio es un fantasma aterrador.

Estela de destrucción

El 24 de octubre del año pasado, Sandy se convirtió en un huracán de categoría uno e impactó en Jamaica, causando daños generalizados en el este de la isla.

Setenta por ciento de los jamaiquinos quedaron sin electricidad, y en la parroquia (distrito) de Portland, sobre la costa noreste, 80 por ciento de las casas perdieron sus techos, según la Cruz Roja.

En Haití, aunque la tormenta solo bordeó la franja costera, dejó casi 50 centímetros de lluvia en el sur del país y fue un duro golpe para cientos de miles que continúan sin hogar tras el terremoto del 12 de enero de 2010.

En 2012, la tormenta tropical Isaac dañó partes del norte, luego apareció una sequía y después Sandy. El efecto combinado golpeó a los agricultores de Haití y colocó a 1,5 millones de personas en riesgo de desnutrición.

A los habitantes de Santiago de Cuba, acostumbrados a tormentas que habitualmente impactan en el occidente de la isla, Sandy los tomó de sorpresa bajo la forma de una tormenta de categoría tres, con vientos de hasta 110 kilómetros por hora. Once personas murieron y la mitad de las casas de la ciudad quedaron destruidas o muy dañadas.

“Ahora sé qué es un huracán. Cuando venga otro, no tardaremos” en huir, dijo a IPS el adolescente Rey Antonio Acosta, de 12 años, quien escapó de Sandy con su hermano mayor.

Aunque el huracán fue el más mortal que azotó Cuba en siete años, la cantidad de víctimas fue relativamente baja.

El tradicional sistema de defensa civil del país, que alerta a todos los ciudadanos en caso de desastre, permite planificar con anticipación los operativos para los huracanes inminentes, en los últimos tiempos con la ayuda de modelos de cambio climático, y ponerse en acción rápidamente tras el paso de los mismos.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) destaca que las iniciativas de prevención de desastres en Cuba incluyen “una sesión de dos días de capacitación en la reducción de riesgos para huracanes, que se completa con ejercicios de simulación y acciones concretas de preparación” como modelo para el Caribe.

De todos modos, un año después de Sandy los esfuerzos de recuperación del gobierno, complicados por la debilitada economía y por el embargo impuesto por Estados Unidos, no logran reducir el déficit de vivienda que afecta a todo el país y que existe desde mucho antes de la tormenta.

Vulnerabilidad

En Haití, como en buena parte de la región, “el agua es el principal problema”, dijo Johan Peleman, director de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en Haití.

Puerto Príncipe, una ciudad de casi 2,5 millones de habitantes, no tiene saneamiento.

El huracán agravó la presencia del cólera, que se presume ingresó al país junto con los cascos azules y que desde 2010 ha infectado a más de 650.000 haitianos, de los que murieron más de 8.000.

“Las enfermedades por la mala calidad del agua ya estaban entre las principales asesinas en masa en Haití”, dijo Peleman a IPS.

La solución, crear de cero un sistema de agua y saneamiento con financiación institucional, puede insumir décadas hasta completarse.

Tras décadas de tala ilegal, solo dos por ciento del país está forestado, y hay muchas áreas vulnerables a los deslizamientos de lodo que pueden arrasar barrios enteros cuando las lluvias son intensas.

Los manglares, que sirven de barrera natural contra huracanes y que en los últimos tiempos estuvieron al borde de una catástrofe ecológica en Haití, se han incluido en los planes de contingencia y se están recuperando, de modo lento pero seguro.

Después del terremoto y de Sandy, el gobierno haitiano, con una importante ayuda financiera del exterior, inició un plan para reducir la vulnerabilidad, mapeando los barrios según su evaluación de riesgo y señalando las casas con rojo, naranja y verde para indicar su habitabilidad.

En julio, 279.000 desplazados vivían todavía en campamentos que se establecieron luego del terremoto, aunque a esta altura ya es difícil determinar cuál de las catástrofes los dejó sin techo.

Un futuro impredecible

Para una región sacudida por la temporada de huracanes del año pasado, la tercera más activa de que se tenga registro, 2013 resultó perturbadoramente tranquilo.

El cambio climático puede afectar la ya imprecisa ciencia de pronosticar el tiempo, dijo Kathy Ann Caesar, meteoróloga jefa en funciones en el Instituto Caribeño para la Meteorología y la Hidrología, en Barbados.

“Esta temporada de huracanes, los pronósticos fueron de actividad normal o superior a la normal”, dijo Caesar a IPS. Pero tal actividad no se manifestó, y “no hubo huracanes con nombre”.

En septiembre, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU sostuvo que la temperatura media global podría aumentar incluso 4,8 grados para fines de este siglo, con lo cual se afectarían la seguridad alimentaria y se perjudicarían muchos países en desarrollo.

Cabe esperar años como 2013, que no deberían tomarse como indicadores de tendencias, según el IPCC.

Incluso en un país tan pequeño como Haití, cuyo territorio del noroccidente experimentará aumentos de temperatura superiores a los del resto del país, se prevé que los efectos del cambio climático variarán mucho.

De modo similar, en Jamaica los estudios climáticos “proyectan que tendremos más lluvias en los próximos 20 años, y luego una declinación”, dijo Albert Daily, del Ministerio de Agua, Tierras, Ambiente y Cambio Climático.

“Habrá menos huracanes, pero serán más fuertes”, señaló.

Daily agregó que el aumento del nivel del mar plantea una severa amenaza a todo lo construido en la costa. Los países de la región están intentando atajar ese peligro cambiando el diálogo sobre cuestiones ambientales.

“Estamos incluyendo políticas sobre cambio climático en la planificación y en la legislación”, dijo Daily a IPS.

Parte del esfuerzo consiste en convencer a donantes extranjeros y a los tesoros de países muy endeudados, como Jamaica, de que los costos iniciales de planificar considerando el cambio climático son la mejor inversión que puede hacer un país.

“Está demostrado que por cada dólar que no se gaste en adaptación (al cambio climático), se gastarán seis o siete en unos pocos años”, dijo Corno.

“Esos costos continuarán disparándose a menos que uno tenga un plan a largo plazo”, añadió.

Con aporte de Patricia Grogg (La Habana).

 
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